Disciplinamiento y cooptación del movimiento sindical paraguayo. A 60 años de la Huelga General de 1958

Por Ignacio González Bozzolasco

El 27 de agosto de 1958 tuvo lugar en Paraguay la única huelga general de trabajadores y trabajadoras que experimentó el régimen stronista a lo largo de sus casi 35 años de vigencia. En ese día la Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT), única central sindical del país, impulsó un gran paro de alcance nacional. Este acontecimiento y sus resultados marcaron con fuego el desarrollo posterior del movimiento sindical paraguayo.

Los antecedentes del conflicto: la coloradización del sindicalismo

Puede afirmarse que los sucesos de agosto de 1958 tienen sus antecedentes en el proceso iniciado más de una década antes, durante la llamadaPrimavera Democráticade 1946, antesala de la fratricida Guerra Civil de 1947. Durante dicho proceso se profundizó el combate a la hegemonía construida por el Partido Comunista Paraguayo en el seno de movimiento sindical a lo largo de la década del 40 y consolidada en la articulación del Consejo Obrero del Paraguay (COP). En tal contexto, el ala filofascista del Partido Colorado conocida como el Guion Rojo impulsó un decidido y agresivo combate al liderazgo comunista en el sindicalismo nacional mediante la creación de la Organización Republicana Obrera (ORO).

La rearticulación de la CPT, emprendida bajo plena intervención, marcó un hito nefasto en el proceso de disciplinamiento del movimiento obrero paraguayo por parte del régimen stronista.

La ORO, creada en octubre de 1946, jugó un rol activo en la guerra civil en combate a los revolucionarios, logrando finalmente desplazar al COP y fungir como única central sindical de facto. De esta forma, con el inicio de los gobiernos colorados en 1948, el sindicalismo se encontró liderado y organizado por una dirigencia perteneciente al nuevo partido de gobierno. Desde entonces, ese partido mantendrá una influencia crucial en el campo sindical paraguayo.

Tras un tenue proceso de apertura en el campo gremial, la ORO acabó transformándose en Confederación Paraguaya de Trabajadores (CPT) en el año 1951, incorporando en sus filas a trabajadores y trabajadoras que se articulaban por fuera de la órbita del Partido Colorado. Sin embargo, la hegemonía colorada en la nueva central siguió intacta y las negociaciones con los gobiernos de un mismo signo partidario terminó siendo un factor de fortaleza ostentado por la  dirigencia sindical ante sus bases.

No obstante, pese a las cercanías entre la central y el gobierno, la crisis económica por la que atravesó el país desde finales de la década del 40 terminó golpeando con fuerza a la clase trabajadora paraguaya. Como apunta Andrew Nickson, entre julio de 1951 y setiembre de 1953, el índice de costo de vida en Paraguay aumentó en un 321%, a la vez que el salario mínimo lo hizo sólo en un 165%. Por tanto, la CPT terminó desarrollando un complicado juego de equilibrio: conteniendo a sus bases sindicales ante los reclamos, por un lado; y negociando con el gobierno la implementación de medidas favorables para su sector, por el otro. Sin embargo, la táctica equilibrista llegó a sus límites a mediados de 1958, tras la asunción presidencial del general Alfredo Stroessner.

El preludio de la huelga

Luego del ascenso al poder por parte del general Alfredo Stroessner (1954) y el posterior desplazamiento de Epifanio Méndez Fleitas del Banco Central (1956), el gobierno acabó asumiendo las recomendaciones realizadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) para intentar la estabilización de la economía. Como señala Washington Ashwell, para mediados del año 1958 la propuesta desarrollada por el Banco Central, en consonancia con las sugerencias del FMI, se centraron en: i) la liberalización del mercado cambiario; ii) la disminución del déficit fiscal mediante la reducción de los subsidios y el gasto público; y, iii) elcongelamiento de los salarios.

En contrapartida, la CPT acordó en su congreso de agosto de 1957 exigir un aumento salarial del 29%. Además de dicha resolución, había convenido también “apoyar patrióticamente la reelección del Presidente Stroessner para el próximo periodo 1958-1963”, como destaca Gladys Casaccia en su trabajo sobre la Huelga General de 1958. Poco tiempo después, la dirigencia de la CPT experimentó en carne propia la gran contracción de tales resoluciones.

Pese al apoyo recibido por la CPT, Stroessner hizo caso omiso a sus demandas salariales. La central sindical había chocado entonces con los límites que el nuevo régimen le colocaba en la búsqueda de beneficios para sus bases. El 24 de agosto de 1958, días después de que Stroessner asumiera la presidencia para un nuevo mandato, la CPT resolvió llamar a una Huelga General para el miércoles 27 de agosto.

La intervención y los inicios de una nueva época

InteriorLa reacción gubernamental en contra de la huelga fue brutal. El mismo día de la medida, el Departamento Nacional del Trabajo (DNT) la declaró ilegal, lo que buscó dar un manto de legalidad a la brutal represión que fue desatada contra los trabajadores y las trabajadoras de la CPT. Apenas se dio inicio oficial a la huelga, en la madrugada de ese miércoles, las fuerzas represivas tomaron los locales de la CPT y sus principales sindicatos. En la mañana de ese día, ya estaban apresados alrededor de dos centenares de sindicalistas. No obstante, la huelga había logrado paralizar la capital del país así como los principales medios de transporte a nivel nacional.

Ese mismo día, el DNT dispuso la intervención de la CPT, dando pie a la posterior intervención de sus sindicatos miembros. Como interventor fue designado el entonces parlamentario Enrique Volta Gaona, nefasto referente de la ORO en sus más obscuros momentos. Tras la intervención, la huelga alcanzó su fin el primero de setiembre de ese año.

Apenas concluida la huelga, la CPT fue reorganizada bajo plena intervención gubernamental, marcando un hito funesto en el proceso de disciplinamiento del movimiento obrero paraguayo por parte del régimen stronista. Como apunta Ramiro Barboza, “desde la huelga general de 1958 y la posterior sanción del Código del Trabajo en 1961, no se produjo ninguna huelga legal en todo el país” hasta la caída definitiva del stronismo. Un férreo control del sindicalismo, de la mano de la represión y el clientelismo minaron la capacidad de reacción de la central. Con todo, aunque dos décadas más tarde el movimiento sindical experimentó un nuevo despertar con el surgimiento del sindicalismo crítico, las huellas del proceso de disciplinamiento iniciado en 1958 por la vía de la cooptación y la fuerza represiva siguen vigentes hasta la actualidad.

 

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