Perú 2021: entre la primera y segunda vuelta, en las elecciones del bicentenario

Por Verónica Ayala Richter*.

El domingo 11 de abril, los peruanos acudimos a las urnas para elegir a un nuevo presidente y 130 congresistas, quienes asumirán sus mandatos el próximo 28 de julio, día en que se cumple 200 años de independencia. Se presentaron 18 candidaturas, ninguna de las cuales alcanzaba siquiera el 15% de intención de voto. De este grupo, en la última semana, sobresalieron seis candidatos con posibilidades de alcanzar una segunda vuelta: Keiko Fujimori (candidata de derecha populista y conservadora), Hernando de Soto (candidato de derecha), Yonhy Lescano (candidato de centro derecha), Verónika Mendoza (candidata de izquierda) y Pedro Castillo (candidato de extrema izquierda)

Con esta alta incertidumbre se esperaron los resultados a boca de urna, lanzados por la empresa encuestadora IPSOS, al cierre de las mesas de votación. Las cifras arrojaron como candidato mejor posicionado a Pedro Castillo, que en el mes de febrero rozaba el 5% de intención de voto, intención que fue creciendo en las últimas semanas y llegó hasta el 16.1%, colocándolo en el primer lugar para competir en la segunda vuelta. El segundo lugar lo disputaban Keiko Fujimori y Hernando de Soto, ambos con 11.9%. El lunes 12, los resultados emitidos por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) al 92.7%, marcaban como claros ganadores a Pedro Castillo con un 19% y Keiko Fujimori con un 13%.

Pedro Castillo es un maestro de escuela rural de 51 años, nacido en la región andina de Cajamarca y perteneciente a las rondas campesinas desde los 19 años. Si bien es desconocido para algunos sectores de Lima, no es ajeno a la política. Comenzó en el año 2002 como militante del Partido Perú Posible cuando participó como candidato a la alcaldía de su distrito sin éxito, hasta que en 2017 la agrupación perdió su inscripción. Ese mismo año encabezó una huelga nacional de dos meses convocada por una facción de maestros provenientes de las bases regionales, de las cuales era su presidente. Para esta campaña presidencial fue invitado a participar como candidato por la agrupación Perú Libre.

Considerado como candidato de extrema izquierda, entre sus propuestas figuran la convocatoria de una asamblea constituyente para elaborar una nueva constitución, el cierre del tribunal constitucional, una mayor participación del Estado en la economía en su rol de empresario, así como la nacionalización de ciertos sectores estratégicos como el minero, gasífero, petrolero, etc. Su campaña contó con el apoyo de redes compuestas de facciones del magisterio en provincia y las rondas campesinas. 

la pandemia hizo más evidentes las inequidades en el país respecto a los servicios públicos, especialmente en educación a distancia y el acceso a la salud, lo cual ha generado insatisfacción de los ciudadanos, especialmente de los más vulnerables que se concentran en las regiones de mayor pobreza y desigualdad.

Keiko Fujimori es considerada la heredera política de su padre, el expresidente Alberto Fujimori. Política de 45 años, participó en dos elecciones presidenciales previas, es congresista y líder del partido Fuerza Popular, agrupación cuya bancada es identificada como la causante de la polarización entre los poderes Ejecutivo y Legislativo que detonó la crisis política de los últimos cinco años. Actualmente es acusada por la fiscalía de liderar una presunta organización criminal y lavar dinero otorgado por la constructora Odebrecht para financiar su campaña política en 2016. Debido a ello tuvo dos ingresos al penal para cumplir con prisión preventiva.

Su agrupación es considerada de derecha populista y tuvo como lema de campaña utilizar la “mano dura” para solucionar los problemas del país. Es defensora del modelo económico actual, que privilegia la gran inversión privada y defiende la constitución actual de 1993.

A pesar de que ambas candidaturas son antagónicas en lo económico y político, guardan similitudes entre sí, especialmente por su posición conservadora. Rechazan el enfoque de género en el currículo escolar, los derechos sexuales y reproductivos, así como el feminismo. Además, ambos candidatos apenas concentran las preferencias de un tercio de los votantes, el nivel más bajo registrado en comparación con elecciones anteriores. Pero ¿cuáles son las razones de este resultado? Se pueden identificar tres: la fragmentación partidaria, la polarización o aparición de candidaturas más radicales, así como la desafección de los ciudadanos ante la clase política.

La descomposición de los partidos políticos y su incapacidad para representar y canalizar las demandas ciudadanas en la esfera política trajo consigo una alta fragmentación partidaria. Este fenómeno se pudo ver en los congresos conformados en el último quinquenio, el número de partidos que los compusieron y la renuncia o separación de congresistas durante el cumplimiento de su mandato.

Este proceso, que ya estaba presente con las agrupaciones de izquierda en elecciones anteriores, también se observa ahora en las agrupaciones de derecha. En estos comicios se presentaron cinco partidos de derecha y cinco de centro derecha, así como seis de izquierda y dos de centro izquierda. Es decir, ninguna de las 18 agrupaciones que compitieron tuvo la capacidad necesaria para generar alianzas y formar un frente único en torno a una candidatura con capacidad de éxito; así como tampoco pudieron aglutinar altas preferencias en el electorado. Ejemplo de ello es que durante la campaña ninguno traspasó siquiera el 15% de las preferencias.

La polarización es otro elemento presente. Además de la alta fragmentación, existe una tendencia de la población a polarizar sus posiciones políticas, ya sea por temas ideológicos, de valores y territoriales, entre las regiones más pobres (la región andina y parte de las amazónicas) y aquellas que se han visto más beneficiadas por el modelo actual (Lima y parte de la costa norte del país). Este último punto se ve reflejado en el mapa electoral del país, en el que Pedro Castillo se posiciona como ganador en el primer grupo y Fujimori en el segundo.

La desafección de la población a la clase política es un reflejo de la crisis vivida en estos cinco años a raíz de la confrontación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, la corrupción en que han estado envueltos y el escándalo del vacunagate. Asimismo, la pandemia hizo más evidentes las inequidades en el país respecto a los servicios públicos, especialmente en educación a distancia y el acceso a la salud, lo cual ha generado insatisfacción de los ciudadanos, especialmente de los más vulnerables que se concentran en las regiones de mayor pobreza y desigualdad. En este contexto, existe un alto descontento de la población ante la clase política y el modelo de crecimiento que no ha tenido la capacidad de generar bienestar para todos.

*Máster en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Salamanca. Politóloga de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Es miembro del Grupo de Investigación de Partidos Políticos y Elecciones, GIPE – PUCP. 

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