
por Thomas Burt
La llegada de Horacio Cartes al escenario político paraguayo fue interpretada por muchos como la inserción de un outsider. La idea de votar por un empresario exitoso, dirigente deportivo reconocido, “hacedor,” cuya fortuna le haría inmune a las peores tentaciones del ejecutivo, para muchos paraguayos resulto convincente. A pesar del pañuelo colorado con el cual se postuló, su candidatura proyecto autonomía absoluta de la política interna de este partido. Sin dudas, en él vieron representada una ruptura con el molde de político tradicional, no un producto del status quo sino un líder de principios empresariales de eficiencia, responsabilidad, trabajo en equipo y la búsqueda de resultados, sobre todo. Alguien tan exitoso podría traer una visión nueva al Palacio de López, o por lo menos así lo vieron cientos de miles de paraguayos, quienes lo eligieron como presidente.
