
Por Juan Francisco Camino*
Las elecciones presidenciales y legislativas en Ecuador del próximo 9 de febrero, sin duda, marcan un antes y un después en la política ecuatoriana tal y como la hemos concebido en los últimos años. Si bien los mítines y recorridos aún están presentes en la actividad diaria de los candidatos, la tónica ha sido el discurso fácil y corto; el mensaje superficial y vacío, la información falsa. Y parecería que la democracia va perdiendo fuerza como mecanismo de rendición de cuentas.
