
Por Marcos Pérez Talia
La historia política de Paraguay está cargada de presidentes y líderes de toda laya. Intelectuales, carismáticos, corruptos, huraños, irascibles, autoritarios, etc. El que se sale de esta norma es Manuel Gondra -dos veces presidente de la República- quien sigue siendo una rara avis en nuestra fauna política. Este 8 de marzo se cumplen 95 años de su fallecimiento, con lo cual este artículo quiere abordar una faceta de Gondra aún poco explorada: su poca ambición de conservar el poder, a pesar de ser el referente político ideal y virtuoso de la época. Para ello, vamos a recuperar algunas ideas clásicas de Maquiavelo a quien asumimos -de modo metafórico nada más- que Gondra no leyó o, peor aún, no quiso seguir sus enseñanzas.
