La oportunidad existe, pero, ¿estará el Ministro de la Juventud a la altura de las circunstancias?

Por Claudia Pompa*

Felipe Salomón se estrena como flamante Ministro de la Juventud bajo el nuevo gobierno de Mario Abdo Benítez. Salomón es hijo del senador y caudillo colorado Óscar ‘Cachito’ Salomón, aliado cercano a Marito. Fue presidente de la Seccional Colorada N°227 de San Lorenzo y se define como ‘seccionalero con orgullo’. Previa a su designación como ministro, se desempeñó como administrador de una empresa del rubro de moteles por ocho años.
En un país en el que el 56% de la población tiene menos de 30 años, la designación del Ministro de Juventud debería ser tan importante como la del Ministro de Hacienda. Al fin y al cabo, el mismo estará abocado a la importante tarea de diseñar e implementar políticas destinadas a uno de los principales capitales con los que cuenta el país: su joven capital humano.

A fin de poder aprovechar la oportunidad única que nos presenta el bono demográfico, el país necesita de una Secretaría Nacional de la Juventud que juegue un rol estratégico en el diseño e implementación de políticas públicas orientadas a desarrollar las capacidades de nuestros jóvenes.

Actualmente, la población joven del país es de alrededor de 1.880.000 jóvenes de entre 15 y 30 años de edad. Gracias a este sector Paraguay tiene un bono demográfico, es decir, transita a un periodo en el que la mayor proporción de personas en edad de trabajar supera a la proporción de personas dependientes. Esta es una oportunidad histórica para el potencial productivo nacional y que pone de relieve la importancia de proveer a este grupo etario con las habilidades técnicas y competencias que aseguren su exitosa inserción laboral futura.

A fin de poder capitalizar este bono demográfico, el país necesita invertir no solo en más sino también en mejor educación, capacitación y entrenamiento en áreas claves de crecimiento futuro, lo cual nos permitirá desarrollar una fuerza laboral calificada y capaz de competir nacional e internacionalmente.

Sin embargo, la realidad hoy en día es muy diferente. Según datos de Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) Paraguay destinó tan solo 0,9% de su PIB al gasto social en jóvenes y adolescentes, una cifra muy por debajo del promedio regional. Al mismo tiempo, Paraguay presenta altos porcentajes jóvenes que se encuentran trabajando de forma informal. La Organización Internacional del Trabajo estima que entre siete y ocho de cada diez trabajadores jóvenes trabajan en situación de informalidad en el país. A esto debemos sumar los jóvenes que se encuentran subempleados, 17% del total, y aquellos que no estudian ni trabajan, conocidos como los NINI, que son aproximadamente entre el 11% y el 15% de la población.

Cuando desagregamos la información en base a género, los datos muestran una situación aún más preocupante para las jóvenes mujeres del Paraguay. Los NINI son principalmente mujeres, y se estima que del total de la población en esta condición, 85% de las jóvenes “ni estudia, ni trabaja”.

Teniendo en cuenta este contexto, no es una sorpresa que los datos de MY World– una encuesta que busca identificar las prioridades globales de desarrollo más importantes – reflejen esta realidad. Según MY World, la juventud paraguaya entre 16 y 30 años de edad considera como principales prioridades una buena educación y acceso a mejores oportunidades laborales, mejor transporte e infraestructura, además de una mejor salud y mayor protección del ambiente.

Es por eso que recientes declaraciones públicas realizadas por el Ministro de Juventud son preocupantes. El mismo mencionó, por ejemplo, que se encuentra a favor de la implementación del servicio militar obligatorio (SMO) como forma de paliar la falta de educación en los jóvenes. Esta declaración muestra un total desfasaje entre lo que los jóvenes quieren y lo que las autoridades pretenden.

A fin de poder aprovechar la oportunidad única que nos presenta el bono demográfico, el país necesita de una Secretaría Nacional de la Juventud que juegue un rol estratégico en el diseño e implementación de políticas públicas orientadas a desarrollar las capacidades de nuestros jóvenes.

Para lograr esto, necesitamos de autoridades que escuchen lo que los sectores a los que dedicarán sus labores piden. En el caso de la juventud, más educación, más oportunidades laborales, mejor salud. La lista es corta pero la meta es ambiciosa. El tiempo dirá si el nuevo gobierno está a la altura de las oportunidades y demandas sociales que los jóvenes exigen.
* Analista politica, investigadora y empresaria. Master en Relaciones Internacionales y Desarrollo con mencion de honor por Georgetown University (Estados Unidos). Licenciada en Psicologia Laboral por la Universidad Nacional de Asuncion (UNA). Ha trabajado con varias organizaciones internacionales en temas relacionados a crecimiento economico, desarrollo del sector privado, emprendedorismo y educacion.
Imagen de portada: dementesx.com

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