Internacionales

Ecuador 2023: una democracia de supervivencia


Por Juan Fran­cis­co Ca­mino*

Si bien la cien­cia po­lí­ti­ca ha tra­ba­ja­do en las ra­zo­nes por las cua­les la de­mo­cra­cia “su­per­vi­ve” en Amé­ri­ca La­ti­na, el Ecua­dor está vi­vien­do lo que po­dría­mos lla­mar una de­mo­cra­cia de “su­per­vi­ven­cia” ante la ola de in­se­gu­ri­dad que se ha ins­ta­la­do en el país.

Ha des­a­pa­re­ci­do aquel país que era se­gu­ro y pa­cí­fi­co en los años 80’s y 90’s, en me­dio de la vio­len­cia que vi­vían sus ve­ci­nos Perú y Co­lom­bia.

La pri­me­ra vuel­ta de las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les an­ti­ci­pa­das, rea­li­za­das el 20 de agos­to de 2023, se han desa­rro­lla­do en un con­tex­to iné­di­to en el país, no solo por­que tie­nen su ori­gen en la di­so­lu­ción del par­la­men­to de­cre­ta­da por el pre­si­den­te Gui­ller­mo Las­so en mayo pa­sa­do, sino tam­bién por­que so­mos tes­ti­gos de una olea­da de ase­si­na­tos a can­di­da­tos y au­to­ri­da­des. Fue­ron víc­ti­mas nada me­nos que Agus­tín In­tria­go (al­cal­de de Man­ta) y el ex­can­di­da­to pre­si­den­cial Fer­nan­do Vi­lla­vi­cen­cio Va­len­cia. En la úl­ti­ma se­ma­na de agos­to, y con cla­ras in­ten­cio­nes de ame­dren­ta­mien­to, se han uti­li­za­do co­ches bom­ba en edi­fi­cios pú­bli­cos ubi­ca­dos en Qui­to, con­cre­ta­men­te don­de fun­cio­na la Se­cre­ta­ría Na­cio­nal de Aten­ción In­te­gral a las Per­so­nas Pri­va­das de la Li­ber­tad, en­ti­dad del po­der eje­cu­ti­vo que tie­ne bajo su res­pon­sa­bi­li­dad la ges­tión de las cár­ce­les del país.

Es­tas imá­ge­nes son pro­pias de ex­pe­rien­cias pa­sa­das en Amé­ri­ca La­ti­na y de los re­la­tos per­te­ne­cien­tes a épo­cas don­de los in­fa­mes y re­pug­nan­tes lí­de­res del nar­co­trá­fi­co y el cri­men or­ga­ni­za­do pu­sie­ron con­tra las cuer­das a las ins­ti­tu­cio­nes de­mo­crá­ti­cas de paí­ses her­ma­nos. El trá­fi­co de dro­gas es el cán­cer de nues­tra Amé­ri­ca La­ti­na, y en el desa­rro­llo de su me­tás­ta­sis ha he­cho me­lla en Ecua­dor. La vio­len­cia que está vi­vien­do el país es solo el pus que bro­ta pro­duc­to de una in­fec­ción que car­co­me la li­ber­tad y des­tru­ye el te­ji­do so­cial.

En este con­tex­to los ecua­to­ria­nos acu­di­mos a las ur­nas en agos­to de 2023. Si bien el desa­rro­llo del su­fra­gio se dio sin con­tra­tiem­pos ni ac­tos vio­len­tos, el te­mor se ha ins­ta­la­do en las ca­lles y los can­di­da­tos han re­ci­bi­do re­co­men­da­cio­nes de se­gu­ri­dad, ta­les como usar todo el tiem­po equi­pos de pro­tec­ción. El pre­si­den­te de la Re­pú­bli­ca in­clu­so dis­pu­so que el equi­po de se­gu­ri­dad de los can­di­da­tos fi­na­lis­tas sea per­so­nal de las Fuer­zas Ar­ma­das, cuan­do este rol lo asu­men prin­ci­pal­men­te miem­bros de la Po­li­cía Na­cio­nal.

La delincuencia organizada está operando a sus anchas y va cooptando todo lo que esté a su alrededor. Este monstruo asesino y voraz ya borró a la “isla de paz” que era el Ecuador. El crimen organizado sigue menoscabando la débil institucionalidad del país y devorando lo que queda de su democracia, para dejar únicamente un rastro de temor, dolor y la mesa servida para algún “mesías” autoritario.

Es ob­vio men­cio­nar que los dis­cur­sos de los ciu­da­da­nos se han cen­tra­do en la se­gu­ri­dad, por­que sin ella, cual­quier otra ac­ción hu­ma­na se ve im­pe­di­da, como bien men­cio­na­ba Tho­mas Hob­bes para le­gi­ti­mar al Es­ta­do ab­so­lu­to. Y pa­re­ce­ría que esa ne­ce­si­dad ele­men­tal de la gen­te está ha­cien­do me­lla en la le­gi­ti­mi­dad de­mo­crá­ti­ca ecua­to­ria­na.

El in­for­me de este año del La­ti­no­ba­ró­me­tro es un fiel re­fle­jo de una pro­fun­da cri­sis de la de­mo­cra­cia en el Ecua­dor: solo el 37% de los ciu­da­da­nos en­cues­ta­dos se mues­tra fa­vo­ra­ble a la de­mo­cra­cia, mien­tras que el apo­yo a un ré­gi­men au­to­ri­ta­rio cre­ció al 19%. Esta si­tua­ción será im­po­si­ble de so­lu­cio­nar en el pró­xi­mo año y me­dio que res­ta para este pe­río­do de go­bierno.  Ade­más, lo preo­cu­pan­te es que el con­tex­to ac­tual es el cal­do de cul­ti­vo per­fec­to para el ad­ve­ni­mien­to del au­to­ri­ta­ris­mo.

A todo esto, hay que agre­gar que Ecua­dor po­see unas fuer­zas de se­gu­ri­dad cues­tio­na­das, no solo por las cla­ras de­fi­cien­cias en su ac­tuar, sino tam­bién por las sos­pe­chas de es­tar in­vo­lu­cra­das en ac­ti­vi­da­des ile­ga­les, como la coop­ta­ción de fon­dos en or­ga­ni­za­cio­nes que ope­ran al mar­gen de la ley, o la fal­ta de con­tro­les en el sis­te­ma car­ce­la­rio. Ecua­dor ya se ha acos­tum­bra­do a las no­ti­cias en las cua­les se en­cuen­tra de todo lo que se pue­da ima­gi­nar en las cár­ce­les: fu­si­les, gra­na­das, compu­tado­res, equi­pos de co­mu­ni­ca­ción, pe­rros de pe­lea y has­ta pis­ci­nas con tipo de pe­ces que son par­te de nues­tros pro­duc­tos de ex­por­ta­ción.

¿Cómo es po­si­ble que, apar­te de lo in­di­ca­do en las cár­ce­les,  los pre­sos cons­tru­yan pun­tos de re­vi­sión den­tro de es­tos cen­tros de de­ten­ción, y sean ellos los en­car­ga­dos de su con­trol? ¿Al­guien pue­de ex­pli­car los fa­llos en la se­gu­ri­dad del ex can­di­da­to Vi­lla­vi­cen­cio, ase­si­na­do con tres dis­pa­ros en la ca­be­za, a las 17:30 en el cen­tro nor­te de la ca­pi­tal? En 2021, la Em­ba­ja­da de los Es­ta­dos Uni­dos de­nun­ció a va­rios ge­ne­ra­les de las fuer­zas ar­ma­das y la po­li­cía in­vo­lu­cra­dos en ac­ti­vi­da­des de nar­co­trá­fi­co ¿Qué su­ce­dió con esta de­nun­cia? ¿Cuán­tos avan­ces hay en la in­ves­ti­ga­ción?

Bajo es­tas con­di­cio­nes, el país debe vol­ver a las ur­nas para la se­gun­da vuel­ta de las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les, el 15 de oc­tu­bre de 2023. En Ecua­dor se vive hoy con la zo­zo­bra de que una bala per­di­da pue­de arre­ba­tar­le la vida a un ser que­ri­do, o con la in­cer­ti­dum­bre de sa­ber si los hi­jos lle­gan se­gu­ros a sus ca­sas des­pués de cla­ses. No se sabe si vale la pena ha­blar de po­lí­ti­ca y me­nos al­guien se atre­ve­ría a par­ti­ci­par de ella, por­que de ha­cer­lo, se pue­de per­der tu pa­tri­mo­nio, tu tran­qui­li­dad y has­ta tu vida.

En el país se vive una de­mo­cra­cia de su­per­vi­ven­cia. La de­lin­cuen­cia or­ga­ni­za­da está ope­ran­do a sus an­chas y va coop­tan­do todo lo que esté a su al­re­de­dor. Este mons­truo ase­sino y vo­raz ya bo­rró a la “isla de paz” que era el Ecua­dor. El cri­men or­ga­ni­za­do si­gue me­nos­ca­ban­do la dé­bil ins­ti­tu­cio­na­li­dad del país y de­vo­ran­do lo que que­da de su de­mo­cra­cia, para de­jar úni­ca­men­te un ras­tro de te­mor, do­lor y la mesa ser­vi­da para al­gún “me­sías” au­to­ri­ta­rio. Oja­lá me equi­vo­que.

* Pro­fe­sor Uni­ver­si­ta­rio (Qui­to). Es­tu­dian­te de doc­to­ra­do en la Uni­ver­si­dad de Sa­la­man­ca (Es­pa­ña). Más­ter en Re­la­cio­nes In­ter­na­cio­na­les por el Ins­ti­tu­to de Al­tos Es­tu­dios Na­cio­na­les (Ecua­dor) y en Cien­cias Po­lí­ti­cas por la Uni­ver­si­dad de Sa­la­man­ca.

Ima­gen de por­ta­da: La Ra­zón, Es­pa­ña

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