Achicar el Estado es traicionar la historia del Partido Colorado

Por Hector Gayoso*.

En este momento de crisis global del neoliberalismo, cuando la pandemia ha revelado la cara más perversa de las políticas de austeridad y la consecuente destrucción de lo público, en la mayoría de los países del mundo avanza el intervencionismo y el Estado recupera su lugar de indiscutido actor económico y social. 

Sin embargo, lo contrario ocurre en Paraguay. Si bien el gobierno ha tomado acciones oportunas para cuidar la vida de la población y ha lanzado programas inéditos de protección social, la contracara de esto fue la capitulación política del partido de gobierno de la discusión pública sobre el rol del Estado.

Así, mientras en el centro del mundo capitalista los Estados no hacen más que expandirse y los intelectuales y actores económicos que antes adherían a la ortodoxia económica ahora proponen mayores niveles de regulación, en nuestro país se pretende afrontar esta crisis con las recetas perimidas del consenso de Washington. Además de que ya fracasaron en la década de 1990 en Paraguay, se las pretende reactivar en un momento en el que el resto del mundo las ha desechado.

Las políticas para achicar aún más el pequeño Estado paraguayo, como avanzar en contra de los derechos laborales, endeudar para no tocar el injusto sistema tributario, promover políticas de austeridad que golpean al consumo sin afectar en nada a las cuentas públicas- constituyen  medidas extemporáneas, pero no solo eso. Al mismo tiempo, estas políticas representan una traición a dos aspectos centrales de la historia del coloradismo. Primero, el de ser el partido de la reconstrucción y la expansión del Estado nacional; y segundo, el ser el partido que disputó la cuestión social, obrera y campesina a todo el arco político nacional durante el siglo pasado. 

En este sentido, quizá uno de los lugares más comunes de la historiografía política paraguaya es la afirmación de que ambos partidos tradicionales del Paraguay tuvieron un indiscutido origen liberal. Esto no es cierto en el caso de la ANR, como lo han argumentado diferentes intelectuales, tales como Ignacio A. Pane, Blas Garay, Natalicio González, Ezequiel González Alsina, Bacón Duarte Prado o Luis María Argaña. Recordemos lo que escribió Fulgencio R. Moreno, quien ocupara varias carteras de Gobierno: «El error de los que todavía propalan la acción negativa del Estado, tiene su origen en el falso concepto que de este tienen y en las preocupaciones ya envejecidas de la vieja escuela clásica. El laissez-faire ha sido relegado ya en el museo de las antiguallas económicas» 

Sin embargo, estas posturas fueron perdiendo peso a lo largo de la historia en la discusión académica sobre la doctrina de los partidos políticos. Esto se debió al compromiso de algunos de estos intelectuales con el autoritarismo en general y, particularmente, con el stronismo.

Así, hoy se cree -casi por sentido común- que la declaración de principios del Partido Nacional Republicano, del 11 de septiembre de 1887, es un texto rebosante de liberalismo decimonónico. Sin embargo,  esta interpretación de la doctrina fundacional del Partido Colorado era inexistente o tenía poco arraigo entre los principales intelectuales colorados de principios del siglo XX. Con la crisis del período liberal (1904-1940) la impugnación al liberalismo alcanzó su máxima expresión, en especial desde los años 30 cuando el Estado mínimo liberal comenzó a mostrar sus insuficiencias antes los nuevos desafíos que se presentaban al país. 

Los firmantes del “Manifiesto de la Asociación Nacional Republicana”, presididos por Bernardino Caballero, afirmaron estar movidos por “un sentimiento común, el de la prosperidad y engrandecimiento de la patria”. Ya desde el principio del documento se postula que el fundamento del partido no es el individuo abstracto del leseferismo sino referencias colectivas, como la idea de patria. Esta es, por excelencia, el sujeto político del coloradismo. 

Vinculados por tradiciones honrosas, confundidos en un sólo propósito para levantar el país de su penosa y prolongada postración, consagrados a las arduas tareas de una labor común para asegurar el bienestar general de la comunidad”, avanza el texto, sin mencionar al individuo abstracto o al valor absoluto de la iniciativa privada como fundamento del orden político. Por el contrario, son ideas tributarias de la tradición republicana las que ocupan el centro: labor común, bienestar general y la preeminencia de la comunidad. 

De esta manera, desde su carta fundacional, el coloradismo reivindica la posición de un Estado activo, presente, que no se limite a ser el simple gendarme de conflictos entre los individuos, sino que le asigna funciones estructurantes, como por ejemplo, “el planteamiento de nuevas industrias”, además de “la construcción de ferrocarriles y telégrafos”.  

La preocupación por el sector rural tampoco estuvo ausente en el Manifiesto, dando cuenta de la vocación agrarista del coloradismo desde los inicios. Allí se pone énfasis en “el mejoramiento de nuestra campaña por medio de leyes sabias y protectoras”. Campaña es un término usado hasta nuestros tiempos en Paraguay para hacer referencia a los sectores rurales o alejados. 

En el penúltimo párrafo del escrito se manifiesta que se promoverá “toda reforma que tienda a operar un cambio benéfico en nuestra situación económica y en el bienestar moral y material del pueblo, serán los objetos preferentes de nuestros trabajos, emprendidos ya con tan buen éxito en obsequio a los intereses públicos”. De más está aclarar que esta última referencia echaría por tierra todo intento de aggionarlo a un pensamiento liberal clásico.

Insistamos con este punto: el Manifiesto concibe al Pueblo, en su conjunto, como sujeto colectivo en torno al cual debe ser pensada la acción política, dado que es el destinatario “preferente de nuestros trabajos”. 

Por eso, el carácter nacional del Partido Colorado es una insignia que lo marca desde sus orígenes, que pone en el centro de sus propósitos a nuestra comunidad en sus diferentes expresiones, tradiciones y en su legado. Más allá de las disputas historiográficas sobre el proceso de construcción de la nación paraguaya, es un hecho innegable que la cuestión nacional tuvo una eficacia política como elemento de contestación al liberalismo paraguayo del siglo XX.

…quizá uno de los lugares más comunes de la historiografía política paraguaya es la afirmación de que ambos partidos tradicionales del Paraguay tuvieron un indiscutido origen liberal. Esto no es cierto en el caso de la ANR, como lo han argumentado diferentes intelectuales, tales como Ignacio A. Pane, Blas Garay, Natalicio González, Ezequiel González Alsina, Bacón Duarte Prado o Luis María Argaña.

El contexto actual exige la ampliación de las funciones del Estado, acorde a los estándares del siglo XXI y de las demandas que supone una pandemia, y no su achicamiento y deserción ante las necesidades del pueblo. Salvo durante el fallido proceso de modernización neoliberal de lo 90, el Partido Colorado es una asociación centenaria que pensó siempre al Estado nacional como el centro de la vida pública y el lugar desde donde se puede realizar el bienestar general. Ir en contra de estos principios no solamente significa una agresión a sus bases sociales concretas de sustentación, sino a su propia historia.

* Abogado por la Universidad Nacional de Asunción y maestrando en Derecho Público por la Universidad Nacional de Rosario

Ilustración de portada: Roberto Goiriz.

2 comentarios sobre “Achicar el Estado es traicionar la historia del Partido Colorado

    1. Asi es, dar mas fuerza al estado simplemente es darle mas capacidad de robo. Y lo que se consigue achicando el estado son mas beneficios que perjuicios, mejores servicios, mejor uso de la plata, menos corrupcion en gral, etc.

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