La victoria de Macron y la debacle del bipartidismo francés

por José Duarte Penayo

Con el 66,1% de los votos Emmanuel Macron le ganó la segunda vuelta electoral a Marine Le Pen, quien obtuvo 33,9 %. Estos resultados se computaron sin considerar que 25,4% de los electores inscriptos se abstuvo y que los votos nulos y blancos llegaron al 8,5%.

Aun así, Macron se consagró como presidente de Francia, el octavo de la Quinta República. Es el emergente exitoso de la debacle del bipartidismo francés, cuya nota más resaltante fue la ausencia en la segunda vuelta del Partido Socialista y del partido Los Republicanos. En un contexto donde se habla de la reconfiguración del clivaje político en términos de soberanistas versus mundialistas, la celebración de la victoria de Macron estuvo teñida del color azul de las banderas europeas. El acontecimiento pone, entonces, un dique a la ola soberanista iniciada con el Brexit y la llegada al poder de Donald Trump, ya que consolida la apuesta de los franceses por la Unión Europea y descarta, por el momento, la posibilidad de una salida del euro y de los acuerdos de integración continental.

Chez-Macron-un-avant-gout-de-victoire

El nuevo presidente es un joven de 39 años, de meteórico ascenso en la gestión pública y en la vida política. Educado por los jesuitas de Amiens, donde conoció a su esposa Brigitte Trogneux (era su profesora de francés y de teatro), Macron realizó el clásico trayecto de las élites políticas francesas que se forman para la tarea gubernamental: escuela preparatoria en el histórico Liceo Henry IV, egresado de Science Po y luego de la ENA (Escuela Nacional del Administración). A pesar de haber fracasado dos veces en el intento de ser parte de la Escuela Normal Superior, aquello no le impidió realizar una tesis de maestría sobre cuestiones ligadas a la filosofía del derecho de Hegel, bajo la dirección de renombrado intelectual Étienne Balibar. Asimismo, es conocida su cercanía a uno de los filósofos más importantes que tuvo Francia en el siglo XX, Paul Ricœur, de quién fue su asistente por un breve lapso en tareas de edición.

Autodefinido como un centrista que busca posicionarse más allá de las tradiciones políticas del siglo XX, su programa de gobierno apunta a «modernizar» el Estado de bienestar francés, flexibilizando el mercado laboral, reduciendo el gasto público y bajando los impuestos a los emprendedores, todo esto en un clima de cosmopolitismo y adhesión a los valores políticos fundamentales de la República.

Además de sus inquietudes filosóficas, Macron ha intercalado su paso por la gestión pública con un exitoso desempeño en la Banca de Negocios Rothschild & Cie. Aunque es miembro del Partido Socialista desde los 24 años, es en su faceta de hombre de finanzas donde conoció a quienes lo catapultaron en el entorno inmediato de François Hollande (se destacan entre estas figuras los nombres de Jacques Attali y Jean-Pierre Jouyet). Antes de fundar su propio movimiento político En Marche! el año pasado, negándose a participar de las primarias del Partido Socialista, Macron fue Secretario General Adjunto del Elíseo y luego Ministro de Economía de Hollande, bajo el gobierno del Primer Ministro Manuel Valls.

Autodefinido como un centrista que busca posicionarse más allá de las tradiciones políticas del siglo XX, su programa de gobierno apunta a «modernizar» el Estado de bienestar francés, flexibilizando el mercado laboral, reduciendo el gasto público y bajando los impuestos a los emprendedores, todo esto en un clima de cosmopolitismo y adhesión a los valores políticos fundamentales de la República. Se buscará con esas medidas revertir la curva del desempleo, actualmente casi del 10%, desafío fundamental que signó el fracaso de su antecesor, impidiéndole ir por su reelección.

Además del desempleo y la amenaza terrorista que marcaron el quinquenio que culmina, Macron tiene como principal desafío político la conformación de una nueva mayoría que le permita llevar a cabo sus promesas de campaña. Esto no es para nada sencillo, dado el sistema semipresidencialista francés y la existencia de un modo de elección legislativo no-proporcional (el que gana se lleva toda la representación de un distrito). En un mes se vienen las elecciones legislativas, cita electoral que va definir con más claridad el todavía incierto rostro del nuevo gobierno. El horizonte más probable es la cohabitación, dado que si no alcanza una mayoría propia en la Asamblea Nacional, el nuevo presidente francés deberá aceptar un primer ministro surgido de una eventual mayoría opositora. Teniendo en cuenta que Macron ganó la primera vuelta con sólo el 24,1% de los sufragios, la tarea de imponerse en la Asamblea Nacional sería casi una hazaña.

* Imagen de portada: APF/Reuters.

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