¿Se termina el Paraguay barato? El costo de vida en dólares es el más alto en más de una década

Por Javier Lassalle
Paraguay siempre tuvo fama de país barato y los números la respaldaban. En los rankings internacionales de costo de vida, Asunción aparece sistemáticamente en el fondo de la tabla: en la clasificación de la consultora Mercer de las ciudades más caras del mundo suele ubicarse entre las últimas posiciones, y en los índices que comparan precios entre ciudades figura como la ciudad más barata de Sudamérica, con un costo de vida apenas un cuarto del de Nueva York. A esa condición de país barato se sumaba otra virtud menos comentada: la estabilidad. Ser barato un año y caro al siguiente no sirve de mucho; Paraguay fue barato de manera consistente durante más de una década. Ese doble atributo —barato y estable— fue un imán para inversores, empresas maquiladoras y, más recientemente, para el auge inmobiliario. En este artículo quiero mostrar que ese atributo está desapareciendo a una velocidad inédita.
Para entender lo que está pasando, conviene empezar con un ejemplo sencillo de qué es el costo de vida en dólares. Supongamos que este año una canasta de bienes y servicios cuesta Gs. 8.000.000 y el tipo de cambio es de 8.000 guaraníes por dólar. Esa canasta cuesta, entonces, USD 1.000. Si el próximo año la canasta sube a Gs. 8.400.000 (5% de inflación) y el tipo de cambio también sube a 8.400 (5% de aumento del tipo de cambio), la canasta sigue costando exactamente USD 1.000: el costo de vida en dólares no se movió, porque la inflación y el tipo de cambio se compensaron. ¿Pero qué pasa si la canasta sube a Gs 8.400.000 y el tipo de cambio, en vez de subir, baja a 6.000 guaraníes por dólar? La misma canasta pasa a costar USD 1.400. Para quien gana, ahorra o vende en dólares, Paraguay se encareció un 40%, aunque la inflación local fue de apenas 5%. Eso, en esencia, es lo que está ocurriendo.
El gráfico 1 muestra el índice de costo de vida en dólares, que se construye dividiendo el índice de precios al consumidor con el tipo de cambio. Entre fines de 2015 y mediados de 2025 —casi diez años— el índice osciló en una banda estrecha, entre 89 y 107 puntos. Hubo meses más baratos y otros más caros, pero al cabo de una década, Paraguay costaba en dólares prácticamente lo mismo que al principio. Esa es la estabilidad de la que hablábamos.
Gráfico 1: Índice de costo de vida de Paraguay en dólares (promedio ene 2016 – dic 2025 = 100).

Fuente: elaboración propia con datos del BCP.
Lo que ocurrió después no tiene precedentes en el período. Entre abril de 2025 y junio de 2026, el dólar cayó de unos G. 8.000 a alrededor de G. 6.000, lo que representa una apreciación del guaraní del 25%. En ese mismo lapso los precios internos subieron apenas 2%. El resultado: el costo de vida en dólares aumentó 34% en catorce meses y el índice llegó a 135 puntos, un nivel superior incluso al alcanzado durante el superciclo de los commodities, cuando la bonanza sojera también fortaleció al guaraní. Dicho de otro modo: para quien mide sus cuentas en dólares, Paraguay está más caro en un 34,9% que en la última década.
Las causas de la apreciación del guaraní son varias: la entrada de capitales tras el grado de inversión, el diferencial de tasas de interés frente a Estados Unidos, varios años consecutivos sin sequía y un dólar globalmente más débil. El guaraní cerró 2025 como una de las monedas más fuertes de la región, con una apreciación cercana al 17%, y en 2026 la tendencia continuó, con una apreciación interanual cercana al 20%. No es un fenómeno inflacionario —la inflación está en mínimos— sino puramente cambiario. Pero en cuanto al costo de vida en dólares, el efecto es el mismo.
La apreciación tiene ganadores claros: importadores, consumidores de bienes importados —los vehículos y electrodomésticos registraron una deflación interanual de 9,3%— y el propio Estado, que paga menos guaraníes por los intereses de su deuda en dólares, tema que tratamos en una entrada anterior. Pero los perdedores no son menos importantes. Los exportadores de carne y granos reciben menos guaraníes por cada dólar, con costos que siguen en moneda local. Los productores de banano y piña ya hablan de una “catástrofe silenciosa”. La maquila, cuyo modelo de negocio se basa precisamente en el bajo costo en dólares, pierde su principal argumento. El turismo receptivo y el comercio fronterizo se encarecen frente a los vecinos. Y los trabajadores que reciben remesas o sueldos en dólares ven caer su poder de compra mes a mes.
Quiero detenerme en un sector que hoy presenta cifras muy positivas: la construcción. Fue el motor del crecimiento reciente, con expansiones de dos dígitos (12,9% en el primer trimestre de 2025), impulsado por un boom inmobiliario que atrae capitales extranjeros, especialmente de países vecinos y de Europa. Ese boom tiene, sin embargo, una particularidad que lo vuelve especialmente vulnerable: los desarrolladores venden mayormente en dólares —a compradores extranjeros que llegaron atraídos, justamente, por lo barato que era Paraguay— mientras que sus costos (salarios, cemento, terrenos, servicios) están en guaraníes. Con un dólar 25% más bajo, cada departamento vendido en dólares rinde muchos menos guaraníes para cubrir costos que no bajaron. El sector enfrenta entonces una disyuntiva incómoda: subir los precios en dólares para mantener márgenes, con lo cual los inmuebles paraguayos dejan de ser la ganga regional que sostenía la demanda, o mantener los precios y absorber la pérdida. En cualquiera de los dos caminos, el argumento de venta que alimentó el boom —”Paraguay es barato”— se debilita. Los buenos números de hoy pueden estar ocultando el problema de mañana.
¿Y qué espera el mercado? Según la última Encuesta de Expectativas de Variables Económicas del Banco Central, correspondiente a julio de 2026, los agentes económicos proyectan un dólar de apenas G. 6.300 al cierre de este año y de G. 6.500 a fines de 2027, previsiones que, además, vienen siendo corregidas a la baja mes tras mes. Es decir, el propio mercado espera que el guaraní siga fuerte, muy lejos de los G. 8.000 de inicios de 2025. Si la tendencia continúa, Paraguay dejará de ser el país barato que casi siempre fue y, con ello, perderá una ventaja competitiva que nunca valoramos lo suficiente, quizá porque nunca la habíamos perdido. La pregunta que deberíamos empezar a hacernos es incómoda, pero necesaria: ¿qué le queda por ofrecer a un país caro que construyó su atractivo sobre la base de ser barato?
