El germen inmigrante (I): la propaganda

*Por Rodrigo Ibarrola

¿Quién no habrá visto alguna vez en las redes la fotografía del buque abarrotado de refugiados llegando a Europa? ¿O la imagen de los infiltrados extremistas del Estado Islámico (ISIS) enfrentando a policías alemanes o, tal vez, la de las víctimas abusadas por violadores inmigrantes?

La fotografía del buque con refugiados alcanzando Europa se halla profusamente difundida en diversos portales. La que está más abajo (izquierda), en particular, se encuentra en un sitio web denominado «Foros de la Virgen», donde se presenta a las miles de personas como refugiadas de origen sirio llegando a Estados Unidos, en tanto que otro sitio las muestra como provenientes del Norte de África (abajo a la derecha). Sin embargo, las imágenes son de un evento que data del 8 de agosto de 1991, cuando una embarcación que trasladaba a ciudadanos albaneses, que se habían apropiado del buque y huído de su país, llegaba a Bari (sur de Italia). El navío se denominaba «Vlora» (de hecho es tan célebre que tiene su propia entrada en Wikipedia) y llevaba a bordo 20.000 personas con esperanzas de escapar de la crisis en Albania e iniciar una nueva vida en Italia. Una mirada más cercana de la imagen nos permitirá apreciar que fue deliberadamente editada para ocultar el nombre del buque y que sus polizones no parecen ser del ISIS ni mucho menos (como dato adicional, el nombre del archivo de imagen es «refugiados-que-llegan-a-francia-en-barco.jpg»).

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Lo mismo podemos decir del retrato de los supuestos infiltrados del ISIS que fue viral en países como Francia y los Estados Unidos, y que —al igual que la anterior— no se adecua a la realidad, ya que corresponde a una contraprotesta a una marcha anti-islámica de la extrema derecha en Bonn, en el 2012. De igual modo, el collage de retratos de las mujeres alemanas víctimas de violencia sexual por parte de inmigrantes que fue difundida en Alemania, Grecia, Italia, Holanda, Reino Unido y Francia también resultó ser falsa. El sitio de verificación austriaco Mimikama, luego de rastrear las fuentes de la fotos, comprobó que ninguna de las mujeres era alemana ni fue atacada en Alemania.

Desde antaño se ha utilizado el miedo para azuzar los preconceptos y la animadversión de una población y utilizarlo como justificativo de los más aberrantes actos hacia otra población. Quizá uno de los más famosos ejemplos, en tiempos modernos, haya sido el «Protocolo de los Sabios de Sión», documento creado por la «Okhranka» (policía secreta de la Rusia zarista) que revelaba una supuesta conspiración mundial de los judíos. Pero seguramente el más aventajado exponente haya sido el ministro de propaganda del régimen nazi Joseph Goebbels, quien hizo uso de las mismos mitos. Aún hoy, se siguen utilizados los argumentos del primero y los métodos del segundo. Deformar la realidad es algo cotidiano, sin importar que los hechos denunciados sean reales o no, como lo hace recurrentemente Donald Trump al referirse a ciertas cuestiones, entre ellas a los migrantes. O su exconsejero de seguridad nacional, Michael Flynn, quien afirmó que los demócratas querían imponer la Sharia en el Estado de Florida o que Barack Obama era un «jihadista» que lavó dinero de los terroristas musulmanes.

El Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, conocido como Pacto Migratorio aprobado en Marrakech el 10 y 11 de diciembre pasado por los Estados miembros de la ONU, que tiene como fin buscar hacer la migración más segura y digna, ha generado incisivos ataques por parte de la derecha populista en todo el mundo. Desde luego, no escatimaron recursos ni medios para emprender una masiva campaña de desinformación y propaganda tanto del alcance del pacto como de los supuestos efectos nocivos de la migración en sí. Sobre la primera cuestión, ya se ha aclarado que el pacto no es legalmente vinculante y respeta la soberanía de los Estados para gestionar sus fronteras y sus políticas migratorias, por lo que aquí nos abocaremos a lo segundo, los mitos y miedos sobre los migrantes.

La propaganda posee la capacidad de polarizar la opinión a través del efecto llamado sesgo de confirmación («confirmation bias», en inglés) con el cual un individuo tiende a validar sus creencias o hipótesis preexistentes. Pero existe un fenómeno aún más fuerte que el sesgo de confirmación, y es el denominado «backfire effect», en la que un individuo que ve amenazadas sus creencias con una noticia a la cual percibe como falsa refuerza aún más su posición. Por lo que, combatir las noticias falsas («fake news») con más noticias falsas pero en sentido contrario, radicalizará aún más las posiciones.

“Desde antaño se ha utilizado el miedo para azuzar los preconceptos y la animadversión de una población y utilizarlo como justificativo de los más aberrantes actos hacia otra”

El resultado de todo esto es una sobreestimación significativa de determinados fenómenos, siendo los individuos más dogmáticos, más religiosos y de menor capacidad analítica, los más propensos a aceptar las ideas inverosímiles de las noticias falsas, con el agravante de que ―incluso en las circunstancias óptimas― la influencia inicial de la información incorrecta no pueda deshacerse simplemente porque se evidencie que la información es incorrecta.

Un ejemplo palpable es la sensación sobre el nivel de «islamización» de la población europea. Según un estudio titulado «Las percepciones no son realidad», llevado a cabo por Ipsos Mori en 40 países durante el 2016, en Reino Unido se piensa que el 15% de su población es musulmana, cuando en realidad sólo el 4,8% profesa tal religión. Mientras que en Francia la brecha es aún mayor. La percepción alcanza un 31%, aún cuando los musulmanes sólo representan el 7,5% (¡una sensación cuatro veces superior!). En el mismo tren se ubica la percepción sobre la población migrante (gráfico).

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En Paraguay ―al igual que en otras partes del mundo― la derecha más conservadora también se ha adherido a la propaganda antiglobalista internacional, que rechaza la recepción de migrantes, y se ha esforzado en esparcir ideas distorsionadas sobre el supuesto peligro que yace sobre civilización occidental. Reclaman que los gobernantes deben consultar a la población antes de prestar acuerdo a un pacto de esas características. Alegan que los europeos ya no están dispuestos a aceptar a los migrantes y refugiados, por lo que buscan trasladar el problema a países como el nuestro. Sin embargo, la realidad es diferente a la que exponen. Por ejemplo, a pesar de la sobreestimada «islamización», en lo que refiere a la acogida a refugiados, no es del todo cierto que en Europa estén en contra de la misma. Como el gráfico más abajo indica, hay diferentes grados de aceptación, pero en general, casi ocho de cada diez apoyan la idea de seguir recibiendo a los refugiados.

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No obstante a ello, Paraguay finalmente se adhirió al Pacto Migratorio, por lo que ahora la denuncia apunta a que el gobierno ha resignado su soberanía y que la cultura paraguaya corre riesgo de «contaminación» ante la potencial llegada de hordas de migrantes africanos y musulmanes. Ahora bien, ¿cuál es la posibilidad real de recibir una ola de migrantes debido a este pacto? Para responder a esta pregunta, dos aspectos son claves: primero, saber qué  países resultan atractivos para los migrantes; y segundo, saber cuáles son los países con mayores migrantes potenciales

Sobre lo primero, una encuesta de Gallup (2017) estimó las preferencias de destinos para migrar. Como el cuadro más abajo lo indica, los países de América del Sur distan mucho de ser los destinos preferidos.

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Sobre lo segundo, Gallup elaboró lo que denomina Índice de Migración Potencial Neto («PNMI», por sus siglas en inglés). Allí se expone que Latinoamérica perdería el 27% de su población adulta si todos los que desearan emigrar lo hicieran, ocupando la segunda posición, superada sólo por la región de África Subsahariana (33%). Lo que confirma que la nuestra es una región netamente de emigrantes (incluido Chile). En lo que a Paraguay respecta, el informe muestra que se reduciría en 8% la población adulta, lo cual equivale aproximadamente a unas 389 mil personas (incluído un 13% de la personas con educación superior). El único sudamericano que invierte la tendencia es Uruguay. Resulta interesante destacar que, contradictoriamente, todos los países europeos que no se adhirieron al pacto ―con excepción de Austria― también poseen PNMI negativo, es decir, que más gente desea irse en lugar de llegar.

De manera que, al parecer y pesar de que la propaganda manifieste lo contrario, nuestro país está lejos de ser objetivo anhelado por migrantes y refugiados. Conforme a los datos expuestos, y ya que no es razonable suponer que la firma del pacto convierta automáticamente al Paraguay en un país atractivo, resulta muy improbable que seamos testigos de una invasión extranjera. Lo más parecido a ello ya la venimos teniendo desde el inicio de la «marcha hacia el este» hace 50 años, y de esto poco se discute seriamente.

Imágenes: Foros de la Virgen, Gizmodo.

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