Cómo los medios de comunicación volvieron a contribuir con la epidemia de los feminicidios en Paraguay

Por Asunción Jara*. 

Tal como en una entrega anterior, en este artículo volvemos a tratar sobre la forma en la que los medios de comunicación repitieron en el 2020 los mismos vicios que en el 2019 en la construcción de sus noticias sobre feminicidios.  

El 2020 fue un año en el que nos tocó una crisis sanitaria atroz que trajo consigo pobreza, desolación y mucha muerte. Y si hablamos de muertes por la pandemia COVID-19, también hablemos de asesinatos. Sí, de los asesinatos de mujeres en manos de sus parejas o exparejas en este contexto. Y es que las medidas sanitarias de confinamiento recrudecieron la situación de violencia de muchas niñas, adolescentes y mujeres adultas, lo que ocasionó una cifra alta de feminicidios registrados durante el 2020. Según datos del observatorio del Ministerio de la Mujer, fueron 36 las mujeres asesinadas en el año.  

¿Cómo fueron tratados estos crímenes en algunos medios de comunicación? La pregunta es fundamental porque entre las diferentes formas de violencia conceptualizadas en la Ley 5777/16, que tipifica los feminicidios en el país, se encuentran aquellas que pueden ser ejercidas por los medios de comunicación a la hora de narrar un feminicidio. Por ejemplo, cuando éstos publican mensajes, fotos, o imágenes estereotipadas, que reduzcan a las mujeres a la condición de “cosa”, están ejerciendo una violencia simbólica y mediática, tal como lo establece un apartado de dicha ley. 

Una primera característica del tratamiento mediático de los feminicidios es que los medios comunican estos hechos sin un enfoque de género. Un análisis realizado por quien suscribe este artículo, arrojó que los medios repiten prácticas tales como despersonalizar a las mujeres asesinadas, es decir, se las nombra en su rol frente a los hombres, como madres, esposas, concubinas y otras formas, a la vez que se ocultan otras facetas de ellas. Las noticias en general nada dicen sobre si las mujeres víctimas eran estudiantes, trabajadoras, empresarias o de otras actividades profesionales fuera del hogar. 

Construcciones como “el hombre llegó a la casa de la mujer y sin mediar palabra hirió de varias puñaladas a su ex concubina; o, “la fallecida (…) de 29 años de edad, madre de 3 hijos” o, incluso,  “Las autoridades se trasladaron hasta la casa y encontraron el cuerpo de la doña en un charco de sangre, y a su costado a Fidel, quien miraba el cuerpo sin vida de su mujer”, fueron constantes.  

Otra práctica común de los medios es que reducen el fenómeno del feminicidio al ámbito privado. Explican estos eventos como si fueran fenómenos individuales, producto de exageraciones, como del uso del alcohol o los celos de parejas sin antecedentes, o incluso resultados del azar. Así, a pesar de lo extendido del feminicidio como fenómeno social, con raíces culturales e institucionales, los medios operan para caracterizar los casos como hechos aislados y desvinculados de falencias institucionales o prácticas enraizadas en la sociedad. 

Por ejemplo, el feminicidio de Claudia Carolina Galeano fue titulado como un “ataque de celos”. Se presentó al autor criminal como que “fue hasta la vivienda de su expareja y la apuñaló tras un ataque de celos”, sin que el texto aporte otros elementos que permitan contextualizar el hecho dentro de un marco de sucesos similares que se repiten constantemente. La causal del feminicidio de Sonia Raquel Cabrera, para la Comisaría de Yuty, fue presentada como una “incógnita”, “debido a que no hay antecedentes de violencia en la pareja y el sospechoso no bebe alcohol”, y desde la cobertura periodística no se preguntaron sobre otros elementos que ubiquen el hecho como un suceso más común de lo que normalmente se asuma desde el periodismo.

Esta lógica sesgada se refuerza además por las fuentes preferidas de los medios a la hora de narrar los casos. Ya en 2019 advertimos que los medios recurren mayoritariamente a la policía o fiscalía como fuentes para estas noticias. En el 2020 la historia se repitió. Casi el 100% de las noticias sobre feminicidios estuvieron construidas a partir de los partes policiales, lo que nos lleva a narrativas que sólo hablan de los hechos en sí, plagadas de oraciones que describen los mínimos detalles del asesinato pero sin una lectura más amplia y social del asunto.  

Así, nuevamente, el feminicidio de Sonia Cabrera ha sido detallado como que la víctima “sufrió dos disparos de escopeta calibre 12. Una de las descargas afectó el torso, mientras que el segundo disparo impactó el torso lado derecho de la mujer. El primer disparo ocurrió en la habitación matrimonial, mientras que el tiro de gracia fue dado cuando la víctima ya estaba en el suelo (…) el hombre inclusive golpeó en la cabeza a su esposa con la culata de la escopeta, abordó su moto y escapó del sitio, según el relato de los oficiales de la policía”. Es decir, muchos detalles, y poco contexto para comprender el asunto de forma más cabal.

Otra estrategia mediática que prevalece es que los medios exponen la vida socioafectiva de la mujer, como si buscaran responder a la pregunta “¿qué habrá hecho para que fuera asesinada?”. Esto se da al punto de exculpar al agresor y señalar a la víctima como la culpable de su propio asesinato. El caso de Andrea Espínola, muerta en diciembre del año pasado por su expareja, ilustra este punto. El agresor, Valerio Verón, ya tenía antecedentes de violencia contra la víctima. Posterior al asesinato, los medios pasaron a cubrir y replicar exclusivamente el testimonio del agresor. En palabras textuales, el medio Popular mencionó que “ella tenía la culpa” por haberlo engañado con otro, lo que se filtra como justificación para el asesinato.  

El 2020 fue un año en el que nos tocó una crisis sanitaria atroz que trajo consigo pobreza, desolación y mucha muerte. Y si hablamos de muertes por la pandemia COVID-19, también hablemos de asesinatos. Sí, de los asesinatos de mujeres en manos de sus parejas o exparejas en este contexto. Y es que las medidas sanitarias de confinamiento recrudecieron la situación de violencia de muchas niñas, adolescentes y mujeres adultas, lo que ocasionó una cifra alta de feminicidios registrados durante el 2020.

¿Por qué existe este sesgo en los medios? Todos cargamos con una mochila llena de prejuicios sociales. Deshacernos de ella no es tarea fácil. Por eso hablamos de que existe una corresponsabilidad entre el medio y el periodista a la hora de construir esas noticias. Puede afirmarse que esta falta de perspectiva de género en las noticias revela el punto común entre ellas:  la cultura machista. 

Incluso, puede verse, que si bien algunos medios ya han incorporado la referencia explícita al “feminicidio” en su léxico, esto puede resultar engañoso, ya que siguen sin cambiar la narrativa machista en la explicación de los sucesos. Históricamente los medios de comunicación han sido el espejo de la sociedad, por ello es importante que sumen esfuerzos para dejar de reproducir estereotipos de género en sus noticias sobre feminicidios, y así, quizás próximamente, no tengamos narrativas sugiriendo que las víctimas aparecen muertas por su propia culpa, sino que son asesinadas por criminales, y esos crímenes tienen una raíz común en el sistema patriarcal.  

*Observatorio Lupa Lila, análisis documental sobre la representación del Feminicidio en los medios digitales de Paraguay en el 2020 

Ilustración de portada: Yuki Yshizuka

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