
Por Marcos Pérez Talia
Un 10 de julio de 1887 nacía el Centro Democrático, antecedente del actual Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). Desde entonces pasaron 139 años atravesados por persecuciones, proscripciones, exilios, etapas de gobierno y períodos de reconstrucción. Su historia está profundamente entrelazada con la del Paraguay.
Pero los aniversarios sirven de poco si solo invitan a mirar hacia atrás. La política siempre exige responder al presente. Y el desafío del PLRA hoy no consiste tanto en reivindicar su historia como en demostrar que todavía tiene un papel central en la construcción de una alternativa democrática para el país.
Ese desafío puede resumirse en tres grandes tareas.
La primera es recuperar el liderazgo político de la oposición. No significa renunciar a su vocación de disputar el poder ni resignar candidaturas propias. Significa asumir un papel de articulación en un escenario opositor fragmentado.
Hoy existe un evidente vacío de liderazgo. El Frente Guasú ya no ejerce la influencia que tuvo durante el liderazgo de Fernando Lugo. Cruzada Nacional no logró consolidarse como una organización política estable. Patria Querida perdió representación parlamentaria. En ese contexto, el PLRA sigue siendo el principal partido de oposición por su estructura territorial, su historia y su vigencia institucional.
Esa posición implica una responsabilidad adicional: reducir la dispersión de las fuerzas opositoras. Las múltiples candidaturas en elecciones recientes han restado competitividad frente a un Partido Colorado que, además de su fortaleza electoral, controla el Poder Ejecutivo y cuenta con amplia influencia en los demás poderes del Estado. Una candidatura única no garantiza el triunfo, pero sí mejora las posibilidades de construir una alternativa real de gobierno.
El segundo desafío consiste en reconstruir credibilidad desde la gestión. La recuperación del partido difícilmente comenzará desde su sede organizativa en Asunción; posiblemente lo haga con más éxito desde los municipios donde gobierna.
Las administraciones liberales que muestran buenos resultados deben convertirse en ejemplos visibles y replicables. La gestión local puede transformarse en la principal carta de presentación del partido, demostrando capacidad para administrar recursos, resolver problemas y generar confianza ciudadana. Un partido -junto a un bloque opositor sólido- que aspira a gobernar el país necesita primero demostrar que puede gobernar bien allí donde ya tiene responsabilidades.
El tercer desafío pasa por fortalecer su institucionalidad interna. Ningún partido puede proyectarse como alternativa nacional si sus propios órganos funcionan con debilidad.
Eso implica revitalizar el Directorio, las direcciones partidarias y los comités; fortalecer el Instituto José P. Guggiari como espacio permanente de formación política y generación de liderazgos; y, al mismo tiempo, reconstruir una relación más sólida entre las decisiones institucionales y la actuación de sus representantes electos.
Pero los aniversarios sirven de poco si solo invitan a mirar hacia atrás. La política siempre exige responder al presente. Y el desafío del PLRA hoy no consiste tanto en reivindicar su historia como en demostrar que todavía tiene un papel central en la construcción de una alternativa democrática para el país.
Las últimas elecciones internas mostraron una preferencia mayoritaria del electorado liberal por dirigentes que mantengan una posición claramente opositora al gobierno colorado. La distancia entre esa voluntad expresada en las urnas y el comportamiento de algunos parlamentarios ha alimentado tensiones internas que el partido deberá resolver si pretende fortalecer su identidad política.
Las elecciones municipales de 2026 serán la primera gran prueba de este proceso. Más que una elección local, serán el primer examen sobre la capacidad del PLRA para reorganizarse, ejercer liderazgo y recuperar competitividad de cara a las elecciones generales de 2028.
A 139 años de su nacimiento, el principal desafío del Partido Liberal ya no es preservar su legado histórico. Es demostrar que sigue teniendo la capacidad de construir una alternativa política para el Paraguay del siglo XXI.
