¿Políticos delirantes?

por Fernando Martínez-Escobar

Los políticos se han vuelto delirantes e incoherentes, un día actúan de golpistas y al día siguiente de defensores de la Constitución y viceversa. Arman alianzas inentendibles, son aliados y al segundo enemigos irreconciliables.

Palabras más, palabras menos, algunos columnistas no escatiman en asombro. Mientras continúan en la búsqueda de políticos que se adecuen a un mundo ideal, a veces descontextualizados, en ocasiones ahistóricos, sin reglas ni juegos de poder que los atraviese.

Pero no. Ni locos, ni incoherentes. Atrás de estos políticos existe una lógica de funcionamiento del sistema de partidos que se asienta sobre reglas formales e informales de cooperación y competencia, con las que uno puede estar o no de acuerdo, expresar su indignación o su complacencia y aun así, las mismas afectarán la consecución de los objetivos políticos partidarios, sean estos loables o despreciables.

Así, toda acción política, idea, proyecto o conjunto de valores está mediado por el juego de poder. A su vez, el juego de poder está comprendido por reglas que enlazan a los actores y constituyen la organización social del poder.  Pero las mismas no son neutrales, ya que las reglas también expresan valores, intereses, costumbres cristalizados en normas. Por tanto, las reglas son puestas en discusión por los actores políticos, ya que –si esto es así- las reglas favorecerán la realización de determinados intereses.

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Nacen nuevas reglas

Corría el año 1989 cuando la antigua herencia se renovaba al despuntar la mañana del 3 de febrero. Entonces, el Partido Colorado y las Fuerzas Armadas derrocaban al Partido Colorado y a las Fuerzas Armadas.

Stroessner y los “militantes” dejaban el gobierno. Los “Tradicionalistas” y las Fuerzas Armadas tomaban el control. Pese a que todo lucía muy similar, ningún movimiento o partido político volvió a concentrar el poder.

Meses más tarde, las elecciones reconfirmaron a Rodríguez. En tanto que el principal movimiento interno del Partido Colorado -el Tradicionalismo- pronto se dividió en cuatro: Autónomos (Argañistas, Ortodoxos), Renovadores, Generación Intermedia y Tradicionalismo Democrático. A comienzo de los años 90, estos sectores mantuvieron disputas desde posiciones de incertidumbre con respecto a sus propias posibilidades de ejercer la dirección monopólica del gobierno, por lo que las relaciones de poder se redistribuyeron de manera proporcional.

De esta situación emergieron las nuevas reglas formales. Una de ellas fue la fórmula D´Hondt. Este es un método de reparto proporcional de los cargos electivos. La misma es obligatoria en todos los niveles de gobierno y al interior de los mismos partidos.

A partir de allí, los demás cargos no electivos fueron negociados a través del “Cuoteo Político”. Regla informal permanente y conocida que orienta la relación entre partidos hasta la actualidad. Funciona, entre otras cosas, a partir de la fuerza electoral adquirida por cada sector y permite distribuir los principales cargos de los organismos públicos. Sean estos de la Corte Suprema, del  Tribunal Superior de Justicia Electoral, del Consejo de la Magistratura u otros.

Así que, ni locos, ni incoherentes, el funcionamiento actual está sustentado sobre esas reglas de competencia y cooperación entre partidos, para la realización de intereses, valores e ideas de los actores.

Por su parte, los partidos de oposición, también fueron un elemento central en las disputas internas del Partido Colorado. Por ejemplo en la Constituyente de 1992, el coloradismo ocupó 122 de las 198 bancas. Sin embargo, la Asamblea Constituyente aseguró por medio del artículo 19 de las disposiciones finales y transitorias que Rodríguez no fuese reelecto. Entonces ¿quién logró sacar a Rodríguez de la competencia por la presidencia? El sector colorado de Argaña, aliado a los sectores de la oposición ¿Por qué lo hicieron? porque Argaña le disputaba la presidencia a Rodríguez. Así, mientras que las agendas del Argañismo y de los partidos opositores coincidieron, la oposición sirvió para generar un contrapeso al interior de la arena colorada, la cual a su vez impactaba en el sistema de partidos a nivel nacional.

Dentro de esta dinámica, los partidos de la oposición continuaron siendo incorporados al proceso de negociación. Lo hizo también Wasmosy con Laíno entre el 1993 y 1998, ya que el sector del primero era minoritario en el Parlamento. Wasmosy no sólo tenía como opositor al Partido Liberal, al Encuentro Nacional o al Partido Revolucionario Febrerista, sino fundamentalmente al Argañismo. Más tarde se sumaría una parte de las Fuerzas Armadas y la Unión Nacional de Colorados Éticos liderados por Oviedo. Por lo tanto, las alianzas como el Pacto de Gobernabilidad o el Pacto Democrático fueron centrales en los años 90.

El mismo sistema de partidos generó una fuerte puja, entre 1996 y 2003, para acabar con aquello que Lara Castro denomina poder dual de la FFAA-Partido Colorado (o Pacto Cívico-Militar para Lezcano y Yore). Lo hizo a través del Congreso y de la Corte Suprema de Justicia (ya conformada por medio del Cuoteo Político). De esta puja surgió un “Gobierno de Unidad Nacional” que desplazó al Oviedismo e inicialmente estuvo conformado por los principales partidos. Meses después, los liberales renunciaron al gobierno y se aliaron al Oviedismo para ganar la Vicepresidencia. La vieja lógica, el “enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Así que, ni locos, ni incoherentes, el funcionamiento actual está sustentado sobre esas reglas de competencia y cooperación entre partidos, para la realización de intereses, valores e ideas de los actores.

La actualidad

Los casos actuales son diversos. El P-MAS se alió al Cartismo para obtener la Contraloría General de la República. Aunque ahora se opone a la reelección presidencial ya que apuesta sus fichas a Mario Ferreiro.

Esta lógica también se observa al interior del Partido Liberal. Allí el Llanismo y el Efrainismo se alejan y encuentran al ritmo de las disputas de poder. Primero, enfrentados entre sí y aliados al gobierno de Lugo. Luego, aliados entre sí para destituirlo y tomar la presidencia. Ahora, nuevamente enfrentados. Mientras Llano se alía a Cartes y a Lugo en la búsqueda de la reelección presidencial, Alegre se erige como defensor de la Constitución. Esa misma Carta Magna que no tuvo problemas de violar en el 2012.

En definitiva, cada cual apuesta sus cartas para llegar al gobierno. Cartes, con la reelección, busca mantener el poder hasta el fin de su mandato (o, en todo caso, la posibilidad de designar a su sucesor para cubrir su retirada del gobierno). Lugo busca llegar a la presidencia y/o acceder, cómodamente, al Senado. Alegre, Abdo Benítez, el P-MAS y Ferreiro intentan mantener a Cartes y los ex presidentes fuera del ruedo político presidencial. Mientras que Llano, como lo hizo con Lugo, Franco y Cartes, persigue seguir próximo al poder.

En definitiva, no es la incoherencia el rasgo que distingue a los políticos. Por el contrario, es su coherencia con la lógica del poder y los intereses de cada sector.

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