“No podemos tener una educación de calidad si las trabajadoras y los trabajadores del sector no tienen derechos básicos garantizados”. Entrevista a Yanin Barreto, dirigente estudiantil y sindical

Por Ignacio González Bozzolasco.

Yanin Barreto es una joven militante del movimiento estudiantil universitario de Paraguay. Dio sus primeros pasos en el gremialismo estudiantil secundario como alumna del Colegio Técnico Nacional (CTN), en donde chicas y chicos empezaron a articularse en torno a la Federación Nacional de Estudiantes Secundarios (FENAES). En la actualidad, como estudiante de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), forma parte del Movimiento Creemos, agrupación integrante de la Coordinadora de Estudiantil Universitaria de la UNA (CEUNA). Además, junto con otras y otros jóvenes de su generación, participa activamente en el movimiento sindical como parte de la juventud organizada de la Central Unitaria de Trabajadores Auténtica (CUT-A).

¿Cómo se dio tu acercamiento al mundo sindical?

Nosotros teníamos relación con los sindicatos ya desde nuestra participación en el movimiento estudiantil secundario, como integrantes de la FENAES. Desde entonces, experimentamos una relación muy solidaria con todos los sindicatos. Por ejemplo, nosotros apoyábamos las huelgas generales y otras actividades de movilización generadas desde los sindicatos, a la vez que ellos nos apoyaban en nuestras tomas de colegios y otras protestas que llevábamos adelante.

Siendo mujer resulta más difícil tener oportunidades de ocupar ciertos cargos en el mundo gremial. Muchas veces, estas dificultades pueden parecer situaciones aisladas o particulares, pero la verdad es que son más bien comunes. Son situaciones que se experimentan también en espacios que una podría considerar más abiertos o progresistas.

En ese proceso nos fuimos dando cuenta de que el activismo estudiantil debía ver más allá del aula o del colegio. A partir de nuestras luchas nos dimos cuenta de que teníamos que hablar también con las y los docentes a la hora de exigir una mejor calidad de la educación, que lo que padecíamos era un problema de conjunto. Así nos dimos cuentas de la precaria situación laboral de nuestros maestros, de que no podíamos nosotros luchar por mejores condiciones de estudio, por una mejor educación, si nuestros docentes no eran mejor remunerados. No podemos tener una educación de calidad si las trabajadoras y los trabajadores del sector no tienen derechos básicos garantizados.

Además, en el contexto de nuestro proceso de organización secundaria nos dimos cuenta de que muchos problemas puntales tenían causas estructurales. Por tanto, debíamos articularnos con otros sectores de la sociedad para generar cambios verdaderos.

¿Cómo fue tu experiencia de ingreso al mundo sindical?  ¿Qué tipo de relaciones desarrollaste proviniendo de un sector diferente como lo es el estudiantil?

Creo que desde el inicio desarrollamos una relación bastante horizontal con los referentes sindicales. Desde nuestras primeras relaciones como estudiantes secundarios yo nunca percibí un tipo de relación “adultocéntrica”. No había expresiones como “esto vos no vas entender porque sos muy chica” o algo parecido. Siempre nos dieron espacio de participación y nos consultaron nuestra opinión, al menos en mi experiencia de relación con CUT-A. Además, a través de la central logramos establecer lazos con otras organizaciones juveniles y estudiantiles de la región. Nos dimos cuenta también de que existían otros movimientos estudiantiles que formaban parte de centrales obreras en otros países.

¿Cuáles considerás que son los desafíos que enfrentan las y los jóvenes en el mundo sindical hoy? 

 Desde mi experiencia en el mundo sindical (estoy en la juventud de la central desde hace 5 años), puedo decir que uno de los principales desafíos es conseguir que más jóvenes participen en los sindicatos. Considero que son muchos los factores que influyen en esto, como el estigma que se tiene sobre los sindicatos, además de la falta de formación cívica en las y los jóvenes, que no son conscientes de sus derechos ni de la posibilidad de organizarse para garantizarlos. Te diría que el principal desafío que tenemos es la organización, ya que no es posible que lleguemos a más jóvenes trabajadores si no nos organizamos de mejor manera.

Yanin dio sus primeros pasos en el gremialismo estudiantil secundario, integrando la Federación Nacional de Estudiantes Secundarios (FENAES), más tarde conformó la Juventud de la Central Unitaria de Trabajadores Auténtica (CUT-A).

¿Cómo ves el recambio generacional de liderazgos del mundo sindical?

Creo que ese es otro de los grandes desafíos de los sindicatos en nuestro país. En la mayoría de los sindicatos hay liderazgos más adultos que jóvenes, gente mayor de 30 años. Eso hace que muchas veces las y los jóvenes sientan que el sindicato no es su espacio, que no es tan dinámico como otros espacios juveniles y, además, que no existen representantes suyos en las instancias de dirección.

Pienso que la necesidad de incorporar más jóvenes a los sindicatos es algo que ya está claro para muchas organizaciones, que son conscientes de eso. Pero el problema muchas veces tiene que ver con temas más bien generacionales, principalmente, el no saber como comunicarse con la juventud, como captar su atención e interés.

¿Cuáles considerás que serían las estrategias más efectivas para incorporar a más jóvenes a los sindicatos y que no se están desarrollando aún?

Yo te diría que utilizar más la tecnología. Nosotros las y los jóvenes utilizamos mucho los canales digitales de comunicación y las redes sociales. No solo para comunicarnos entre nosotros sino también para organizarnos. Creo que se debería trabajar más en esos canales, hacer difusiones por allí, generar flyers y realizar actividades más dinámicas. En mi experiencia, ese tipo de acciones atraen más jóvenes que invitaciones formales para unirse a una determinada organización. 

Siendo una joven que participa en el campo sindical, ¿cómo percibís a las nuevas formas de trabajo que se están desarrollando a través de plataformas digitales?

Si bien, a primera vista, estas plataformas parecen muy atractivas por la forma en que se venden (se tu propio jefe, controlá vos tu trabajo, generá vos tus propios ingresos sin la necesidad de un jefe, etc.), sabemos que lo que verdaderamente ofrecen son nuevas formas de precarización laboral. No garantizan cobertura de salud o jubilación, además es muy difícil organizarse en sindicatos en ese sector porque las personas están siempre muy dispersas.

Ante esta situación, lo que estamos haciendo es trabajar más bien en informar a compañeras y compañeros, antes que en organizar a ese tipo de trabajadoras y trabajadores. Mostrar a través de talleres y otros medios la verdadera lógica de estas plataformas que, al final de cuentan, logran contar con nuestra fuerza de trabajo sin garantizar condiciones mínimas.

¿Cuál es tu experiencia como una joven mujer en el campo sindical? ¿Sentís que existen más dificultades o barreras para las jóvenes que para los jóvenes?

Siendo mujer resulta más difícil tener oportunidades de ocupar ciertos cargos en el mundo gremial. Muchas veces, estas dificultades pueden parecer situaciones aisladas o particulares, pero la verdad es que son más bien comunes. Son situaciones que se experimentan también en espacios que una podría considerar más abiertos o progresistas. Hay incluso veces en las que una chica, por ejemplo, da su opinión en un espacio de organización y no se le hace caso. Pero más tarde un chico dice lo mismo y es recién ahí cuando la opinión se toma en cuenta por el grupo. Eso pasa inclusive entre compañeros que ya tienen cierta consciencia de la discriminación de género que predomina en la sociedad. 

Además, si queremos ocupar ciertos cargos, muchas veces nos tenemos que esforzar el triple que nuestros compañeros varones. Te digo esto porque, en mi caso, llegué al punto en el que en mi trabajo de militancia hacía varias cosas: era vocera, me encargaba de las tareas de comunicación y me encargaba también de hacer contacto con otras y otros estudiantes. Eran múltiples tareas, muchas más de las que realizaban otros compañeros varones. Pero recién después de demostrar mis capacidades con un doble o triple esfuerzo que los varones, fui tenida en cuenta para ocupar ciertos cargos de relevancia en la organización. Esto nunca se manifiesta de manera formal, pero se siente bien y demasiado arraigado en el relacionamiento del día a día o en el cómo se llevan a cabo ciertas acciones dentro de los gremios.

Eso es algo que sentimos y experimentamos las mujeres de manera muy regular, por eso estamos organizadas. No es que porque participamos en espacios más abiertos o espacios de jóvenes no se estén replicando prácticas de discriminación o patrircales hacia las mujeres. Entonces permanentemente tenemos que estar ahí marcando presencia las compañeras que gritamos más, que hablamos más fuertes, que somos un poco más mbarete (del guaraní: fuerte, resistente), para que así se nos tome en cuenta. Se corrigen ciertas actitudes, pero siempre se siente demasiado eso.  


* Fotografía: Fabiana Montiel.

** Este articulo forma parte del proyecto “Sindicalismo en debate en Paraguay” implementado por el Centro Interdisciplinario de Investigación Social (CIIS) con el apoyo de la Friedrich-Ebert-Stiftung (FES). Las opiniones expresadas en este articulo no representan, necesariamente, los puntos de vista del CIIS o de la FES.

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