
Por Pablo Daniel Magee*
Todo empezó cuando seguí al Dr. Martín Almada a Chile, en el marco de mi investigación sobre el Operativo Cóndor en América Latina. Después de la ceremonia en la cual le dieron la llave de la Ciudad de Santiago por su aporte fundamental a la causa de derechos humanos en el continente, nos escapamos a una quinta lejana, en el medio de la nada. Disfrutando de un asado y de un rico plato de poroto, Martín me preguntó sobre mi investigación y me contó de una visión que tenía: “sueño con irme al cielo para encontrar al General Stroessner y preguntarle por qué hizo lo que hizo”, me dijo. Un poco sorprendido por semejante idea de parte de una persona tan cartesiana como él, no le hice mucho caso y estaba por seguir la conversación cuando insistió, agregando: “y Stroessner me pediría una Coca-Cola, ¡seguro!”, y se rió.
