
Por Mario Urbieta*
Vivimos en el continente más pacífico en cuanto a conflictos entre Estados se refiere, por lo que la tensión y desgracias propias de estas confrontaciones podrían parecernos lejanas. Sin embargo, en la realidad global en la que nos desarrollamos como individuos y lo hacen los Estados, es imposible pretender que las relaciones dadas entre actores del otro lado del mundo no tengan influencia al menos indirecta.
