Chipa, rica chipa: Lo que se visibiliza y lo que se oculta en el debate sobre este patrimonio cultural

*Por Zulma Masi

La chipa ha generado recientemente discusiones en torno a su origen e identidad a partir de una polémica publicación de la UNESCO que indicaba a la chipa como un producto de origen argentino. Esto generó sobresaltos locales, incluyendo manifestaciones gubernamentales reclamando que la chipa “es paraguaya”. Más allá de la puntual polémica, lo cierto es que Paraguay, en sus procesos históricos, sociales y culturales, ha adoptado, incorporado, legitimado y reivindicado a la chipa como uno de sus elementos más singulares. Esto explica el sentido de pertenencia que genera la chipa desde el ámbito culinario y la importancia de los procesos locales para que las sociedades pongan en valor sus patrimonios culturales, tanto materiales como inmateriales.

La declaración del patrimonio cultural es una construcción social y política. Es una apropiación que se enlaza fuertemente con elementos que ayudan a entender y distinguir, por un lado, el valor y el sentido de estos elementos en la sociedad y, por el otro, en la decisión que se toma al seleccionar ciertos elementos representativos en detrimento de otros. En términos antropológicos estos elementos se denominan trazos culturales o signos diacríticos. Estos identifican a un grupo o una comunidad y, a su vez, sirven para diferenciar a estos colectivos de otros. O sea, sirven para establecer fronteras entre los grupos a través de, por ejemplo, la lengua, la religión y la  alimentación, entre otros.

En el Paraguay, dentro del amplio y diverso universo de las comidas típicas, la chipa se encuentra inmersa como uno de los trazos más característicos del país, puesto que en ella y a través de ella, no solamente se satisface la necesidad básica del hambre, sino que se expresan relaciones y pertenencias grupales dentro de un sistema de relaciones y significados.

En este sistema de relaciones y significados, la chipa históricamente se ha asociado a la figura femenina, al protagonismo de la popular mujer “chipera”, término utilizado para representar tanto a la mujer que elabora la chipa como a la que la comercializa. Es notable destacar la imagen y expresión de esta figura popular presente en la música, en la danza, en la pintura, en la artesanía y en las diferentes expresiones culturales en el país. Es una especie de ícono que representa a la “tradicional” mujer paraguaya.

Ahora bien, es importante señalar que el contenido de estas imágenes y representaciones responde a construcciones sociales y políticas que refuerzan un estereotipo de mujer, visibilizando algunos aspectos pero ocultando muchos otros. Esto tiene que ver con el ejercicio de selección y construcción de un consenso social para el patrimonio, en contextos en los cuales generalmente se activan mucho más los intereses políticos y los discursos dominantes, que la puesta en valor real del patrimonio en sí.

Con esta referencia, la polémica acerca del origen de la chipa sirve para ir más allá de ella. Descomponiéndola en sus diversas formas, la chipa nos permite visibilizar también a personas, condiciones, situaciones y fenómenos sociales silenciados y olvidados. En otras palabras, a través de la chipa es posible situar y relatar lo relegado, lo recortado, lo postergado. En este contexto, las mujeres cobran fuerte protagonismo.

Para seguir el análisis, cabe presentar el concepto de cosa abordado por el antropólogo inglés Tim Ingold (2012). La cosa permite entender y pensar la cultura material en formato de malla o especie de tramado con flujos vitales integrados a la vida en general y a su medio. En otras palabras, Ingold pone en valor los procesos que van sufriendo los materiales, en vez de exponer el material como producto final. De esta forma, es posible considerar a la chipa como cosa y no simplemente como objeto o producto de consumo. La chipa como cosa adopta sentido desde la valoración de los materiales que son utilizados para producirla hasta el ciclo de vida social que atraviesa en distintos ámbitos. Por ello es importante seguir los significados que ella nos proporciona, desde sus formas, usos y trayectorias.

Las mujeres chiperas forman parte de ese ciclo de vida social, como personas que representan y preservan una tradición cultural, una memoria colectiva y un patrimonio vivo que se empodera en diversas esferas: sagradas, sociales, económicas y políticas. Estas mujeres trabajan diariamente más de 8 horas vendiendo chipa, en estado de informalidad, en condiciones mínimas y precarias, sin protección social ni otros tipos de beneficios y con ganancias que no superan el sueldo mínimo vigente. Además, realizan una doble jornada laboral al tener que cargar con las labores domésticas, una actividad no remunerada.

El oficio de la comercialización de la chipa está enmarcado en el mundo laboral femenino; por la dificultad de alcanzar un trabajo formal remunerado, atendiendo las brechas de género existentes. Mucho se venera el papel de la mujer paraguaya, en su rol de madre, cuidadora y protectora de la nación; también se enaltecen imágenes que destacan aspectos tradicionales, folklóricos y culturales de la mujer, cosificándola.  Sin embargo, poco se retrata sobre la vida misma de las chiperas, mujeres de clase trabajadora en condiciones de vida inestables y precarias, que desde muy jóvenes, por necesidad y por falta de oportunidades, tuvieron que insertarse en el mundo laboral en actividades que son consideradas o etiquetadas como de “poco prestigio”, sin recibir beneficios, protección social, o servirse de espacios de ocio y tiempo libre.

Cada año, el segundo viernes del mes de agosto, se conmemora el “Día Nacional de la Chipa”, a través de la de la Ley Nº 5267/14, que declara a la chipa como alimento nacional del Paraguay. Sin embargo, el patrimonio cultural, no se debería concebir de manera restringida. El mismo se compone de objetos, individuos y prácticas culturales que sirven de conectores para re-significar y re-interpretar realidades heterogéneas y mutables.

Es hora de visibilizar a las chiperas, a sus voces femeninas, y situarlas en escena, pues ellas no se encuentran aisladas. Al hablar sobre ellas se permite que éstas se integren en una historia desde sus realidades, condiciones de vida y sus posibilidades de transformación. Con su oficio, ellas conservan y mantienen una tradición cultural en la memoria colectiva de los paraguayos. 

La chipa, rica chipa, posee su auténtico sello femenino, gracias a la sacrificada labor de mujeres, una labor marcada por el esfuerzo, la valentía,  la resiliencia y la superación. Hablar de la chipa, así como de otros capitales, debe invitarnos a pensar las posibilidades de emancipación y de dignificación de la fuerza laboral femenina. 


*Zulma Masi es pedagoga, gestora e investigadora cultural. Magister en Memoria Social y Patrimonio Cultural, con amplia experiencia en la gestión y coordinación de proyectos sociales, culturales y educativos

Fuente de la imagen de portada: tomada por la autora.


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