
*Por Katia Gorostiaga Guggiari
Como decía Barret, en la política no hay más que cómplices. Y los últimos días, sin lugar a dudas, fueron una prueba palpable de que esto es cierto. El blindaje de José María Ibáñez, salvo excepciones, nos demostró que, de honorable, la Cámara de Diputados no tiene más que el nombre.
