Mentiras que contaminan

Por Milciades Benítez*.

«Una gotita de mentira puede contaminar un mar de confianza», dice una frase cuyo autor desconozco, pero que tiene bastante de verdad si observamos cómo se construyen las relaciones colectivas en la sociedad.

El gran debate de la agenda en la política paraguaya no está contaminado con gotitas, sino con fuertes efluentes que provienen de la irracionalidad, el fanatismo ideológico, la falta de honestidad intelectual, y, no hace falta mencionar, la deshonestidad como mal endémico sustancial. La mentira se volvió un instrumento útil. La omisión de la verdad es una herramienta aceptada o consentida mientras se compartan objetivos políticos.

En estas semanas de crisis por los efectos del coronavirus, estamos asistiendo a un festival de debates de todo tipo, en los medios y en las redes sociales, y uno de los temas refiere a un nuevo impulso al aumento de tributos en el país. Impulso que aglutina como combustible a los que por su ideología buscan castigar al que produce renta en el país, y a los que necesitan de más impuestos para sostener sus privilegiados cargos públicos de pocas horas de dedicación y muchos ceros en la nómina.

Hay un espacio que debemos ganar en el debate quienes estamos en contra de cualquier aumento impositivo o incluso proponemos una disminución de la tasa de impuestos en ciertos ámbitos. Urge una contraposición a ideas que se han venido instalando sin mucha resistencia, aunque en verdad constituyan falacias. Porque el silencio fue y es un asentimiento en este debate. Revisemos algunas:

1. La presión tributaria es solo del 9%: esta repetida frase se basa en un dato que demanda una llamada de atención a quienes lo diseminan. Es una mentira con artera intención.  Ocurre que aquel porcentaje no toma en cuenta las contribuciones a la seguridad social, como tampoco, por ejemplo, los impuestos y tasas que se pagan a los gobiernos subnacionales.

La presión tributaria en el Paraguay no es del 9% o del 10%. La presión tributaria total es de alrededor del 15,5% cuando se la calcula correctamente, como lo hicieron Dionisio Borda y Manuel Caballero en 2018 (al final les dejo el link).

Generan desconfianza y tienen cero credibilidad quienes intentan sostener una postura a partir del engaño o la media verdad. Es por eso que cualquier tipo de reforma debe iniciarse con el sinceramiento de los actores políticos. Deben confesar su interés real en la reforma. Es más respetable aquel agente que promueve el aumento de impuestos por convicción ideológica a aquel que defiende el aumento a partir de una mentira.

2. La soja no paga impuestos: de las falacias más extendidas, entre quienes quieren castigar a los productores de granos y sus voceros en el Congreso, se encuentra una mentira construida como media verdad a lo largo de varios años.

En Paraguay, per se no existe un solo “sojero” por excelencia o exclusividad. Como sí existe el ganadero, por ejemplo. No existe agricultor que tenga como única actividad productiva producir granos de soja, porque la producción de soja forma parte de un complejo complementario de otros rubros, como el maíz, el trigo, el sorgo, o incluso el forraje.

Pero ¿por qué no escuchamos hablar del impuesto al maíz o impuesto al sorgo? No encuentro otra respuesta que la finalidad de castigo al rubro que produce renta. No quieren recaudación, pretenden castigo. La renta en el campo la sostiene la soja, sin renta en la soja el resto del complejo de la agricultura mecanizada tendría serios problemas de sostenibilidad económica.

¿De dónde viene ese desprecio de ciertos políticos y agentes sociales al productor de granos?

La soja no paga impuestos, es cierto. El impuesto lo paga el productor, que paga todo tipo de tributos: el Impuesto al Valor Agregado (IVA), impuestos que gravan la renta, el Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) y tiene, además del castigo de no recibir nada a cambio, el “privilegio” de ser el único que ve cómo el Estado se apropia ilegítimamente (pero legalmente) del 5% del precio de sus productos cuando este es exportado. Desde la última reforma tributaria sobre la soja pesa una retención de hecho “a la argentina”, disfrazada en la no devolución del IVA. Esto es en la práctica un impuesto a la exportación del grano. No hay ningún otro producto o rubro de exportación que tenga sobre sí ese castigo.

3. El tabaco y las bebidas azucaradas tienen que pagar más impuestos: tampoco el debate sobre más impuestos al tabaco o bebidas azucaradas escapa a este contaminado escenario. El tabaco tiene impuestos a su comercialización por encima del 30%, ya que paga IVA e ISC. Miremos la experiencia de los países vecinos (y el éxito del grupo Cartes). El aumento de impuestos con cargo a un precio que desincentiva la compra formal de tabaco, disparó la compra informal o de contrabando en Uruguay o Brasil. Por su parte, el aumento de impuestos a las bebidas azucaradas ha sido un fracaso en sus cantadas finalidades en países como México, ya que no ha reducido el consumo.

4. Más impuestos para tener más Estado: el Estado paraguayo está muy presente en varios ámbitos. Monopoliza la acción penal contra varios delitos y crímenes, monopoliza la comercialización de energía eléctrica, la distribución de agua, vende servicios de telefonía móvil y telefonía baja, compra y vende combustibles, produce y comercializa cemento, también produce y comercializa una de las cañas más ricas del continente (a la que por otro lado se la quiere castigar con más impuestos). Además, tenemos más ministerios que varios países europeos. Es decir, es un reduccionismo medir el estatismo solamente por la cantidad de impuestos, porque esconde la presencia real del Estado en diferentes esferas que van desde la seguridad, hasta las comunicaciones y el comercio de productos. Fijémonos además qué porcentaje del producto interno bruto (PIB) (alrededor de cuarenta y dos mil millones de dólares) representa el Presupuesto de Gastos del Estado paraguayo (cerca de catorce mil millones de dólares).  

Hay un espacio que debemos ganar en el debate quienes estamos en contra de cualquier aumento impositivo o incluso proponemos una disminución de la tasa de impuestos en ciertos ámbitos. Urge una contraposición a ideas que se han venido instalando sin mucha resistencia, aunque en verdad constituyan falacias. Porque el silencio fue y es un asentimiento en este debate.

Estas son apenas algunas de falacias que debemos cuestionar para que el debate sea serio. Sin embargo, definitivamente es preferible controvertir con quienes confiesan y basan sus objetivos desde la transparencia de señalar que lo pretenden por adhesión ideológica que con quienes, escudados en el micrófono, en la autoimposición de la representación de la ciudadanía o directamente aprovechando un cargo de representación, pretenden contaminar la agenda con la deshonestidad intelectual de saber que están propagando mentiras o medias verdades para sostener una posición.

Como lo hice ya más arriba cuando dije que Borda concluyó que la presión tributaria era del 15,5%… en realidad afirmó que es el 17,5% (ver documento en el hipervínculo, página 7).

*Abogado por la UNA. Doctor en Derecho por la Universidad de Alcalá (2012).

Fuente de la imagen: http://pensamentosdesblogueados.blogspot.com

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