La crisis brasileña y los desafíos para el Paraguay

Por Gustavo Rojas

La crisis política y económica brasileña se agudiza, produciendo grandes cambios en el principal socio comercial paraguayo. En 2016, Brasil ha sido destino del 20% de las exportaciones nacionales (35% si sumados los envíos de energía eléctrica). Ya en 2015, el flujo de inversión brasileña a Paraguay se redujo en un 40% con relación a 2014. El comercio de frontera todavía no logra retomar los valores de 2011. Ante la gran dependencia de nuestra economía con relación al gigante vecino, Paraguay debe actuar estratégicamente para minimizar los efectos de la crisis.

La situación política en Brasil se ha ido deteriorando paulatinamente en los últimos años. La multiplicación de partidos políticos con representación parlamentaria tornó costosa e inestable la construcción de mayorías parlamentarias en Brasil. Mientras que, con el desgarramiento del “presidencialismo de coalición”, se produjo una creciente erosión de las bases del proceso de redemocratización. Sumándose a esto el avance de la operación judicial Lava Jato y la agudización de la recesión económica, llevó a una mayor desestabilización del sistema político en su conjunto.

Como afirma el politólogo brasileño Marcos Nobre, “la política ha perdido el control de la política en Brasil”. Tras las incumplidas promesas de mejora realizadas al compás de la destitución de la expresidente Dilma Roussef, crece el rechazo ciudadano hacia la clase política. Si bien muchos ven a Lava Jato como la última tabla de salvación, su continuidad prolonga la inestabilidad política y posterga la recuperación económica.

Anunciado como el retorno del crecimiento, el reciente repunte del 1% (comparado con el primer trimestre de 2017 y el cuarto de 2016) fue exógeno a las decisiones gubernamentales. El mejoramiento de las condiciones climáticas y los precios internacionales de los commodities fueron allí el factor central. Mientras que la demanda y la recaudación fiscal siguen cayendo, niveles récord de desempleo acompañan los recortes en gastos e inversiones públicas.

“En lo que respecta al Paraguay, la crisis brasileña afectó el dinamismo y perfil del comercio bilateral. La menor demanda brasileña y la devaluación del real afectó las reexportaciones, con mermas desde hace años. Si bien las exportaciones paraguayas de commodities continúan su marcha hacia el Brasil con un importante crecimiento de los envíos de arroz, no ocurre lo mismo con la manufactura industrial. En este rubro, las exportaciones deberán superar apenas este año los valores de 2014, último año de crecimiento en Brasil”

 

En ese contexto, la clase política se ha vuelto hacia sí misma en un movimiento introspectivo de sobrevivencia ante la incredulidad de las calles. Temer, por el momento, sobrevive a cada batalla gracias a la ausencia de alternativas y a costa de un regateo permanente con el Congreso.

Este escenario produce diversos impactos en la proyección internacional de Brasil. Alegando el rescate de la credibilidad internacional, el saneamiento de las cuentas públicas y la promoción de reformas económicas, el nuevo gobierno abogó por una supuesta desideologización de la política exterior. Sin embargo, nombró a los dos primeros cancilleres políticos en casi dos décadas (ambos investigados por corrupción), redujo el liderazgo regional e internacional brasileño y buscó una mayor integración a los centros occidentales de poder.

 

La política exterior brasileña experimentó además un retraimiento en el plano multilateral. Regionalmente, se buscó concentrar la agenda del Mercosur en torno a decisiones comerciales que posibiliten mayor fluidez en las negociaciones con los países desarrollados, como los regímenes de inversiones y compras gubernamentales. Se propuso así apostar a la integración regional como medio y no como fin. Además, el gobierno de Temer se ha olvidado de la UNASUR, permaneciendo impávido ante la descomposición de Venezuela.

En lo que respecta al Paraguay, la crisis brasileña afectó el dinamismo y perfil del comercio bilateral. La menor demanda brasileña y la devaluación del real afectó las reexportaciones, con mermas desde hace años. Si bien las exportaciones paraguayas de commodities continúan su marcha hacia el Brasil con un importante crecimiento de los envíos de arroz, no ocurre lo mismo con la manufactura industrial. En este rubro, las exportaciones deberán superar apenas este año los valores de 2014, último año de crecimiento en Brasil.

No obstante, al comparar el primer semestre de 2014 con el mismo periodo de 2017, se nota que la participación del Brasil como destino de las exportaciones paraguayas de manufacturados industriales se ha elevado (de 52% a 57% del total). El comercio bilateral industrial ha concentrado las exportaciones en torno a la maquila (de 33% a 43% del total), especialmente en torno a un único producto, el cableado automotriz (de 24% a 38%).

Ello parecería reforzar la urgencia de una política industrial activa en Paraguay, buscando un acuerdo bilateral equilibrado que fomente la diversificación sectorial, a la par que Brasil reformula su política automotriz. Sin embargo, la reciente aprobación de la tercerización y de la reforma laboral brasileña en un contexto de niveles récords de desempleo, flexibiliza y reduce el costo del trabajo, reduciendo el atractivo relativo del Paraguay para las industrias del Brasil.

El gobierno brasileño se encuentra más interesado en atraer inversiones extranjeras que en promover inversiones en el exterior. El escándalo de corrupción política, que involucró a multinacionales brasileñas, produjo la reducción de inversiones brasileñas en el exterior. Así lo prueban los recientes anuncios de venta de activos de Petrobras y del frigorífico JBS en Paraguay. En 2015, el flujo de inversión brasileña a Paraguay se redujo en un 40% con relación a 2014, al igual que las estadunidenses. Datos oficiales del Brasil no permiten avizorar un cambio de perspectiva. En consecuencia, sería importante que el gobierno paraguayo apunte a las empresas multinacionales industriales de capitales no brasileños instaladas en ese país, a fin repuntar el dinamismo inversor.

El ajuste fiscal permanente en Brasil también podrá impactar sobre la capacidad de sus fuerzas militares y policiales hacer frente a la expansión internacional del PCC, que amplía, a pasos largos, no sólo su control sobre la frontera sino, también, dentro de las cárceles nacionales. La escasez presupuestaria podrá reducir la disponibilidad de recursos no reembolsables ofertados en la segunda etapa del FOCEM, importante fuente nacional de financiamiento en infraestructura. Tampoco sería prudente esperar avances en la construcción del segundo puente sobre el Paraná.

En síntesis, la crisis económica y política brasileña genera impactos diversos en Paraguay. El aumento de la conflictividad en la élite política brasileña elevó la incertidumbre de sus decisiones gubernamentales, postergando la retomada del crecimiento y produciendo un retraimiento internacional. Más allá de los resultados, la realización de elecciones presidenciales en octubre del 2018 en Brasil no restaurará el status quo previo a la crisis y, difícilmente, logre establecer uno nuevo. El giro que tomó la política exterior y las perspectivas de bajo crecimiento brasileño para los próximos años apuntan hacia la necesidad de diversificación hacia nuevos socios en un mundo de aceleradas transformaciones y cada vez menos occidental. Por tanto, el Paraguay debe pensar con urgencia una estrategia de relacionamiento bilateral y regional que contemple seriamente la sustantiva inflexión en curso.

*Fuente imagen de portada:  AFP

 
 

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