Riñas que nos cuestan siglos: los conflictos en el MEC y la persistencia de los efectos de la educación

Por Claudia Pompa.

“Si ella (Nancy Ovelar) no se va, me voy yo” dijo el ministro de educacion, Eduardo Petta. Los conflictos en el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) no son nada nuevo. El MEC es una de las carteras ministeriales más difíciles de manejar debido a su compleja estructura operativa a nivel nacional, abultado presupuesto y altos niveles de politización y corrupción. Esta nueva crisis pronostica más tormentas en el horizonte, en un momento en que el país necesita desesperadamente de políticas y estrategias que garanticen la inversión en educación y capital humano a largo plazo, como mecanismo clave para un desarrollo sostenible.

Si todavía quedan dudas de que la inversión en educación y capital humano es uno de los principales mecanismos de desarrollo, no necesitamos mas que analizar los resultados del estudio realizado por Felipe Valencia Caicedo, académico de la Facultad de Economía de la Universidad de British Columbia en Canadá. Valencia ha demostrado los efectos educativos y económicos que la inversión en capital humano puede tener, inclusive 250 años más tarde.

Valencia concentró parte de su investigación en Paraguay, además de Argentina y Brasil. La investigación tiene como unidad de análisis a las misiones jesuitas, caracterizadas por sus altos niveles tecnológicos y educativos para la época. Los jesuitas no solo contribuyeron al arte y a la música; sino que también se destacaban por sus conocimientos en lingüística, matemáticas, medicina, astronomía y fueron los primeros en introducir la prensa en la región. Si bien el objetivo principal era la conversión de los indígenas al cristianismo, en las reducciones niños y niñas aprendían a leer y escribir, además de aritmética básica mientras que los adultos recibían clases de contabilidad, albañilería, tallado en madera y bordados. Las descripciones históricas de la época de las reducciones enfatizan la provisión de formación profesional no solo en agricultura, sino también en las áreas de comercio y servicios. Estos esfuerzos  cesaron luego de la expulsión de los jesuitas.

En medio de la nueva tormenta en la que se encuentra el MEC, sería bueno preguntarnos qué tipo de políticas y estrategias educativas necesitamos diseñar e implementar a fin de tener los mejores retornos para nuestra sociedad.

Valencia ha encontrado amplia evidencia de que la capacitación provista por los jesuitas continuó influyendo en la educación y la sociedad de las comunidades que vivían más cerca de las misiones. Incluso 250 años después, las personas que viven cerca de las ruinas de las misiones jesuitas completan entre un 10% y 15% más años de educación y ganan un 10% más que los residentes de ciudades equivalentes sin misiones. Por cada 100 kilómetros más cerca de una misión, las tasas de pobreza caen un 10% y la escolaridad aumenta en aproximadamente 0.7 años.

En medio de la nueva tormenta en la que se encuentra el MEC, sería bueno preguntarnos qué tipo de políticas y estrategias educativas necesitamos diseñar e implementar a fin de tener los mejores retornos para nuestra sociedad.

Los resultados trascienden además a otras áreas. Hoy en día, las zonas cercanas a las misiones están más industrializadas que sus vecinos. Además, tienden a tener emplear más personas en industrias relacionadas con las profesiones impartidas por los misioneros, como la herrería y la enseñanza. Asimismo, las áreas cercanas a las misiones se han caracterizado por implementar innovaciones más fácilmente que sus pares. Entre 1996 y 2006, las comunidades agrícolas más cercanas a las misiones en Brasil fueron más rápidas para incorporar nuevas semillas y tecnologías de plantación que las que estaban más lejos.

Cabe aclarar que el estudio realizado por Valencia no es una loa al colonialismo. En una entrevista realizada con el Washington Post, Valencia aclara que “Este documento no dice que las misiones jesuitas sean buenas. Este artículo no dice que el catolicismo sea bueno o que no haya tenido ningún efecto negativo. Este documento dice que, aunque los jesuitas estaban convirtiendo a los indígenas al catolicismo, mientras lo hacían, también les estaban enseñando habilidades. Lo que este estudio demuestra es el efecto positivo y a largo plazo de la inversión en capital humano.”

El análisis de Valencia es un valioso estudio que nos muestra cómo los retornos de la educación y la formación profesional se expanden por generaciones. En medio de la nueva tormenta en la que se encuentra el MEC, sería bueno preguntarnos qué tipo de políticas y estrategias educativas necesitamos diseñar e implementar a fin de tener los mejores retornos para nuestra sociedad. Para ello, no solo debemos colocar la mirada a corto y mediano plazo, sino que también debemos pensar en el legado para las generaciones de las décadas y siglos por venir.

Imagen de portada: Radio 1° de Marzo

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