La caída de Ibáñez: De la sanción moral a la protesta en las calles

*Por Katia Gorostiaga Guggiari

Como decía Barret, en la política no hay más que cómplices. Y los últimos días, sin lugar a dudas, fueron una prueba palpable de que esto es cierto. El blindaje de José María Ibáñez, salvo excepciones, nos demostró que, de honorable, la Cámara de Diputados no tiene más que el nombre.

Aunque creo que todos y todas conocemos los hechos, es importante recordar que Ibáñez no sólo usó fondos públicos para el pago de sus caseros, sino que, además, retuvo el 50% de dicho dinero. Más allá de las pruebas, el susodicho confesó que esto era cierto. Y, por si fuera poco, nos perdonó por juzgarlo. Aun así, sus compañeros y compañeras lo protegieron. Tus representantes y los míos –por lo menos en la teoría- prefirieron blindarlo a pesar de que reconoció la comisión de un hecho punible penado por ley.

Entonces, ante esto, ¿qué nos quedaba hacer como ciudadanía? ¿Debíamos esperar que la justicia haga algo? ¿Teníamos que aguardar que sus cómplices se arrepientan y decidan dejarlo sin fueros para que sea juzgado como lo harían contigo y conmigo? No. Esa espera podría resultar poco menos que fútil.

En atención a esto, un sector de la ciudadanía decidió usar la sanción moral. La sanción moral se manifestó de diversas formas: ciertas organizaciones pidieron la expulsión del criminal confeso, algunos comercios lo declararon persona no grata y prohibieron su entrada. Asimismo, hubo asociaciones que solicitaron formalmente la exclusión de sus cómplices. De hecho, hasta su esposa sufrió las consecuencias de los hechos.

Ahora, ¿fue la sanción moral suficiente? La respuesta claramente es NO. Es más, a pesar de la sanción moral, Ibáñez, en principio, casi se sale con la suya, protegido, claro está, por sus complices politicos. Dichos cómplices, además de brindarle su protección, le otorgaron vacaciones. No obstante, algo pasó luego de ese blindaje. En efecto, de la sanción moral, se pasó a un repertorio de acciones directas, no sólo contra el otrora diputado, sino también en contra de otros políticos indiciados de corruptos así como de aquéllos que votaron a favor del blindaje.

Este nuevo repertorio de acciones trajo aparejadas situaciones muy interesantes. Por un lado, unió a la ciudadanía y  promovió el diálogo entre personas que probablemente en otras circunstancias no hubieran cruzado palabra. Asimismo, colocó en el tapete lo enquistada que está la corrupción en el país. Además, nos situó en alerta ante hechos de este tipo que, aunque no nos guste admitir, pasan todos los días delante de nuestros ojos. Pero, sobre todo, hizo renacer la esperanza de que los paraguayos y paraguayas no vamos a dejar pasar estos hechos sin decir ni hacer nada.

Ahora, ¿fue la sanción moral suficiente? La respuesta claramente es NO. Es más, a pesar de la sanción moral, Ibáñez, en principio, casi se sale con la suya, protegido, claro está, por sus complices politicos. Dichos cómplices, además de brindarle su protección, le otorgaron vacaciones. No obstante, algo pasó luego de ese blindaje. En efecto, de la sanción moral, se pasó a un repertorio de acciones directas, no sólo contra el otrora diputado, sino también en contra de otros políticos indiciados de corruptos así como de aquéllos que votaron a favor del blindaje”

Por esas razones, la sanción moral fue el caldo de cultivo para pasar a otro tipo de acciones. Cansados y cansadas de que la clase política nos tome por ignorantes o por pasivos ante realidades que violentan la ley, se organizaron acciones directas, como los escraches frente a la casa de Ibáñez y la gran convocatoria a una marcha multisectorial frente al Congreso, lo cual ya asustó incluso al nuevo gobierno por asumir.  Este paso de la indignación a la acción directa fue de fundamental importancia porque dejó en claro la seguridad respecto de que, si la justicia o la clase política deciden dar vuelta la cara ante la ciudadanía,  nosotros y nosotras estamos listos para recordarles sus funciones en las calles.

Entonces, no, la sanción moral no fue suficiente para sacar a Ibáñez en un principio.  Pero nos juntó e hizo crecer la ilusión de que un Paraguay mejor todavía es posible. Y esto se trasladó a las calles, generando a todas luces una victoria ciudadana. Así, el pasado 6 de agosto, después de la merecida reacción ciudadana, Ibañez finalmente presentó su renuncia.

Sin embargo, por lo menos para mí, su renuncia es insuficiente. En primer lugar, porque si vos o yo hubiéramos cometido un hecho punible, estaríamos siendo juzgados por órganos jurisdiccionales o ya estaríamos cumpliendo la pena en alguna prisión. En segundo lugar, porque si algún amigo o amiga nos hubiera ayudado, estarían siendo tratados como cómplices en un proceso judicial. Además porque, aunque existen personas que lo siguen defendiendo, Ibañez traicionó la confianza de otras tantas que creyeron lo suficiente como para votar por él.

¿Cuántos otros representantes obraron igual que Ibáñez? ¿Nos quedamos con la renuncia de uno y nos olvidamos de los otros? ¿O aprovechamos el impulso y vamos por más?

Fuente imagen de portada: RDN

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