Todo lo puedo en ‘mis debilidades’ que me fortalecen. El Partido Colorado y la fuerza de su inestabilidad interna

Por José Tomás Sánchez

Tiempos inciertos acechan al próximo gobierno. La tensión en torno al juramento del presidente Cartes como senador activo, está mostrando una rivalidad abierta entre el gobierno saliente y el gobierno entrante que probablemente generará inestabilidad política. Sería difícil explicar a alguien ajeno a la política paraguaya que los sectores rivales no provienen de diferentes partidos, sino del mismo partido político, el Partido Colorado. Sería además complicado explicar que las fuertes rivalidades internas han sido una característica y no una excepción en la ANR durante las últimas décadas. Por último, sería más ardua la tarea de sugerir que esta tónica conflictiva forma parte de una dinámica que, lejos de debilitar al partido, lo fortalece. Sobre este último punto me referiré en este artículo.

La explicación del casi absoluto predominio colorado en la política nacional desde la transición a la democracia en 1989 se debe, sin duda, a una serie de factores. Pero uno de ellos, quizá poco notado, consiste en la capacidad del partido de contener múltiples sectores que, al mismo tiempo que son fuertes en términos políticos nacionales, son relativamente débiles dentro del partido. Es decir, tras la caída de la dictadura se impuso en el Partido Colorado una ‘correlación de debilidades’ más que una ‘correlación de fuerzas’, tomando prestada la ironía usada por el historiador Manuel Vázquez Montalbán para analizar la transición española. En sus palabras, “en política las únicas consecuencias reales vienen de lo que se llama la correlación de fuerzas. Cuando Franco desaparece, en España no se pudo establecer una correlación de fuerzas sino una correlación de debilidades. Ninguno de los implicados estaba en condiciones de imponer su potencialidad sino de que respetasen su debilidad”. Esto describe lo que pasa en la ANR desde la transición, cuando cambió radicalmente la lógica del poder dentro del partido.

Lo interesante es que, a pesar de generar inestabilidad política para afuera, la incesante rivalidad interna sirvió de fuente de poder para el Partido Colorado.

Durante la dictadura, el Partido Colorado fortaleció su institucionalidad y comunidad política con pilares sólidos en la burocracia pública, fuerzas represivas, en sectores del empresariado, de la agroganadería y de las mismas clases populares. Su estabilidad derivaba, en gran parte, de la capacidad del stronissmo de aglutinar, incluir y equilibrar intereses múltiples, al mismo tiempo que desplazaba a rivales internos y externos. La crisis económica de los 80, la democratización regional, la creciente oposición en el país y el envejecimiento del dictador, corroyeron el comando centralizador del partido y abrió las puertas a que corrientes internas disputen el “futuro” inminente, es decir, el poder político en el post-stronissmo. Esto dividió al partido llevando al golpe de 1989 y al inicio de la transición democrática.

Los sectores internos que emergieron se aglutinaron en corrientes más militaristas (representados por el Rodríguez y Oviedo), otros más inclinados al empresariado (Wasmosy), y otros más favorables al caudillismo de las bases populares partidarias (Argaña). Si bien cada uno tenía proyección política nacional, estos sectores no contaban con la capacidad de imponer un predominio dentro del partido. Podían derrotarse por escaso margen en elecciones internas, alcanzar y rotar en el poder gubernamental, pero no podían desplazar fácilmente a los demás. En esas disputas tejían, a su vez, alianzas frágiles, inestables, como entre Rodríguez-Oviedo-Wasmosy contra Argaña en 1992-1993, o entre Wasmosy y Argaña contra Oviedo en la segunda parte de los 90. El único sector que terminó desplazado para afuera fue el oviedismo. Las demás corrientes variaron y se suavizaron posteriormente, pero pueden verse continuidades como entre el argañismo y Duarte Frutos (2003-2008) y entre el empresariado y Cartes (2013-2018). La dinámica interna continuó: mientras que un sector ejercía el mando político nacional y buscaba el predominio interno, rivales partidarios resistían y se reacomodaban para volver a disputar el poder.

La presencia de múltiples sectores disputando el poder internamente sin poder derrotarse fácilmente, genera una multiplicidad de vínculos con la sociedad que ensanchan al partido como un todo.

Esta rivalidad interna fue una fuente de terremotos políticos nacionales. Varios episodios sirven de ejemplo, como las crisis cívico-militar del 1996, el Marzo Paraguayo en 1999, el levantamiento de una unidad militar en el 2000, la elección de Duarte Frutos como presidente de la ANR y su intento de enmienda constitucional para la reelección en 2005-2006, el nuevo intento de enmienda constitucional a favor de Cartes en el 2017, y ahora el intento juramento de Cartes como senador activo. Lo interesante es que, a pesar de generar inestabilidad política para afuera, la incesante rivalidad interna sirvió de fuente de poder para el Partido Colorado.

Es obtuso el discurso que afirma que la ANR solo se sustenta en el clientelismo, la corrupción, o la identidad partidaria. También es limitada la crítica de que el partido es un ejemplo de “crisis de representación”, tal como se mide en las encuestas de opinión. Es además insuficiente el análisis de que los partidos deben ser coherentes programáticamente para ser más fuertes. El Partido Colorado muestra lo contrario. Su incoherencia interna lo fortalece. La presencia de múltiples sectores disputando el poder internamente sin poder derrotarse fácilmente, genera una multiplicidad de vínculos con la sociedad que ensanchan al partido como un todo.

Es decir, el Partido Colorado obtiene seguidores porque contiene movimientos internos que ofrecen, con relativa credibilidad, una diversidad de propuestas para la sociedad. Hay sectores que reivindican el acceso clientelista a bienes públicos, más estatización de servicios, programas sociales, la defensa del patrimonio estatal (no privatización), un discurso nacionalista y popular a favor del campesino y del obrero, y la participación de las bases partidarias en el comando del Estado. Pero también hay sectores partidarios que prometen meritocracia, transparencia, economía de mercado, privatización y tecnocracia en el Estado en vez de bases partidarias. Incluso en la actualidad se ven disparidades en el apoyo a la Ley de Paridad Democrática. Más allá de que estos discursos pasen a la práctica, lo cierto es que esta heterogeneidad da al partido un capital electoral y apoyo social que contribuye con ganar elecciones.

La tensión partidaria actual muestra que esta lógica interna de ‘correlación de debilidades’ seguirá por un tiempo. Esto a pesar de que el cartismo parecía tener una fuerza capaz de romper con esta dinámica interna. Varias características le favorecían, como ser una corriente con una autoridad clara, con una propuesta programática más nítida, presencia territorial nacional, capital electoral fuera del partido y recursos económicos vastos. Pero con la secuencia de derrotas en la búsqueda de la reelección y en la interna partidaria por la candidatura presidencial, se vio la debilidad del cartismo a la hora de imponerse.

El cartismo fue derrotado por el sector liderado por Mario Abdo Benítez, el cual parece aún más débil. Abdo Benítez aglutinó a ‘todo lo que no era cartista’ para derrotar al cartismo. Esta suerte de ‘alianza por exclusión’ y no por autoridad o programa, atrajo a un archipiélago de grupos que se valieron de Abdo Benítez como punto focal de coordinación y de acceso al poder. Es decir, por ahora nada indica que Abdo Benítez logre constituir una corriente firme con un liderazgo claro dentro de su grupo, y menos dentro del partido. La conflictiva dinámica interna, por tanto, parece que persistirá, más allá de la coyuntural tensión. Solo que no hay que confundir sus efectos. Puede que las crisis recurrentes en la ANR generen una inestabilidad política nacional, pero la danza entre adversarios moviéndose para la siguiente puja, no necesariamente minará las chances futuras del partido, sino que seguirán haciéndolo fuerte.

 

Fuente de la imagen:

http://www.perfil.com/noticias/internacional/vota-paraguay-un-hijo-del-stronismo-es-favorito-y-lugo-se-alia-a-sus-ex-verdugos.phtml

One response to “Todo lo puedo en ‘mis debilidades’ que me fortalecen. El Partido Colorado y la fuerza de su inestabilidad interna

  1. En base a la fortaleza de la anr es el aparato estatal, que en su 90% está en manos de ese partido (anr) y no solo el poder ejecutivo y legislativo, sino también el poder judicial manejan, esto hace que su vocación de poder sea siempre mayor y tengan la capacidad de aglutinarse internamente, los intereses que tienen del manejo estatal es mayor que su disparidad o enfrentamiento que puedan tener.

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