
Nelson Mora *
La base de cualquier ciudad funcional es un acuerdo silencioso entre quienes la usan y quienes la sostienen. Pero en Asunción ese acuerdo se rompió hace tiempo, quizá sin que nadie se diera cuenta, quizá porque nunca llegó a existir realmente. La capital soporta cada día un peso demográfico y económico que excede con holgura a su padrón de contribuyentes formales. Mientras la población residente ronda poco más de medio millón de habitantes, entre 1,8 y 2 millones de personas entran y salen diariamente del área urbana sin que exista un marco que relacione esa intensidad de uso con la responsabilidad financiera de mantener la infraestructura que hace posible esa movilidad. Las calles, los drenajes y desagües, las veredas, los semáforos, los parques y los servicios se degradan en la misma proporción en que la metrópolis se expande, pero los ingresos fiscales siguen anclados a un perímetro administrativo que ya no representa la ciudad en su realidad.
