¿Ofrecerán los partidos modelos diferentes, o simplemente personas diferentes?

por Marcos Pérez Talia

Algunos años atrás me encontré accidentalmente con un libro cuyo título era muy sugerente: “Más democracia, menos liberalismo”, del sociólogo español Ignacio Sánchez-Cuenca. El autor propone, entre sus ideas más relevantes, recuperar la confianza perdida en la democracia, ya que ésta “puede ofrecer más de lo que sus críticos admiten”.  A criterio del autor, uno de los ideales que perdió importancia últimamente en el debate democrático es el de “autogobierno”. Este consiste en que las propuestas políticas para la gestión gubernamental se tomen de conformidad con las preferencias ciudadanas.

Pero… ¿cómo nos organizamos para definir cuál proyecto goza de mayor apoyo popular? Si no hubiera diferencias ideológicas entre los ciudadanos podría gobernar un presidente elegido simplemente mediante un sorteo, o mediante un sistema de exámenes que seleccionara a los más competentes para la gestión pública. Al fin y al cabo, si todos piensan igual y hay acuerdo social, para qué perder tiempo y dinero en elecciones.

Pero como la democracia moderna está organizada ideológicamente, y existen visiones contrapuestas en el seno de la sociedad sobre un sinfín de cuestiones, las elecciones sirven para dirimir cuál de esas visiones tiene mayor apoyo popular. Por tanto, gobernar no es sólo una cuestión de capacidad de gestión. Es también qué proyecto o qué modelo de sociedad se intentará alcanzar durante el mandato.

Faltando menos de nueve meses para la séptima elección presidencial tras la caída de la dictadura y avizorando, aunque preliminarmente, las propuestas de gobierno la duda que surge es si tendremos ofertas electorales (con chances de ganar, claro está) que propongan modelos diferentes de país o, en todo caso, simplemente caras diferentes para un mismo modelo.

Tras escuchar las propuestas de los candidatos que disputan la interna de la ANR, se ve claramente que no difieren en aspectos sustantivos. Si tomáramos en cuenta solamente lo que presentan Abdo Benitez y Peña, parecería que la sociedad paraguaya es homogénea. Pero como veremos, esto no es así, lo cual abre una oportunidad al PLRA y la oposición en general de ofrecer un modelo distinto de país que permita resolver problemas más profundos que afectan a la sociedad paraguaya.

¿En Paraguay pensamos igual todos?

Una cuestión que se asume con cierta frecuencia es que en Paraguay todos pensamos, en líneas generales, de manera un tanto semejante. Esta afirmación quizás viene dada porque además existe un fuerte y mayoritario predominio ideológico hacia la derecha. En palabras del politólogo Manuel Alcántara, la sociedad paraguaya ocupa la posición más derechista de los casos de América del Sur. Si bien esto puede ser así en términos regionales, sería errado pensar que la esta posición ideológica general es fija y uniforme en el tiempo. Por el contrario, las preferencias ideológicas han variado bastante en nuestro país, incluso en un periodo relativamente corto.

Imagen 1Datos del Barómetro de las Américas muestran la variación de las preferencias ideológicas en Paraguay entre el año 2008 y el 2014. Como se puede ver en el gráfico, se pasó de una predominancia del centro hacia la derecha, una disminución de los sectores identificados de centro-derecha y centro-izquierda, y un leve crecimiento de la izquierda.  O sea, no pensamos todos iguales en Paraguay.

Ahora, ¿cómo está la representación partidaria de estas preferencias?

Partidos tradicionales como la ANR y el PLRA arrastran, principalmente, un voto duro y leal que no se guía necesariamente por lo ideológico. Pero existe un porcentaje del electorado que quizás decida su voto en función a donde se ubique ideológicamente. Si bien esa afirmación es una mera hipótesis, sirve al menos para pensar en que los partidos tienen espacio de maniobra para proponer, no sólo personas diferentes, sino también modelos diferentes.

Por lo visto hasta ahora, la ANR está inclinada a captar el voto del centro hacia la derecha. Máxime luego del debate entre los candidatos que pugnan internamente por la candidatura presidencial, ya que sus discusiones no giran sobre modelos diferentes sino más bien en la  intensidad de sus trayectorias partidarias.

Ahora, esta homogeneidad no es tal en el PLRA. Este partido es más heterogéneo, ya que en sus filas coexisten referentes como Jaeggli y Franco, ambos bien de derecha, Pakova Ledesma, Víctor Ríos o Wagner, con perfiles más de izquierda, y otros moviéndose en el medio. Esta variación interna es menos perceptible en la ANR, en cuya alta dirigencia no se divisan esos perfiles. Si bien volvió a aparecer Duarte Frutos, su liderazgo decreció ostensiblemente.

Las composiciones internas relativamente diferentes en ambos partidos abren posibilidades para que el PLRA, y la oposición en general, planteen modelos diferentes en sus campañas para el 2018. Los colorados parece que se centrarán en promesas electorales a favor de la transparencia y lucha contra la corrupción, las cuales están vigentes desde los noventa y refieren a aspectos sobre los que no hay polémica, siendo hasta neutrales ideológicamente. Es decir, son dimensiones importantes de la calidad de la democracia, pero no suficientes. Para intentar resolver problemas como la enorme desigualdad o el aumento de la pobreza en los últimos años, hay que plantear cambios más profundos que la mera mejora en administración ordinaria del Estado.

La oposición tiene una oportunidad importante, pero difícil, de ofertar un proyecto –con chances de triunfar- que dote de un contenido diferente a la democracia. Como vimos, no se puede asumir que las preferencias ideológicas de la población sean fijas. Por eso se debe quitar provecho de la diversidad de liderazgos, en un eje del centro a la izquierda, capaces de nutrir un proyecto político más sustantivo y programático que busque posicionar problemáticas más serias que afectan al país y que lleguen a sectores de la población que aparentemente no serán representados por los colorados en su disputa por la presidencia.

Como diría Norberto Bobbio, para juzgar la democracia de un país no hay que preguntarse ¿quién vota? sino ¿sobre qué asuntos se puede votar? Veremos si los partidos intentan proponer diferentes asuntos sobre los que decidir en menos de nueve meses.

 

* Imagen de portada: http://www.playgroundmag.net/articulos/columnas/politica-partidos-fuerte-Movimiento-Democracia_5_1282121777.html

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