El Paraguay en el Siglo Asiático (Parte 2)

Por Gustavo Rojas.

El Paraguay debería reintegrar el diálogo estructurado entre el Mercosur y China, tal como lo venía haciendo hasta 2004, uno de los principales objetivos trazados por la actual Presidencia Pro Tempore uruguaya. En 2017, las importaciones de productos  chinos por  parte  del  Mercosur han sumado un total de US$ 43 mil millones, valor significativamente superior al de nuestro PIB (US$ 29 mil millones). Un futuro acuerdo económico entre el Mercosur y China podría aumentar la atracción de las inversiones chinas al Paraguay, dirigidas a sectores industriales intensivos en mano de obra y energía eléctrica, reforzando el perfil de plataforma orientada a la provisión de insumos industriales al Mercosur.

Al constituirse en un territorio aduanero distinto y con mayor flexibilidad y apertura de su cuenta de capitales, se debería insistir en explorar a Hong Kong como puerta de entrada a China. Además de mostrarse actualmente como un mercado más dinámico para las exportaciones paraguayas que China y Taiwán, Hong Kong se viene constituyendo en una fuente en crecimiento para la IED en Paraguay. En 2016, el BCP ha registrado un stock de IED proveniente de Hong Kong de US$ 92 millones.

La aproximación a China también pasa por la diplomacia de los bancos multilaterales de desarrollo. Al no integrar el Banco de los BRICS y el BAII, el Paraguay debería, inicialmente, impulsar la aproximación del Fondo Financiero para el Desarrollo de la Cuenca del Plata (FONPLATA) y del Banco de Desarrollo de  América Latina (CAF) junto a estas instituciones multilaterales mediante acuerdos de cofinanciamiento de proyectos de infraestructura regional y préstamos interinstitucionales destinados a apoyar la capitalización de estos bancos regionales. Paraguay, Uruguay y Colombia son los únicos países sudamericanos que aún no han manifestado intenciones de tornarse miembro del BAII (la institución financiera de la iniciativa One Belt, One Road), abierto a todos los países miembros del BM.

La diplomacia paraguaya debe explorar estratégicamente la diversificación de las inversiones chinas en América del Sur en torno al sector energético para impulsar políticamente la conclusión de las negociaciones del Tratado Energético Suramericano. El establecimiento de este marco regional puede generar nuevas dinámicas en el proceso de renegociación de los Tratados de Itaipú y Yacyretá.

La diplomacia financiera hacia China también podría contemplar un mensaje político robusto, como la inversión de un monto de nuestras reservas internacionales en  títulos denominados en renminbi, la moneda china, que se ha incorporado en 2016 a la canasta de monedas que integran los Derechos Especiales de Giro del Fondo  Monetario Internacional (FMI).

El BCP acumula reservas internacionales por un valor correspondiente al 28% del PIB, uno de los niveles más elevados de América Latina. El BCP monitorea periódicamente la evolución de las variables económicas de la economía china pero otros países de la región, como Chile y Bolivia, han dado pasos más avanzados, invirtiendo una reducida parte de sus reservas en títulos chinos. Chile también ha aprobado la constitución del primer banco de liquidación en renminbi de América del Sur. Estos Bancos Centrales buscan profundizar sus conocimientos sobre las formas y dinámicas de operación en el singular mercado financiero chino, que tendrá una importancia creciente en el futuro sistema monetario internacional.

“La diplomacia paraguaya debe explorar estratégicamente la diversificación de las inversiones chinas en América del Sur en torno al sector energético para impulsar políticamente la conclusión de las negociaciones del Tratado Energético Suramericano. El establecimiento de este marco regional puede generar nuevas dinámicas en el proceso de renegociación de los Tratados de Itaipú y Yacyretá”

En tercer lugar, esta política de proyección hacia el Asia también debería incluir una renovación de la agenda hacia los socios tradicionales, como Corea del Sur y Japón. El Mercosur ha lanzado oficialmente negociaciones para alcanzar un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur y Singapur durante la Presidencia Pro Tempore paraguaya. Corea del Sur se está viendo obligada a diversificar sus relaciones comerciales con otros países y regiones, tras la decisión del Gobierno Trump de iniciar un proceso de renegociación del tratado de libre comercio (TLC) entre ambos países. La importación de mayores cantidades de alimentos (sector que capitanea las exportaciones paraguayas extrarregionales) provenientes de otros países daría mayor poder a Corea durante el proceso de renegociación de su acuerdo de libre comercio con los EEUU.

La perspectiva de un aumento de las relaciones comerciales del Mercosur con Corea y Singapur viene llamando la atención de los japoneses, quienes compiten con los  coreanos en el mercado mercosureño de productos electrónicos y automotrices. Japón ha capitaneado la conclusión de las negociaciones de la Asociación Transpacífica (TPP-11), también integrado por los países de la Alianza del Pacífico, y acaba de cerrar un TLC con la Unión Europea, por lo que se ve limitado a embarcarse en nuevas concesiones comerciales.

No obstante, hay un claro interés nipón en celebrar acuerdos bilaterales de inversiones con los países de la región. Japón es uno de los principales emisores de IED en el mundo y el principal inversor asiático en América Latina, totalizando US$ 65 mil millones entre 2013 y 2015. Más importante aún es que el 78% de la IED japonesa en Latinoamérica se ha destinado a  sectores intensivos en mano de obra, como el industrial y de servicios. La participación de estos sectores ha sido aún más elevada entre las inversiones coreanas destinadas durante este período a la región, alcanzando 81% del total.

Por ello, este movimiento de aproximación debería contemplar el análisis de la  celebración de acuerdos bilaterales de inversiones con los japoneses, quienes han iniciado sus inversiones directas en Paraguay a partir de 2010, sumando actualmente un stock de US$ 100 millones distribuidos en sectores claves de la industria paraguaya, como autopartes y fabricación de barcazas.

Japón, además, colabora sustancialmente en planes de desarrollo productivo y de infraestructura a través de su agencia de cooperación internacional (JICA). A su vez, una  reforma del acuerdo de inversiones establecido en 1992 entre Paraguay y Corea del Sur debe buscar incorporar los innovadores marcos institucionales de promoción y facilitación de inversiones del actual modelo coreano, replicado en el acuerdo de inversiones del Mercosur.

Finalmente, la conclusión exitosa de las negociaciones del acuerdo automotriz bilateral entre Paraguay y Brasil (el sector automotriz responde por casi la mitad del comercio intra Mercosur) será un punto clave en la definición del potencial de atracción de  inversiones directas (intra y extrarregionales) y en la construcción de un nuevo capítulo en el proceso de industrialización del Paraguay.

Los próximos años serán marcados por una creciente presencia de potencias extrarregionales emergentes en el espacio latinoamericano. Ausentarse de este baile internacional no es una opción si se busca construir las mejores oportunidades de desarrollo para el Paraguay.

Imagen de portada: Johermol.es

 

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