Mucho sombrero y poco ganado

Por Dr. José Benitez.

En un artículo del 23 de febrero, hice referencia al fracaso de la elite paraguaya en contribuir de forma efectiva a la gestión de la pandemia. Unos días después, 35 gremios firmantes emitieron un comunicado en el que se congratularon por cómo sus actividades comerciales y productivas mitigaron el impacto de la pandemia, al mismo tiempo que apuntaron a delegar a la administración pública cualquier ineficiencia en la gestión de la crisis. 

Naturalmente, mi ego deseó que el comunicado haya sido una respuesta a mi texto, aunque probablemente se trata de una coincidencia. No obstante, entraré en el juego de responder para animar un debate. No quiero dejar pasar la oportunidad porque creo que el comunicado gremial no hizo más que validar mi previa hipótesis: la élite paraguaya ha fracasado en proponer soluciones en este contexto difícil y la pandemia sólo ha resaltado su incapacidad.

Como tantos otros textos que provienen de nuestra élite criolla, su comunicado fue un sinsentido. Estuvo cargado de frases impersonales que comprometen poco y a nadie. Por ejemplo, el vago “Entre todos podemos hacer que este sea un exitoso año clave para el Paraguay”. No hay dudas que entre todos podemos hacerlo, pero ¿qué significa realmente? ¿cuál es el camino que debemos seguir y por qué debemos seguirlo? Pocas frases más vacías existen en castellano.

El comunicado presentó otros destellos de “intelectualidad”. Ensayó clásicos diagnósticos tipo “el sector público, con una apuesta importante a la inversión pública contracíclica … no pudo sacudirse el lastre de una dinámica de años de ineficiencia, clientelismo y corrupción…”. Pregunto ¿qué persona razonable espera que un aparato burocrático incapaz de gestionar el día a día sin pandemia alguna, sea capaz de gestionar una crisis? Esta indignación, que no se sostiene a la más mínima crítica, me parece impropia de los considerados líderes de la industria. Los gremios conocen bien la problemática del aparato estatal, muchos la sufren, otros se benefician de ella y la mayoría hace la vista gorda. Sin embargo, esta experiencia no se ha manifestado en ninguna propuesta tangible. Decir que “Estamos en condiciones de reactivar sensiblemente la economía y recuperar el empleo perdido con la ayuda de los vientos favorables” no es una propuesta, es una expresión de deseo, vacía y que no se hará realidad hasta que varias instituciones, principalmente del sector privado, realicen acciones que nos acerquen a este deseo. 

Quienes no pasaron el examen fueron los ‘politiqueros’, quienes encerrados en un micro clima fueron los artífices de esa inercia para preservar vergonzosos privilegios, clientelismo, negociados y corrupción”. Un mero recitar de verdades conocidas, casi una penitencia. Me atrevo a preguntar ¿negociados con quién? El clientelismo requiere clientes y tenemos arraigada la idea de amigos que puedan acelerar procesos. El negociado requiere un proponente, y las licitaciones amañadas son la norma. La corrupción requiere un corruptor y el inspector de tránsito rara vez tiene dificultad para conseguir una coima. Es decir, ¿no es la industria parte de los negociados que supuestamente denuncia?

“La mayor parte de la responsabilidad de este mediano impacto recayó sobre un sector privado que, desde los distintos campos de trabajo, aportó lo suyo con un sostenimiento del empleo en todo cuanto fue posible, incluso un leve crecimiento en algunas áreas.” En gran medida, la responsabilidad del bienestar económico en la coyuntura ha recaído en las generaciones futuras, con lo cual referirse al “sector privado” es un engaño. Ignorar esta realidad es muestra de un profundo egoísmo y una ofensa a los más fundamentales ideales sobre los cuales se sostiene una República. Pytyvö inyectó 352 millones de dólares, obtenidos de bonos soberanos, transferidos a billeteras digitales de los beneficiarios, para luego ser gastado íntegramente en negocios de venta al detalle formal. Ese dinero fue, a efectos prácticos, un subsidio directo a los que comercian con la canasta básica familiar, e indirecto a los demás gremios firmantes del comunicado. Pero, no hay reconocimiento de este hecho, porque el subsidio es ‘malo’… excepto si lo recibo ‘yo’. Creo que la realidad de la inyección de recursos vía programas sociales y endeudamiento público amerita una profunda introspección gremial. En muchos casos, miembros de la élite más ‘elevada’, en verdad se beneficiaron del endeudamiento general que creció durante la pandemia.

No quiero dejar pasar la oportunidad porque creo que el comunicado gremial no hizo más que validar mi previa hipótesis: la élite paraguaya ha fracasado en proponer soluciones en este contexto difícil y la pandemia sólo ha resaltado su incapacidad.

La élite paraguaya sufre de un severo caso de disonancia cognitiva. Hacen notar que la administración pública es corrupta mientras dan a entender que los proveedores del estado son incorruptibles. Es necesaria una explicación para esta imposibilidad práctica. Es más, estos señores hacen notar constantemente que la administración pública es incapaz de gestión, lo cual es un problema histórico y obvio. Sin embargo, en estos gremios también dicen estar las personas que, en repetidas ocasiones, nos hacen saber que son expertos en gestión. Me pregunto, ¿los gerentes privados se quejarán eternamente de la ineficiencia pública, o llegará un momento donde tomarán cartas en el asunto y se jugarán a participar en el arreglo de los problemas?  

Es fundamental que los miembros de la élite paraguaya tomen conciencia que no es el momento de sacar comunicados vacíos, ni de contribuir a la confusión con ideas vagas y sin compromiso. Es una oportunidad única para que nuestras élites propongan ideas claras, fundamentadas en su autodeclarado conocimiento y experiencia práctica para proponer reformas concretas. De otra manera, estos comunicados vacíos pueden dar a pensar que los gremios productivos son irrelevantes en el discurso político paraguayo y que, en realidad, buscan activamente mantener al estado ineficiente y corrupto.

Ilustración de portada: Yuki Yshizuka

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