Ideologías

138 años de liberalismo paraguayo: entre la interpelación y la reconstrucción


Por Marcos Pérez Talia

El 10 de julio de 1887, hace exactamente 138 años, un grupo de ciudadanos dio un paso que sigue siendo urgente hoy: organizar la oposición. Lo llamaron Centro Democrático, pero pronto adoptaron el nombre que marcaría la historia política del país: Partido Liberal. No fue un gesto simbólico ni un experimento pasajero. Fue entonces un acto profundamente político, con vocación transformadora. 

Reunidos en torno a Antonio Taboada —veterano de guerra devenido opositor crítico al régimen— y jóvenes como José de la Cruz Ayala y Cecilio Báez, los impulsores del liberalismo paraguayo trazaron una hoja de ruta que aún interpela: defensa irrestricta de la Constitución de 1870, libertad electoral, lucha contra la corrupción sistémica y protección de las tierras públicas como bien común. 

Casi siglo y medio después, los postulados fundacionales siguen siendo relevantes. Lo que parece haberse extraviado es un proyecto político capaz de encarnarlos con credibilidad. El PLRA, heredero directo de aquella tradición democrática, atraviesa hoy una de sus tantas crisis históricas. La diferencia es que, esta vez, los tiempos democráticos y los desafíos del país exigen respuestas más urgentes que nunca. 

Porque en una democracia real, los oficialismos no gobiernan solos: se gobierna con oposición. El Partido Colorado es una maquinaria poderosa y hegemónica, con presencia territorial, recursos y disciplina. No se trata de demonizarlo. Se trata de entender que toda democracia funcional necesita una contracara institucionalizada: una oposición capaz de equilibrar, fiscalizar, proponer y disputar poder.

Esa contracara debería ser el Partido Liberal. No por nostalgia, sino por responsabilidad histórica. Por estructura, arraigo territorial e historia, el PLRA sigue siendo la principal fuerza opositora. Pero no basta con existir: hay que construir y reinventarse cuando las circunstancias lo exigen. La democracia paraguaya, una de las más jóvenes de la región, merece el esfuerzo.

Con elecciones municipales en 2026 y presidenciales en 2028, el tiempo para la reconstrucción es ahora. Si el PLRA quiere ser protagonista y no mero espectador, debe iniciar ya un proceso serio de reorganización. Propongo tres ejes urgentes para ese proceso: 1) Construir unidad sin negar la pluralidad. 2) Fortalecer liderazgos con legitimidad y visión. 3) Reconectar con la ciudadanía desde una agenda creíble.

La primera propuesta gira sobre la unidad sin uniformidad. El liberalismo paraguayo siempre fue amplio, heterogéneo y dinámico. Pretender una cohesión ideológica rígida sería tan ingenuo como contraproducente. Pero sí es necesario construir una unidad estratégica, al menos en torno a un objetivo innegociable: disputar el poder al coloradismo desde una oposición democrática y articulada. 

El PLRA puede no tener condiciones hoy para imponer una candidatura presidencial propia, pero su estructura y base territorial siguen siendo clave para cualquier proyecto opositor serio. Abandonar el partido o entregarlo a sectores funcionales al oficialismo sería permitir que se convierta en un actor de veto en lugar de un vehículo de cambio. Las fuerzas opositoras, si quieren disputar el país, deben seguir disputando el partido. 

La segunda versa sobre renovar los liderazgos. Este momento representa una oportunidad para el recambio generacional. Los liderazgos que emergieron con fuerza en la alternancia de 2008 cumplieron un rol clave, pero su ciclo empieza a mostrar signos de agotamiento. No se trata de jubilar figuras, sino de abrir espacio a nuevas voces, con otras trayectorias, lenguajes y herramientas para interpretar el presente. 

La renovación no debe ser solo etaria, sino también conceptual: se necesitan liderazgos capaces de articular ideas, conectar con la ciudadanía y construir consensos en una era de desconfianza y fragmentación. El PLRA debe ser un espacio donde emerjan nuevas voces con propuestas y visión, no una estructura cerrada que recicla conflictos del pasado.

Finalmente, reconectar con la ciudadanía. El PLRA no puede seguir ensimismado en disputas internas mientras se profundiza el desencanto ciudadano. Paraguay enfrenta desafíos urgentes: un transporte público deficiente, una inseguridad que no merma, un sistema de salud pública sobrecargado, creciente precariedad laboral y desigualdad estructural. Si el liberalismo quiere volver a ser relevante, debe construir una agenda que responda a esas preocupaciones concretas. No desde el marketing político, sino desde el compromiso programático. Mientras el partido siga alejado de las demandas reales, nuevos actores —por dentro o por fuera del sistema— ocuparán ese vacío.

El 138º aniversario del liberalismo paraguayo no debe ser solo un acto conmemorativo. Debe ser una oportunidad para interpelar, repensar y reconstruir. La historia no garantiza nada. Pero puede ser guía si se la entiende como legado activo. En 1887, un grupo de ciudadanos fundó un partido para defender la Constitución, la libertad y los bienes comunes. Hoy, en un Paraguay democrático pero frágil, donde el poder se concentra y la ciudadanía descree, esa tarea vuelve a ser urgente. El liberalismo tiene la historia. Le falta el futuro. Y el futuro se construye empezando ahora.

El expresidente Eligio Ayala, recordado no solo por su gestión honesta sino también por sus lúcidas reflexiones, decía que “la democracia se purifica por su propia fermentación”. Esa frase, pronunciada hace un siglo, sigue teniendo una fuerza extraordinaria. Porque lo que necesita hoy el liberalismo paraguayo no es negación ni maquillaje, sino justamente eso: fermentarse. Reconocer sus errores, asumir sus fracturas, y atravesar el proceso de depuración política que toda fuerza democrática debe atravesar para renovarse. La crisis no tiene por qué ser su final. Puede ser su punto de partida.

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