Historia

Stroessner, Orwell y el bipensar colorado


Por Jorge Rolón Luna*

Las reivindicaciones, defensas o justificaciones del aciago periodo del régimen cívico militar de Alfredo Stroessner suelen ser recurrentes, aparecen y vuelven a surgir cada cierto tiempo. No se trata sólo de nostalgia, sino que a menudo esconden intereses a la vez que responden a miradas ideológicas autoritarias que pretenden la normalización y aceptación de las masivas violaciones a los derechos humanos que caracterizaron ese periodo, por la vía de negarlas, minimizarlas o situarlas en un contexto supuestamente inescapable.

Quienes celebran esos 35 años de pura negación de derechos ciudadanos, buscan neutralizar verdades suficientemente probadas: concentración de poder, reparto de tierras públicas, robo descarado de fondos estatales, torturas, asesinatos extrajudiciales, impunidad sistémica para todos los crímenes cometidos por sus personeros, afiliación obligatoria para ocupar cargos públicos o participar de cualquier negocio con el Estado.A veces reivindican al dictador (los stronistas de pura cepa), las más de las veces (los stronistas 2.0) buscan precautelar la imagen del partido que acompañó institucionalmente al autócrata: la ANR.

Cada vez quedan menos de los primeros, mientras que los segundos -hoy la avanzada del stronismo añorante-, tampoco es numeroso, pero reaparece cada tanto y suma cultores inimaginables. El stronismo es cosa seria, y no debe ser tomado a la ligera. Éstos últimos cumplen la función de ser celosos defensores del partido y de su “legado”, su “historia”, a la que, obviamente, hay que adornar, suavizar, edulcorar, ensalzar, dejando de lado sus crímenes terribles como régimen, y los propios y privados del autócrata, todo un capítulo aparte. Todos ellos, sobradamente documentados.

Estas operaciones apuntan evidentemente al mantenimiento de la dominación colorada, algo que ya lleva prácticamente 80 años (1947-2026), brevemente interrumpidos por una derrota electoral (2008-2013) que no despojó al partido de su control sobre otros poderes del Estado, órganos extra poder y gran parte de la burocracia estatal. El problema de reconocer los horrores stronistas es que viene con la aceptación de un costo reputacional terrible. Como si el Partido Colorado tuviera alguna reputación que cuidar. Si hubo dictador, hubo dictadura, y en tal caso, la ANR debe admitir que se entregó a un tirano asesino, corrupto y a su régimen saqueador por nada menos que 35 años. Debe cargar con esa mochila, como Alemania con el nazismo y alguna vez, pedir disculpas al pueblo paraguayo.

El stronismo es cosa seria, y no debe ser tomado a la ligera.

Para los custodios actuales de tal ilusoria dignidad y honor, capitaneados hoy por los miembros del movimiento oficialista “Honor Colorado”, admitir eso está fuera de cualquier discusión. La memoria sacrosanta del gran partido nacional y republicanodebe ser custodiada, al costo de la verdad, mediante tergiversaciones, mentiras, medias verdades, operaciones lingüísticas dignas de la obra de Orwell. Allí, no debemos olvidar que la peor pesadilla de la distopía orwelliana fue la sistemática descomposición del lenguaje, donde su genuino enemigo siempre fue la realidad: “el Partido te ordenó rechazar toda evidencia que proviniese de tus ojos y de tus oídos. Era su mandato final, el más esencial.”

Las distintas facciones que se embarcan cada tanto en proteger tal inmaculada y a la vez inexistente grandeza, han vivido siempre inmersas en lo que Orwell llamaba “bipensar. Algo que ya caracterizó al régimen, alterar la realidad corrompiendo el lenguaje:

Saber y no saber; ser consciente de la total veracidad de algo mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas; mantener al mismo tiempo dos opiniones que se invalidan mutuamente; saber que son contradictorias y creer en ambas; usar la lógica contra la lógica; repudiar la moralidad mientras se exige; creer que la democracia era imposible y que el Partido era el guardián de la democracia; olvidar lo que había que olvidar y traerlo de nuevo a la memoria cuando se necesitase, luego, rápidamente, olvidarlo otra vez. Ésta era la sutileza más refinada: inducir conscientemente la inconsciencia y después una vez más, ser consciente del acto de hipnosis que se acababa de realizar. Incluso para entender la palabra bipensar había que bipensar.”

Así, “dictadura” es “democracia”, “autocracia” se convierte en “presidencia constitucional”, y “oscuro capítulo de la nación paraguaya”, pasa a ser “parte de la historia grande del Paraguay”.

Lo que no debemos perder de vista quienes nos encontramos alertados contra esa operación propagandística, es que esos aciagos 35 años no representaron un accidente, un desliz, un lapsus, un episodio breve en el que el partido “nacional y republicano” abdicó y fue infiel a su noble ideario. Representan su esencia. La evidencia muestra que tal esencia persiste hasta hoy, tal vez con otro ropaje aunque no muy diferente, justo es decirlo, producto de los tiempos que vivimos. Estamos hablando de un capítulo largo y nefasto de su historia, que los falsificadores quieren negar, para que la propaganda partidaria siga repitiendo que el coloradismo es lo mejor que le pudo pasar al Paraguay y que los destinos patrios están atados al partido que “encarna el ser nacional (vaya insulto al pueblo paraguayo).

Un partido que mató menos y que construyó rutas, represas, algunos puentes. Esta repetición de enunciados performativos, pretende poniendo otro ejemplo que un papel, un código laboral, nos hará olvidar que los sindicatos fueron brutalmente reprimidos y que dicha persecución a los trabajadores se institucionalizó mediante el funcionamiento a lo largo del régimen autocrático mediante una dependencia policial llamada Asuntos Obrero. Esta dependencia, como nos lo cuenta el estudioso del movimiento sindical paraguayo, Ignacio González Bozzolasco, era la “instancia encargada de controlar a organizaciones, actores y acciones del campo sindical, obviamente para reprimir cualquier intento de defensa genuina de derechos laborales o contestación al régimen.

Tal cual lo hicieran el fascismo alemán e italiano según  el historiador norteamericano Michael Parenti, Stroessner aplastó de entrada al movimiento de los trabajadores, asesinando, torturando, encarcelando y exiliando a sus líderes.  Si existieren dudas a este respecto, González B. señala que todo lo relacionado con la represión al movimiento obrero se encuentra, para quien se interese por este asunto, en legajosdiversos y disponibles:

Museo de la Justicia, Centro de Documentación y Archivo para la Defensa de los Derechos Humanos” –Archivos del Terror– y la “Biblioteca Nacional del Paraguay” (…) contiene(n) los archivos de la Policía de la Capital, más específicamente del Departamento de Investigaciones y de la Dirección Nacional de Asuntos Técnicos, desde finales de la década de 1930 hasta inicios de 1990 (…) Sus más de 300.000 documentos dan cuenta del funcionamiento de los aparatos de represión policial durante el régimen Stronista. Entre ellos, se encuentra todo el material informativo y documental producido por el Departamento Obrero de la Policía (sic)….

Por si fuere necesario, también existen archivos en Brasil, Estados Unidos y Alemania, sigue el mismo autor, cuyo trabajo recomiendo desde ya para conocer lo ocurrido con el movimiento obrero durante el stronismo.

Por último, los apologistas del régimen siempre se concentraron, con cierta dosis de honestidad, en las “obras”, ya que mucho más no puede decirse para laudar el régimen. También, en obras etéreas, como la lucha contra el comunismo como única opción válida en la guerra fría”, en la “paz y el progreso”, apareciendo como novedosa la reciente catalogación del autócrata Alfredo Stroessner como una presidenteconstitucional (sic).

Esta categorización es tan problemática que sería arduo responder a todo lo pretendido con tal audaz dictum, siempre dentro de esa lógica de construir realidades inexistentes mediante el lenguaje.

No sólo Stroessner llegó al poder mediante un golpe de Estado (ilegitimidad de origen) blanqueando su mandato más adelante con elecciones amañadas, fraudulentas, bajo estado de sitio, sino que la recurrencia a la represión sistemática (ilegitimidad de ejercicio) fue su nota esencial. Ese modo de ejercer el poder se encuadra dentro de lo que Luigi Ferrajoli denominara legalidad sin constitucionalismo, donde la protección de los derechos fundamentales y límites claros a todo tipo de poder son un requisito esencial de toda democracia constitucional. En los términos de Karl Loewenstein, el régimen de Stroessner no fue otra cosa que la vigencia de una constitución semántica, sostén de un constitucionalismo orwelliano ficticio mediante un texto jurídicamente performativo en el peor sentido: no limitaba el poder, sino que pretendía producirlo simbólicamente como “constitucional”.

No sólo Stroessner llegó al poder mediante un golpe de Estado (ilegitimidad de origen) blanqueando su mandato más adelante con elecciones amañadas, fraudulentas, bajo estado de sitio, sino que la recurrencia a la represión sistemática (ilegitimidad de ejercicio) fue su nota esencial.

Si algunos persisten en mirar el pasado de nuestro país con un espejo retrovisor empañado de mentiras, sectarismo y autojustificación, difícilmente la historia no nos cobre el grave pecado de negar la misma, lo cual sabemos, sólo lleva a repetirla.

* Abogado, docente, ex miembro de la Comisión de Verdad y Justicia, autor de “Una constitución asediada: el (mal) Estado constitucional de derecho en Paraguay”.

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