Género

Paridad: sobre la necesidad de aprobar la ley


Por Ma­ría del Pi­lar Aben­te*

El pro­yec­to de ley de pa­ri­dad, re­cien­te­men­te san­cio­na­do por la Cá­ma­ra de Se­na­do­res, tuvo una in­tere­san­te re­per­cu­sión en sec­to­res de la so­cie­dad pa­ra­gua­ya. En mu­chos ca­sos, in­clu­so, se han adop­ta­do pos­tu­ras po­la­ri­za­das en torno al tema. Sin em­bar­go, el de­ba­te per­ma­ne­ce abier­to y exis­ten in­te­rro­gan­tes que no han sido de­bi­da­men­te abor­da­das.

La pa­ri­dad de­mo­crá­ti­ca es una he­rra­mien­ta que tie­ne como ob­je­ti­vo in­me­dia­to ele­var la par­ti­ci­pa­ción fe­me­ni­na en la vida po­lí­ti­ca del país, y como con­se­cuen­cia de ello con­tri­buir a una de­mo­cra­cia de ma­yor ca­li­dad para to­das y to­dos. El pro­yec­to es­ta­ble­ce que las mu­je­res de­ben ocu­par el 50% de los car­gos pú­bli­cos de toma de de­ci­sio­nes, car­gos a los cua­les no han po­di­do ac­ce­der has­ta hoy, no por fal­ta de mé­ri­tos o ca­pa­ci­dad o si­quie­ra in­te­rés, sino por­que exis­ten dos ti­pos de ba­rre­ras:

  • las for­ma­les, como ser la fal­ta de ac­ce­so a fi­nan­cia­mien­to para cam­pa­ñas, la for­ma de pre­sen­ta­ción de las can­di­da­tu­ras, la cuo­ta fe­me­ni­na que en la prác­ti­ca ope­ra como un tope (no como mí­ni­mo),
  • las no for­ma­les, como son las ac­ti­tu­des cul­tu­ra­les ba­sa­das en mo­de­los pa­triar­ca­les, los es­te­reo­ti­pos y ro­les de gé­ne­ro prees­ta­ble­ci­dos, las li­mi­ta­cio­nes so­cia­les a los as­cen­sos la­bo­ra­les de las mu­je­res (el te­cho de cris­tal), la vio­len­cia en to­das sus ma­ni­fes­ta­cio­nes, prin­ci­pal­men­te la vio­len­cia po­lí­ti­ca.

Es­tas si­tua­cio­nes son apli­ca­bles a to­dos los ám­bi­tos de la vida so­cial. Las mu­je­res y hom­bres son igua­les ante la ley, pero esa igual­dad de de­re­chos en la prác­ti­ca no es real ni efec­ti­va. Es que la ley, no es una he­rra­mien­ta que cam­bia ne­ce­sa­ria­men­te de for­ma au­to­má­ti­ca todo un sis­te­ma cul­tu­ral. Por tan­to, a pe­sar de que el mar­co ju­rí­di­co re­co­noz­ca la igual­dad de de­re­chos en­tre hom­bres y mu­je­res, la cul­tu­ra ma­chis­ta si­gue vi­gen­te, lo que pone a las mu­je­res en de­sigual­dad de par­ti­da. Aho­ra, lo que sí cam­bia­rá in­me­dia­ta­men­te con la ley de pa­ri­dad es la re­pre­sen­ta­ción en los car­gos pú­bli­cos de for­ma equi­ta­ti­va en­tre va­ro­nes y mu­je­res.

El pro­yec­to plan­tea en cuan­to a car­gos co­le­gia­dos, la pa­ri­dad de las lis­tas tan­to ver­ti­cal como ho­ri­zon­tal: és­tas no solo de­ben es­tar in­te­gra­das por 50% de mu­je­res y 50% de va­ro­nes, sino que ade­más se debe cum­plir con el “man­da­to de po­si­ción” ubi­can­do de for­ma al­ter­na­da a una mu­jer y un hom­bre o vi­ce­ver­sa (ver­ti­cal). En cuan­to a la pa­ri­dad ho­ri­zon­tal, exi­ge que las lis­tas es­tén en­ca­be­za­das por mu­je­res y por hom­bres, tam­bién en un 50%. Con la sal­ve­dad de que la pa­ri­dad ho­ri­zon­tal es sólo para los ór­ga­nos co­le­gia­dos de elec­ción po­pu­lar.

La ver­sión apro­ba­da por Se­na­do­res dis­po­ne que se de­sig­ne un 50% de mu­je­res como mi­nis­tras del Po­der Eje­cu­ti­vo y en to­dos los de­más ór­ga­nos co­le­gia­dos de la ad­mi­nis­tra­ción. Esto úl­ti­mo, por­que si bien exis­te un ac­ce­so pa­re­jo en cuan­to a can­ti­dad de las mu­je­res y hom­bres en la fun­ción pú­bli­ca, lo cier­to es que sólo és­tos ocu­pan los car­gos su­pe­rio­res y de toma de de­ci­sio­nes.

Las es­ta­dís­ti­cas de­mues­tran que las cuo­tas fe­me­ni­nas, si bien tie­nen un im­por­tan­te va­lor sim­bó­li­co y han con­tri­bui­do a mer­mar la pro­ble­má­ti­ca, si­guen sien­do in­su­fi­cien­tes. Como prue­ba, el Con­gre­so ac­tual está in­te­gra­do por me­nos del 20% de mu­je­res y ac­tual­men­te no exis­te nin­gu­na go­ber­na­do­ra en to­dos los de­par­ta­men­tos del país. Si bien el Có­di­go Elec­to­ral es­ta­ble­ce una cuo­ta del 20%, y exi­ge que de cada cin­co can­di­da­tos se in­clu­ya por lo me­nos una mu­jer, lo que ha ocu­rri­do en la prác­ti­ca es que el 20% ha fun­cio­na­do como un te­cho o tope (no como un mí­ni­mo) e in­clu­so se le han pues­to ge­ne­ral­men­te a las mu­je­res en lu­ga­res se­cun­da­rios (re­lleno), y casi nun­ca en­ca­be­zan­do las lis­tas.

Una de afir­ma­cio­nes más fa­la­ces que se han he­cho es que la pa­ri­dad es in­cons­ti­tu­cio­nal. Por el con­tra­rio, el ar­tícu­lo 46 de la C.N. con­sa­gra lo que se co­no­ce como ac­cio­nes afir­ma­ti­vas, y el ar­tícu­lo 48 ha­bla de la igual­dad en­tre el hom­bre y la mu­jer. Por tan­to, dada la reali­dad arri­ba des­crip­ta (de­sigual­dad de par­ti­da), su­ma­do al tex­to de la Cons­ti­tu­ción que nos de­cla­ra por un lado igua­les an­tes las le­yes y, por el otro, que el Es­ta­do asu­me la obli­ga­ción de que la mis­ma sea real­men­te efec­ti­va (ac­cio­nes afir­ma­ti­vas), la pa­ri­dad es ab­so­lu­ta­men­te cons­ti­tu­cio­nal.

Tam­bién se ha in­sis­ti­do que se re­em­pla­za­ría el cri­te­rio de me­ri­to­cra­cia por el de pa­ri­dad. Pero sur­ge in­me­dia­ta­men­te la pre­gun­ta: ¿Cuán­do se ha ana­li­za­do el mé­ri­to de los can­di­da­tos a dipu­tados, se­na­do­res, pre­si­den­tes, etc.? Ello no es más que un ejem­plo de los pre­jui­cios y es­te­reo­ti­pos de gé­ne­ro, ya que las mu­je­res de­ben pa­sar un fil­tro ex­tra más que los va­ro­nes.

“Las estadísticas demuestran que las cuotas femeninas, si bien tienen un importante valor simbólico y han contribuido a mermar la problemática, siguen siendo insuficientes. Como prueba, el Congreso actual está integrado por menos del 20% de mujeres y actualmente no existe ninguna gobernadora en todos los departamentos del país. Si bien el Código Electoral establece una cuota del 20%, y exige que de cada cinco candidatos se incluya por lo menos una mujer, lo que ha ocurrido en la práctica es que el 20% ha funcionado como un techo o tope (no como un mínimo) e incluso se le han puesto generalmente a las mujeres en lugares secundarios (relleno), y casi nunca encabezando las listas”

Si en­ten­de­mos la me­ri­to­cra­cia -ya sea como el sis­te­ma que exi­ge es­fuer­zo, mé­ri­to y/​o ca­pa­ci­dad-, es per­ti­nen­te re­cor­dar que la Cons­ti­tu­ción exi­ge ido­nei­dad para car­gos no elec­ti­vos, pero nada dice res­pec­to para los elec­ti­vos (ar­tícu­lo 48 nu­me­ral 3). No obs­tan­te, no exis­te opo­si­ción: para el ac­ce­so a las fun­cio­nes pú­bli­cas cuyo re­qui­si­to es la ido­nei­dad será siem­pre una exi­gen­cia y, si el par­ti­do o mo­vi­mien­to im­po­ne in­ter­na­men­te este cri­te­rio se lo hará jun­to con este sis­te­ma.

In­clu­so, la pa­ri­dad po­dría lo­grar que el sis­te­ma se vuel­va aún más com­pe­ti­ti­vo, por­que los di­ri­gen­tes po­lí­ti­cos ya no po­drán in­te­grar uni­la­te­ral­men­te sus lis­tas en­tre ellos, como siem­pre lo han he­cho. Por eso, ca­re­ce de sen­ti­do opo­ner­se a la pa­ri­dad por con­si­de­rar una im­po­si­ción al elec­to­ra­do: hoy las lis­tas son in­te­gra­das por va­ro­nes, siem­pre han sido una im­po­si­ción no sólo para las mu­je­res sino tam­bién al res­to de los ciu­da­da­nos que no mi­li­tan en nin­gún par­ti­do.

Otro mito en torno a la pa­ri­dad es que es in­com­pa­ti­ble con el sis­te­ma de lis­tas abier­tas y/​o des­blo­quea­das, lo cual ca­re­ce de sen­ti­do. Cual­quie­ra sea el sis­te­ma de lis­ta, las can­di­da­tu­ras para los car­gos co­le­gia­dos se pre­sen­tan enu­me­ran­do a los can­di­da­tos y can­di­da­tas. En el caso de las lis­tas des­blo­quea­das, és­tas tam­bién de­be­rán es­tar in­te­gra­das por mu­je­res y hom­bres de for­ma al­ter­na, sin per­jui­cio de la po­si­bi­li­dad del elec­tor de se­lec­cio­nar a un o una can­di­da­to/​a como el de su pre­fe­ren­cia. Lo mis­mo en cuan­to a las lis­tas abier­tas. La pro­pues­ta de­be­rá enu­me­rar a las per­so­nas con ese mis­mo cri­te­rio (mu­jer-hom­bre) y los elec­to­res se­rán quie­nes ar­men sus pro­pias lis­tas (con la pa­ri­dad se ase­gu­ra que el 50% sean can­di­da­tas mu­je­res).

Se han opues­to tam­bién a la pa­ri­dad des­de el pen­sa­mien­to ideo­ló­gi­co li­be­ral, con­si­de­ran­do que es abier­ta­men­te an­ti­li­be­ral y que se debe lle­gar a don­de quie­ra sólo por mé­ri­to y ca­pa­ci­dad. Ade­más de todo lo di­cho an­te­rior­men­te, la pa­ri­dad lo que hace es LI­BE­RAR al 50% de la po­bla­ción de to­das las ex­clu­sio­nes y ba­rre­ras im­pues­tas por el sis­te­ma pa­triar­cal para ejer­cer una vida po­lí­ti­ca y de to­mar de­ci­sio­nes que afec­tan a la so­cie­dad que in­te­gra.

La Re­pú­bli­ca del Pa­ra­guay se cons­ti­tu­ye como un Es­ta­do So­cial de De­re­cho, en el que no sólo los de­re­chos es­tán ga­ran­ti­za­dos, ade­más el Es­ta­do asu­mió el de­ber de ha­cer que to­dos y to­das pue­dan dis­fru­tar de los su­yos. Por tan­to, es muy di­fí­cil sos­te­ner ra­zo­na­ble­men­te que el pro­yec­to va en con­tra de la li­ber­tad, cuan­do lo que bus­ca es jus­ta­men­te li­be­rar a las per­so­nas.

Ya no es po­si­ble se­guir ha­blan­do de li­ber­tad e igual­dad como tér­mi­nos in­com­pa­ti­bles. ¿Es po­si­ble una so­cie­dad li­bre y de­sigual a la vez? No, por­que si la mi­tad de la so­cie­dad ca­re­ce de las con­di­cio­nes mí­ni­mas de dig­ni­dad e igual­dad en el efec­ti­vo dis­fru­te de sus de­re­chos, es im­po­si­ble ha­blar de li­ber­tad, ni de esta mi­tad ni de la otra.

Fuen­te ima­gen de por­ta­da: http://​www.ca­de­na­gra­mon­te.cu/​ar­ticu­los/​ver/​76833:lo­gra-onu-pa­ri­dad-de-ge­ne­ro-en-al­tos-car­gos-por-vez-pri­me­ra

*Ma­ría del Pi­lar Aben­te: Abo­ga­da (Uni­ver­si­dad Na­cio­nal de Asun­ción). Es­pe­cia­lis­ta en De­re­cho Ad­mi­nis­tra­ti­vo (Uni­ver­si­dad de Bel­grano – Bue­nos Ai­res) y Más­ter en Ac­ción Po­lí­ti­ca en el Es­ta­do de De­re­cho (Uni­ver­si­da­des Fran­cis­co de Vi­to­ria y Rey Juan Car­los – Ma­drid). Do­cen­te Uni­ver­si­ta­ria.

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