¿Influyen los vínculos presidenciales en el cumplimiento del mandato?

Por Katia Gorostiaga Guggiari.

A partir de la tercera ola de la democratización en América Latina -que se inicia en 1978, con las transiciones a la democracia moderna-, varios presidentes han visto sus mandatos amenazados cuando las crisis presidenciales se hacen patentes. Las conclusiones de dichas crisis son explicadas de diferentes maneras. Una de las explicaciones más relevantes argumenta que la posesión o carencia de mayorías parlamentarias determina que el desenlace se incline hacia la permanencia del presidente o a la destitución del mismo. Ahora, si bien es cierto que muchas de las conclusiones de las crisis pueden explicarse a través de lo dicho, existen otras tantas que no. En atención a esto, deviene interesante indagar qué otros factores pueden explicar que las crisis concluyan de maneras diferentes.

Entre los otros factores que merecen ser explorados, es necesario tener en cuenta que en las crisis presidenciales la disputa no se queda únicamente en la arena política, sino que trasciende a la misma y frecuentemente involucra a otras élites que pueden verse afectadas por el resultado. Estas élites, muchas veces, tienen la capacidad de influir en la conclusión de dichos episodios, ya sea logrando la estabilización del poder en algunos casos, o bien, dirigiendo sus acciones a otro tipo de soluciones como destituciones de ministros del gabinete o del propio titular del Poder Ejecutivo.

Aunque existen diferentes tipos de élites, hay dos que resultan muy interesantes a la hora del análisis: la élite económica o empresarial, y, aunque suene hasta contradictorio, la élite sindical. La medición del poder, entendido como capacidad de influir en las decisiones del poder político, puede hacerse de varias formas. Sin embargo, una de las más sencillas es a través del vínculo que tienen los titulares del ejecutivo con las mismas; es decir, si vienen de las élites económicas -empresarios-, o bien, fueron dirigentes sindicales antes de dar el salto a la palestra política.

A fin de ver esa influencia, lo primero que se tiene que decir es que, desde el año 1978 hasta el 2016, se han registrado 54 casos de crisis presidenciales en América Latina. Entiéndase por éstas el desafío del Congreso contra el presidente, es decir, la amenaza de destitución de este último. Algunos de los presidentes venían de la clase empresarial, tales como Gonzalo Sánchez de Losada en Bolivia o Fernando Collor de Melo en Brasil; mientras que otros tenían vínculos con los sindicatos, como Salvador Sánchez en El Salvador o Nicolás Maduro en Venezuela.

Cabe preguntarse entonces si en Paraguay la construcción de alianzas extraparlamentarias es necesaria para el cumplimiento del término del mandato constitucional de un presidente.

De estas 54 crisis observadas, 16 presidentes no lograron cumplir el término de su mandato, ya sea porque adelantaron las elecciones, traspasaron el mando anticipadamente, renunciaron o bien, fueron destituidos a través de procedimientos, en varios de los casos, de dudosa constitucionalidad.

Tabla 1 – Vínculos con las élites económicas

Desenlace de la Crisis Presidentes sin vínculos empresariales Presidentes con vínculos empresariales Total
No concluye el mandato 11 5 16

Ahora bien, ¿cuáles eran los vínculos de esos presidentes? Según se advierte de la Tabla 1, de los 16 presidentes que no concluyeron su mandato, sólo cinco tenían vínculos con la élite empresarial, mientras que 11 carecían de los mismos. Entonces, de buenas a primeras, y sin controlar por otras variables, puede decirse que la carencia de tales vínculos aumenta las probabilidades del titular del Ejecutivo de verse forzado a salir antes del cumplimiento del término constitucional de su mandato.

Tabla 2 – Vínculos con los sindicatos

Desenlace de la Crisis Presidentes sin vínculos sindicales Presidentes con vínculos sindicales Total
No concluye el mandato 16 0 0

A su vez, según se puede ver en la Tabla 2, ninguno de los presidentes que fue forzado a salir poseía vínculos con los sindicatos o provenía de sus filas. Puede decirse, entonces, que la carencia de vínculos con los sindicatos aumenta las probabilidades de destitución o renuncia del primer mandatario ante una crisis presidencial.

Al trasladar lo dicho a la realidad nacional, se generan ciertas dudas. En efecto, desde la transición a la democracia, hubo tres presidentes que fueron abiertamente desafiados por la clase política. El primero de ellos fue Raúl Cubas Grau, quien renunció antes de que la Cámara de Senadores lo juzgara. El segundo, su sucesor, González Macchi, campeó tres crisis presidenciales con éxito. El tercero y último -por ahora- fue Fernando Lugo, quien terminó siendo destituido. ¿Cuáles eran los vínculos de estos presidentes?

Cubas Grau venía del empresariado. Sin embargo, hasta los propios empresarios le soltaron las manos ante las decisiones tomadas, al mismo tiempo que su partido -la ANR- se encontraba claramente fraccionado. Asimismo, carecía de vínculos con los sindicatos. Entonces, cuando le llegó la hora de enfrentar la crisis, estaba prácticamente sin aliados.

Entonces, ¿qué le conviene a Mario Abdo? ¿Servirse de sus vínculos empresariales a fin de que éstos lo protejan ante los eventuales desafíos que le van a tocar, o bien, tratar de construir mayorías, aunque sean endebles, en el Congreso?

González Macchi, por su parte, carecía de vínculos tanto con los empresarios como con los sindicatos, pero, por lo menos en apariencia, la clase política decidió respaldarlo. En efecto, la última crisis que enfrentó llegó hasta la Cámara de Senadores donde, si bien hubo mayoría a favor de su destitución, ésta no fue la requerida por la Constitución Nacional.

Finalmente, Fernando Lugo, al igual que González Macchi, carecía de vínculos con la élite empresarial y con los sindicatos. Esto, sumado a que no contaba con mayoría en el parlamento, fue destituido en menos de 24 horas.

Cabe preguntarse entonces si en Paraguay la construcción de alianzas extraparlamentarias es necesaria para el cumplimiento del término del mandato constitucional de un presidente o bien, basta con contar con coaliciones parlamentarias lo suficientemente fuertes que, ante crisis de alta magnitud, puedan soportar las amenazas contra el primer mandatario.

En atención a esto, el escenario que se le presenta al nuevo presidente es bastante similar al de Cubas Grau: por un lado, tiene vínculos empresariales y, por el otro, su partido se halla fraccionado. Entonces, ¿qué le conviene a Mario Abdo? ¿Servirse de sus vínculos empresariales a fin de que éstos lo protejan ante los eventuales desafíos que le van a tocar, o bien, tratar de construir mayorías, aunque sean endebles, en el Congreso? Pues bien, teniendo en cuenta que su principal contrincante no sólo tiene vínculos empresariales – probablemente más fuertes que los propios- sino que, además, controla parte de su partido, le convendría empezar a pensar cómo conquistar a los sindicatos y, al mismo tiempo, a los partidos políticos de la oposición. Por ahora, por lo menos de buenas a primeras, parece que va por buen camino.

 

Fuente de la imagen: Clarín

 

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