
Francisco Olucha Sánchez *
Después de la pandemia, en América Latina se eligieron diferentes gobiernos progresistas en Bolivia, Brasil, Colombia y Chile. Sin embargo, la gestión de estos últimos gobiernos, en concreto desde el resurgir de la pandemia, junto a muchas promesas y pocos ápices de recuperación, han acrecentado la desconfianza política y el descontento social.
Ese malestar social no quedó en el plano de la frustración: se transformó en un caldo de cultivo ideal para el avance de fuerzas políticas autoritarias y reaccionarias. En distintos países, ese descontento comenzó a canalizarse en propuestas abiertamente contrarias a la democracia, marcadas por el nativismo, el ultraconservadurismo y una retórica profundamente demagógica. El último año ofreció señales claras de este giro: desde la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, hasta el respaldo legislativo a Javier Milei en Argentina o la salida del MAS del poder en Bolivia tras dieciséis años de gobierno. En ese escenario, Chile no era una anomalía: era parte del mismo proceso.
El pasado domingo 16 de noviembre se celebraron las elecciones presidenciales y parlamentarias en Chile. Había una gran expectación ya que la coalición de izquierdas que comprendía desde la Democracia Cristiana hasta el Partido Comunista tenía asegurado el primer lugar y su pase a la segunda vuelta. La duda que se había instalado era quién le iba a acompañar y, finalmente, fue José Antonio Kast, con un porcentaje de voto muy cercano a la candidata oficialista. En la segunda vuelta de este domingo 14 de diciembre se culminó el pronóstico esperado: la victoria de José Antonio Kast. Surgen una serie de preguntas al respecto: ¿quién es José Antonio Kast? ¿cómo se explica su victoria electoral? ¿por qué la candidatura oficialista no pudo retener el gobierno?
La historia de José Antonio Kast está ligada al movimiento gremialista en su época universitaria, muy cercano al profesor y senador pinochetista, Jaime Guzmán, que le animó a militar en el partido que fundó, Unión Demócrata Independiente (UDI). Fue un destacado dirigente de una corriente extremadamente conservadora que disputó en varias ocasiones a la interna del partido. Llegó a ocupar cargos partidarios y de elección popular como diputado de la República. Los múltiples conflictos a la interna en torno a la organización, la ideología o lo programático lo llevaron a plantear una candidatura a las primarias de 2017 que no resultó ya que su partido apoyó al expresidente Sebastián Piñera.
A raíz de este suceso, comenzó una carrera en solitario como candidato presidencial con un pequeño grupo que se salió de la UDI con él y fue nutriéndose con el paso de los años, especialmente en los años del estallido social en Chile. Ideológicamente, este grupo defendía a ultranza los postulados de Jaime Guzmán, la dictadura de Augusto Pinochet, en concreto la mano dura contra los octubristas del estallido y los migrantes, y valores conservadores respecto al divorcio, el aborto o la diversidad sexual. En ese momento, se fundó el Partido Republicano y se tenía la figura de José Antonio Kast como líder indiscutible. Las ideas políticas de la dictadura y de Jaime Guzmán vivían y se defendían desde esta fuerza política sin complejos; al mismo tiempo, que atacaban a la derecha tradicional de haberse “izquierdizado”.
El proceso constituyente, que tuvo dos propuestas constitucionales rechazadas, ha marcado este periodo electoral. En particular, el rechazo a la propuesta del 4 de septiembre de 2022 fue recordada constantemente por los segmentos de la derecha chilena. De hecho, ese plebiscito ha marcado la vida política chilena como bien menciona el politólogo David Altman en una entrevista en el medio argentino La Nación. Incluso va más lejos, ya que el académico destaca que este plebiscito acaba reemplazando el eje de división social anterior: pinochetistas vs antipinochetistas.
A partir de este plebiscito, el equipo de Kast, aprendiendo de sus dos derrotas presidenciales anteriores, comenzó a armar una nueva estrategia política que aplicó durante 3 años hasta el momento electoral actual. Mientras la candidata Jeannette Jara hizo campaña estos últimos meses, el equipo de Kast estuvo conformando un partido robusto en todo el país y se alejó de los medios de comunicación, pero sus líderes de opinión más cercanos marcaban presencia continuamente para enfatizar sus valores e ideas programáticas sin desgastar la imagen de su candidato presidencial.
Además, el equipo de líderes de opinión de Kast, destacando el tertuliano y analista político Cristián Valenzuela, decidió tomar la iniciativa de la agenda pública a través de la inseguridad ciudadana. Continuamente, este equipo estuvo hablando sobre la inseguridad, la migración irregular y la delincuencia en los principales medios de comunicación analógicos y digitales. La percepción social sobre inseguridad ciudadana alcanzó casi un 90% en Chile durante los años 2023 y 2024. A pesar de ser uno de los países más seguros de América Latina, consiguieron convertir lo ordinario en algo extraordinario.
Ese malestar social no quedó en el plano de la frustración: se transformó en un caldo de cultivo ideal para el avance de fuerzas políticas autoritarias y reaccionarias. En distintos países, ese descontento comenzó a canalizarse en propuestas abiertamente contrarias a la democracia, marcadas por el nativismo, el ultraconservadurismo y una retórica profundamente demagógica
Por último, las posturas que tomó el gobierno de Gabriel Boric y la candidatura de Jeannette Jara fueron reactivas a la agenda que marcaba la derecha chilena. No tuvieron iniciativa, se sintieron desbordados por la agenda rival y abandonaron su propio proyecto político en detrimento de la seguridad social y ciudadana. Las principales medidas del gobierno estaban relacionadas con la inseguridad y no fomentaron algunas cuestiones que se habían marcado cuatro años antes en torno a la salud mental, el aborto o la reforma tributaria. Sí cabe destacar que el gobierno consiguió la reforma de las pensiones con muchas negociaciones con la derecha tradicional, pero sin el apoyo del Partido Republicano de Kast. Este partido no solo no facilitó ninguna de las reformas del gobierno de Gabriel Boric, sino que marcó la agenda pública recogiendo los frutos electorales este pasado domingo.
El triunfo de José Antonio Kast no fue un accidente ni un giro repentino del electorado chileno. Fue el resultado de una estrategia sostenida en el tiempo, de la capacidad de leer el clima social posterior al proceso constituyente y de una agenda de seguridad que logró imponerse ante un oficialismo reactivo. A la tercera fue la vencida no solo por insistencia, sino por método. Chile vuelve a mostrar que las elecciones no se ganan únicamente desde el gobierno, sino desde la capacidad de interpretar —y disputar— el malestar social.
*Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca y docente de la Universidad Academia Humanismo Cristiano, Chile
Imagen de portada: El Diplo
