Difícil, pero no imposible. Consideraciones sobre la construcción del cine paraguayo en el contexto actual

Por Dora Gómez Paiva.*

En su libro Mis reflexiones sobre el guion cinematográfico, Augusto Roa Bastos reflexionaba, en el año 1993, acerca del cine, denominándolo como el “verdadero séptimo arte de la imagen audiovisual”. Entre sus reflexiones destacaba la necesidad de que el Estado pudiera velar por el crecimiento y maduración del cine, sin miramientos ideológicos o de orden burocrático. Recomendó así la creación de una escuela y de un instituto de cinematografía como organismos imprescindibles para lograr estos objetivos, agregando incluso que un porcentaje sobre el producto interno bruto podría servir de referencia para destinar recursos a dicha institución.

Décadas pasaron para que la idea de nuestro cervantes pudiera materializarse. El Instituto Nacional del Audiovisual Paraguayo (INAP) finalmente fue creado en 2019, tras años de presión de los artistas del cine. El INAP es la institución que administrará fondos para proyectos audiovisuales nacionales, por lo que tiene grandes responsabilidades. Entre ellas, deberá convertirse en un mediador entre artistas con historias para contar, el público (nacional e internacional), además de buscar el rescate de la historia del audiovisual nacional. También deberá lograr sentar las bases de una industria posible, comunicar la esencia y narrativas del cine local, generar las condiciones propicias para que los artistas puedan crear sus obras, así como insertar al país en los mercados de distribución en sus diversos medios y tecnologías.

En el caso de la producción cinematográfica, los artistas hoy atraviesan verdaderos obstáculos para llevar a cabo una película. Los fondos que ofrece el Estado no son suficientes para concretar un proyecto cinematográfico. Por ejemplo, el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (Fondec) puede entregar hasta 15.600 dólares por proyecto, lo cual no alcanza ni para cubrir dos días de filmación con todo lo que ello implica. Otras entidades otorgan fondos para realizar películas, como el caso del Centro Cultural de la República El Cabildo o la misma Secretaría Nacional de Cultura; sin embargo, no existe un modelo sostenido de apoyos supeditados a una ley como la del Fondec. Ahora se espera que el INAP sea el receptor y distribuidor de los apoyos específicos para el desarrollo audiovisual.

En cuanto a la inversión privada, la cuestión tampoco es sencilla. Al no existir incentivos fiscales que permitan una inversión sostenida, es muy difícil lograr que el empresariado invierta capital, ya que el retorno es incierto por el hecho de que la cinematografía paraguaya está todavía desarrollándose. El cine local aún necesita inversiones filantrópicas para convertirse en una potente herramienta generadora de ingresos, especialmente para las empresas denominadas socialmente responsables. Además, los incentivos económicos son inciertos, ya que hoy por hoy no tenemos en Paraguay un nivel de taquilla que permita obtener retorno ganancial de una película. 

Las dificultades para producir cine son mayores porque tampoco existen fondos de desarrollo, es decir, una financiación para apoyar el óptimo desarrollo de una idea y convertirla en un guion cinematográfico. Tampoco hay fondos de distribución; o sea, incluso cuando una película es seleccionada en festivales internacionales, no hay apoyos para que esta pueda ser distribuida y conocida comercialmente. Un ejemplo concreto de la precariedad de recursos es que, incluso cuando una película participa en festivales, no hay fondos nacionales para asegurar el viaje de la delegación que realizó la película, tanto para participar de estos, como para distribuir los materiales que deben ser exhibidos.

La problemática es extensa. La inversión en infraestructura, espacios y equipos que puedan ser usados en todos los rincones del país es insuficiente. En este momento, la infraestructura cinematográfica tiene una mayor concentración en Asunción y el departamento Central, y en menor medida en Ciudad del Este, Encarnación y Cnel. Oviedo, respectivamente.

A pesar de los problemas: ¿hay un mercado creciente? ¿hay infraestructura e inversión crecientes? Según datos proveídos al Observatorio Iberoamericano del Audiovisual, para el año 2015 existían 14 salas de cine en Paraguay, con 65 pantallas y 10.241 butacas. Para el 2016, existían 18 salas de cine con 70 pantallas, que representan un total de 11.992 butacas, según datos especializados de Ultracine. En ese mismo año en Paraguay se vendieron 1.330.371 entradas. Comparando los años 2015 y 2016, el incremento de venta de entradas fue de 1,7%. En 2019 hubo 2.227.433 entradas vendidas, lo que representa un gran salto en comparación con los años anteriores.

A pesar del crecimiento reciente, el mercado paraguayo dista mucho de equipararse al de los países de la región. Salvando las distancias en términos de población —especialmente con Brasil— y de tradición, teniendo en cuenta que el instituto de cine en Argentina tiene 50 años de existencia, Paraguay todavía muestra un rezago importante. Esto puede verse en comparación con Uruguay. Paraguay duplica a la población uruguaya y, sin embargo, el promedio de venta de entradas de cine charrúa es casi de una por habitante (0,86), mientras que en Paraguay es de 0,31. 

La situación del cine en Paraguay ilustra la necesidad de realizar esfuerzos mancomunados en conseguir recursos para potenciar la industria. La tarea excede al INAP, que debe mostrar habilidad para pactar con otras instituciones un plan estratégico para promover el desarrollo de un público de cine en Paraguay, crear nuevos circuitos de distribución de productos audiovisuales que puedan llegar a todas las localidades del país, e impulsar la infraestructura y las nuevas tecnologías demandadas por el público.

Además, el INAP deberá consensuar el ethos, la forma en que se van a conducir las políticas establecidas en la Ley de Fomento del Audiovisual. La gran tarea va a ser concretar las políticas públicas, para lo cual tendrá que definir líneas claves, entre ellas: colaborar con creaciones que comuniquen la posibilidad de que el público “se vea” en el cine a través de su historia, costumbres, idiomas y cultura; o permitir al artista la realización de películas que le gustaría crear y que quizás coincidan con el público; o incluir al mercado como “coguionista” —siguiendo a Lübbert (2009)— emulando a la industria norteamericana, con el riesgo de descontextualizar fórmulas de éxito en territorios disímiles. 

La problemática es extensa. La inversión en infraestructura, espacios y equipos que puedan ser usados en todos los rincones del país es insuficiente. En este momento, la infraestructura cinematográfica tiene una mayor concentración en Asunción y el departamento Central, y en menor medida en Ciudad del Este, Encarnación y Cnel. Oviedo, respectivamente.

El contexto está permeado de dificultades, una realidad compartida de desafíos y muchas necesidades. Depende de ello la captación de fondos para la creación o la selección de un proyecto cinematográfico, la inversión en más salas de cines o el impulso a una narrativa propiamente paraguaya (que por cierto también ha empezado a manifestarse en películas que llegan desde el interior del país). Esta narrativa no solo deberían traducirse en creaciones cinematográficas de primer nivel, sino que a la vez expresar sentires, alegrías, vivencias, angustias y problemas colectivos en un lenguaje que nos pertenezca.

Quizás se puedan seguir todas las opciones; quizás, ninguna. Esta es la discusión que aún está por hacerse. Es ahora el momento de tomar decisiones y crear todas las medidas apropiadas para aumentar la participación de toda la comunidad audiovisual en el debate. No partimos de cero. Hemos exigido más recursos e hicimos realidad el sueño de Roa, con un espacio institucional para hacer del audiovisual una industria, pero ¿reflexionamos acerca de sus implicancias?

*Estudió Ciencias Políticas en la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción. Se dedica a la investigación social y cultural, trabajando como consultora hace más de veinte años. Es guionista, productora de cine, docente, maestra de yoga y reiki. Actualmente se desempeña como Directora del Observatorio Cultural del Paraguay en el Centro Cultural de la República El Cabildo.

Foto de portada: Fotograma de La sangre y la semilla, a película coproducida entre Argentina y Paraguay, dirigida por Alberto Du Bois según el guion de Augusto Roa Bastos, sobre la novela Raíces de la aurora de Mario Halley Mora. Fue estrenada el 12 de noviembre de 1959 y tuvo como protagonistas a Olga Zubarry, Romualdo Quiroga y Roque Centurión Miranda.

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