
Por Rodrigo Ibarrola.
Durante milenios los mitos han servido para unir a grandes número de individuos desconocidos entre sí, logrando con ello una masa homogénea dirigida hacia un mismo objetivo. Justamente, esa capacidad única de crear ficciones ―y que permite llegar a una cantidad de personas, inalcanzable mediante relaciones interpersonales individuales― es la que posibilitó al Homo sapiens encumbrarse hasta la cima de la cadena alimentaria, para luego expandirse y transformar el planeta. El servicio militar obligatorio (SMO), como mecanismo para «servir a la patria» y «cumplir con el deber», forma parte de aquellos relatos. Sin embargo, debajo de ello no se ocultan crónicas solemnes ni narraciones heroicas, sino factores que son mucho más pragmáticos, terrenales y, sobre todo, económicos, que realmente apuntalan el sistema de reclutamiento hasta hoy.
