Elecciones

Paraguay no vota oficialismos


Fernando Martínez Escobar

Crecimos creyendo que Paraguay era oficialista, que los cambios electorales nunca ocurrían y que siempre ganaba un mismo sector, pero no: eso es un mito. En Paraguay, la constante histórica es que los opositores a la línea oficialista presidencial siempre ganan.

Paraguay no vota candidaturas oficialistas a la presidencia de la República ni a la intendencia de Asunción, y veremos que en estos dos casos, especialmente reveladores —las elecciones municipales en Asunción y las presidenciales a nivel nacional—, es posible advertir un patrón común: la ciudadanía paraguaya tiende a votar por opciones opositoras a la línea oficialista de turno.

Pero ¿de qué hablamos cuando hablamos de oposición en Paraguay? Existen dos tipos: el primero es la versión clásica, que se asocia a los partidos políticos y movimientos que no pertenecen al partido, fuerza o alianza que gobierna desde el poder ejecutivo. Por ejemplo, en este momento, todas aquellas fuerzas y partidos políticos no colorados serían la oposición.

Existe un segundo tipo de oposición, mucho más decisiva, en la competencia por el poder político institucional del país, que habita en el interior del Partido Colorado o de la Asociación Nacional Republicana (ANR). Desde 1989, la ANR ha utilizado la disputa interna entre sus movimientos oficialistas y opositores como su principal motor para el ejercicio del poder. La ANR no mantiene el poder porque sea monolítica, sino por la paridad de fuerzas entre sus movimientos internos que se mantienen en disputa. La ANR no se fractura, sino que se recicla en su propia oposición.

Esta capacidad le ha permitido canalizar los votos de una parte importante del electorado y constituye uno de los principales factores institucionales que mantienen a la ANR en el poder. Por ejemplo: el principal opositor a la reelección del general Rodríguez fue Luís María Argaña durante la constituyente de 1992; los principales opositores al expresidente de la república Juan Carlos Wasmosy fueron Lino Oviedo y Argaña; más recientemente, el principal opositor a Horacio Cartes fue Mario Abdo; y finalmente, a la inversa, nuevamente, Cartes fue el principal opositor a Abdo cuando fue presidente.

Ahora tomemos, por caso, la ciudad de Asunción. La capital del país también elige intendentes opositores a la línea política del presidente de la República. Desde 1991, las elecciones en Asunción siempre las ganaron las fuerzas políticas opositoras a la línea oficialista presidencial, excepto Evanhy Troche de Gallegos, quien ganó en 2006 como candidata oficialista del entonces presidente de la República, Nicanor Duarte Frutos. No se registra otro candidato oficialista a la intendencia de Asunción que haya obtenido una victoria electoral.

Fuente: elaboración propia

Esta regularidad histórica demuestra que existe una parte importante del electorado asunceño que vota candidaturas que levantan banderas contrarias a los oficialismos presidenciales. Esto también se replica a nivel nacional, pero a nivel del país, las victorias generalmente corresponden a la oposición interna colorada, excepto cuando ganó Fernando Lugo. De hecho, desde 1989, la ventaja de la ANR ha consistido en capitalizar ese electorado opositor.

Entonces, lo que ocurre en las elecciones de Asunción o en las presidenciales nacionales no es un accidente esporádico ni una anomalía local, sino una regla que opera de manera constante en ambas. Desde 1989, la lógica oficialismo-oposición dentro del Partido Colorado ha sido el mecanismo que permitió a la ANR sostener su hegemonía. De hecho, en más de tres décadas, solo dos veces la ANR presentó candidatos presidenciales oficialistas, y apenas uno fue exitoso: Juan Carlos Wasmosy en 1993. Aunque la victoria de Wasmosy fue señalada por la otra mitad del mismo coloradismo como producto de un fraude en las elecciones internas de la ANR de cara a las presidenciales, en las que se le despojó de la victoria a Luís María Argaña.

El segundo caso, Blanca Ovelar, no solo perdió, sino que también lo hizo frente a la única fuerza no colorada que plenamente capitalizó ese espacio opositor: Fernando Lugo. La excepción que confirma la regla. En las elecciones presidenciales y en las para elegir al intendente de Asunción, las elecciones no se ganan desde el oficialismo, sino desde la oposición, y quien la encarne mejor se quedará con esa parte de los votos que garantiza una victoria electoral.

Si tenemos en cuenta lo anterior y lo aplicamos a la actualidad, vemos que el fortalecimiento del movimiento Honor Colorado se da a expensas de la fortaleza de la ANR. Honor Colorado ya no se comporta como uno entre pares, sino como la única forma posible de coloradismo. Al hacerlo, la ANR abandona un territorio lleno de votantes dispuestos a sufragar por quien encarne la idea de cambio. Pero, como sabemos, en la disputa política, la oportunidad electoral de reencauzar votos nunca queda libre y, necesariamente, es ocupada por quienes logran canalizar la dinámica constante del cambio electoral.

De hecho, esta parece ser la lectura de Miguel Prieto en el este del país, quien no solo ha logrado consolidar su fuerza política local a expensas de sectores colorados del este, sino que además ha empezado a disputar una porción del voto colorado a nivel nacional. Prieto avanza sobre tierra abonada y abandonada por la propia ANR.

Por lo tanto, si seguimos la línea histórica bajo estas reglas, la victoria en las elecciones para la intendencia de Asunción en 2026 y el triunfo para la presidencia en 2028 no tenderán a ser para quienes se alineen con el oficialismo, sino para quienes logren encarnar —de manera creíble y eficaz— la idea de oposición a quienes ejercen el poder ejecutivo. En Paraguay, no gana quien gobierna: gana quien desafía al que gobierna, sean estos colorados o no.

423 views