
por Gustavo Setrini
Las recientes elecciones en los EEUU marcan sin duda el comienzo de una nueva etapa en la historia política del país, con graves riesgos para sus ciudadanos y para el mundo. Durante años las crecientes desigualdades se sentían como detonantes en la vida política sin saber cuándo iban a explotar o qué precisamente destruirían. Esta sensación se vuelve urgente luego de la crisis financiera del 2007 y las enormes dislocaciones económicas generadas en la mayoría de la población por una minoría de la clase financiera.
