Partidos sin ideas jóvenes en el país de los jóvenes

por  Shirley Gómez Valdez

En Paraguay, según el informe “Paraguay Joven” elaborado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas y la Secretaría de la Juventud y la Encuesta Permanente de Hogares del 2012, el 56% de la población tiene menos de 30 años, lo que nos recuerda el potencial que nos repiten siempre del “bono demográfico”.Sin embargo, hay un elemento que va mucho más allá de  la fuerza de trabajar y producir que tiene ese sector de la población, y es la nueva forma de participación política que están instalando.

Con una generación que lleva en su ADN la tecnología, conviven nuevas formas de expresión y participación ciudadana, que no sólo implica el uso de redes sociales para manifestar aprobación o descontento hacia una situación, sino también la tendencia global con repercusión local de diferentes filosofías o valores de convivencia basadas en la  colaboración, horizontalidad, apertura  y practicidad, muy contrarias al verticalismo y elitismo al que nos tienen acostumbrados los partidos o movimientos políticos tradicionales en Paraguay. Según datos del Tribunal Superior de Justicia Electoral (Memoria y Estadística Electoral, TSJE 2013) en las últimas elecciones presidenciales sólo participó el 35% de los jóvenes de entre 18 y 29 años, inscritos para votar, siendo la franja etaria con mayor porcentaje de abstención. Esto no cambió en las pasadas elecciones municipales.

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Elaborado con datos del Portal de Datos Abiertos del TSJE – “Participación política de la juventud en Paraguay” – David Riveros García

Este descontento no es interpretado acertadamente por el resto de la sociedad, y principalmente por los partidos y movimientos políticos tradicionales, quienes lo entienden como una simple barrera generacional y como respuesta intentan “adaptarse” promoviendo la inserción de figuras jóvenes pero sin estructuras renovadas o abusando del marketing digital en épocas electorales para un sector de la población que no se siente representado.

Por ejemplo, la Asociación Nacional Republicana (Partido Colorado) si bien mantiene una Comisión Permanente de la Juventud, cuyos integrantes no fueron electos, no convoca a elecciones del Comité Central de la Juventud hace más de 10 años. Desde hace tiempo se puede constatar una fuerte presión de varios movimientos juveniles para concretar esas elecciones, sin embargo, las figuras y movimientos que ostentan los cargos de representación juvenil están lejos de entender esta nueva dinámica, y muy por el contrario siguen repitiendo patrones políticos de la peor estructura. Basta con hacer una revisión de la trayectoria de quienes se presentaban como las figuras “más jóvenes” en las últimas elecciones municipales, la mayoría vinculada a hechos de corrupción y sin propuestas concretas, lejos de ser esa camada de personas que se dedican a cultivar el intelecto y generar debate con criterio para desempolvar los viejos principios en los cuales se basen la verdadera renovación  del partido, actúan y hablan igual que los viejos  referentes.

El panorama no es muy diferente en el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) donde si bien existe una representación juvenil institucionalizada (JLRA), la sumisión ante la dirigencia partidaria con el objetivo de ostentar algún cargo en elecciones es una constante. En las últimas elecciones internas, donde incluso hubo denuncias de fraude, estaban habilitados para votar 310.462 jóvenes, se presentaron 6 listas integradas en gran parte por hijos o hijas de legisladores quienes sólo representan la herencia política de una nucleación que con los años se volvió lánguida a causa de aquellos líderes que no supieron apartarse de las mismas prácticas que siempre criticaron y que los mantiene hasta hoy incapaces de postular una candidatura propia.

Por otra parte, cuando hablamos de la izquierda, pareciera que los dirigentes juveniles se mantienen en una especie de “elitismo” nostálgico y un método dogmático de “buenos y malos” que aleja la posibilidad de trabajar con aquellas posibles figuras potables que piensen distinto y los mantiene lejos de poder captar ese descontento de los jóvenes hacia los partidos tradicionales, como sí lo hicieron sectores de izquierda en otros países, por ejemplo España. Siguen fortaleciendo figuras desgastadas y marchando hacia una dirección distinta a la de este sector caracterizado por las protestas sociales.

Los partidos, movimientos y figuras políticas deberían dejar de lado el discurso del desinterés por parte de los jóvenes y empezar a entender esta nueva forma de participación política que es irreversible y que no se restringe a lo meramente electoral, al modelo político-institucional.

El simple fin electoralista para una generación que tiene una visión diferente de hacer política trae como consecuencia que la opción de afiliarse o adherirse a un partido o movimiento político sea poco o nada atractiva para un joven con intenciones y capacidades genuinas de liderar procesos y cambios estructurales en un país que lo necesita, y se vuelquen a otras formas, como asociaciones y voluntariado, incluso las manifestaciones donde sienten que pueden lograr cambios sociales rápidos y palpables.

Los jóvenes no están desvinculados de la política  como nos quieren hacer creer muchos referentes, o ¿Cómo se explica la primavera estudiantil en Paraguay? El movimiento estudiantil es el único incluso que logró conectar su demanda de cambio del modelo de educación con una visión país a diferencia de los partidos y movimientos tradicionales. El desinterés demuestran en esa conducta de no ir a votar pero no en la participación en la protesta social. Gran parte de estos jóvenes que no votan están en busca de un cambio, pero no van a votar si no logran identificar candidatos y candidatas que los motiven. La clase política sólo vive interesada en la administración de poder y está desconectada del día a día de los jóvenes.

Como mencionan Ulrich Beck and Elisabeth Beck-Gernsheim (Individualization: Institutionalized, individualism and its social and political consequences, 2002) y David Riveros García (investigación -Participación Política de la juventud en Paraguay, 2016) “Se evidencia en tendencias internacionales que la afiliación partidaria continúa reduciéndose.Implícita y quizás inadvertidamente, con su alejamiento de la política partidaria, la juventud cuestione su supuesto monopolio de poder político en la definición de interés público”.

Los partidos, movimientos y figuras políticas deberían dejar de lado el discurso del desinterés por parte de los jóvenes y empezar a entender esta nueva forma de participación política que es irreversible y que no se restringe a lo meramente electoral, al modelo político-institucional. Porque el problema no son los jóvenes, es esa forma de hacer política del siglo pasado para una generación con herramientas de este siglo.

* Foto de cabecera: Toma de colegios. Fotociclo

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