
Marcos Pérez Talia
El viernes 3 de febrero de 1989 Paraguay amanecía con una escena soñada por muchos, e inimaginable para otros: el tirano Stroessner dejaba el poder tras 35 años de férrea dictadura. Las calles se llenaron de júbilo y alegría una vez que el dictador presentó su renuncia. Stroessner salía del poder de la misma forma en que subió 35 años atrás, por vía de un golpe militar. Paraguay estaba entrando a la última década del siglo XX y seguía sin experimentar el sabor de los procesos democráticos, con la excepción efímera del gobierno del liberal Eligio Ayala (1924-1928). El desafío que se presentaba de cara al futuro era incierto y enorme al mismo tiempo.
