
Por Hanna Saffi*
En La Chacarita, una buena parte de los niños está fuera del sistema educativo. Para paliar esa emergencia, la Asociación Nido de Niños habilitó un comedor en la zona, específicamente en el Parque Bernardino Caballero. Allí alimentan a unos 96 niños del barrio y hacen lo posible por ofrecer refuerzo escolar. De esos 96, una señora que trabaja en la Asociación nos contó que cerca del 25% no asiste a la escuela.
Los motivos son varios. Algunos padres dejan de enviarlos a clases porque los necesitan trabajando o no llegan a cubrir los gastos escolares. Otros niños se desmotivan, tienen poco apoyo en casa y nadie los obliga a volver. También están quienes fueron expulsados por problemas de conducta y, según relatan quienes trabajan en la comunidad, encuentran enormes dificultades para ser aceptados nuevamente en otra institución educativa. Un niño que todavía no llega a la adolescencia ya tiene puertas cerradas hacia su futuro.
Ese 25% del comedor que no asiste a la escuela no es un caso aislado. Es el reflejo local de un número nacional. En Paraguay hay unos 457.000 niños de cinco a 17 años fuera del sistema educativo, según el Ministerio de Educación y Ciencias (MEC) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Uno de cada cuatro.
Detrás de cada número hay una historia parecida. Pobreza. Hogares donde falta el dinero para lo básico. Padres que trabajan todo el día y no tienen quién acompañe a sus hijos. La escuela, en esas circunstancias, se vuelve intermitente. Un día van, tres no. Hasta que dejar de ir parece lo normal.
Por eso la pregunta no debería ser únicamente por qué un niño abandonó la escuela, sino qué ocurre después. ¿Cómo hacemos para que no pierda las ganas de aprender? Y si ya las perdió, ¿cómo lo motivamos a volver? Si un niño queda definitivamente fuera del sistema educativo, el problema deja de ser individual y pasa a ser colectivo.
Frente a estas preguntas, decidí actuar desde donde ya venía trabajando. Fundé Booky en 2021 para promover la lectura, la cultura y el aprendizaje en el país. Empezamos durante la pandemia, con sesiones por Zoom. Nos juntábamos en grupos de 20 o más a comentar libros, música y arte, y cada semana avanzábamos juntos la lectura de una misma obra. Desde esta organización, impulsamos el programa Booky Cultura y Paz, para colaborar con revertir la realidad de niños que abandonan la escuela por barreras que no eligieron. El aprendizaje es el camino más digno para salir adelante. Llevarlo hasta estos niños lo asumimos como necesidad.
En alianza con Nido de Niños, el comedor mencionado al inicio, el objetivo es sencillo. Acompañar a los que enfrentan mayores barreras para sostener su educación. Durante ocho semanas, junto a un grupo de voluntarios comprometidos y con el apoyo de Projects for Peace —un programa estadounidense que financia iniciativas de paz lideradas por jóvenes—, trabajamos la comprensión lectora, el razonamiento lógico y el desarrollo de su voz e identidad. No buscamos reemplazar a la escuela ni resolver un problema estructural que requiere políticas públicas. Buscamos que esos niños no pierdan la curiosidad, la confianza y el deseo de seguir aprendiendo.
Ese 25% del comedor que no asiste a la escuela no es un caso aislado. Es el reflejo local de un número nacional. En Paraguay hay unos 457.000 niños de cinco a 17 años fuera del sistema educativo
Ningún cambio tan grande se puede dar de un día para el otro. Quizás estos niños no lo noten hoy, ni dentro de un año. Pero aspiramos a que a mediano plazo logremos efectos positivos. Sembrar la curiosidad puede ser un gran inicio, para que no se desanimen y persigan siempre la educación.
No vamos a resolver solos un problema de 457.000 niños. Pero cada historia cuenta. Por eso trabajamos así: una historia a la vez, una vida a la vez.
* Fundadora de Booky Club, que promueve la lectura y la cultura en Paraguay.
Imagen de portada: BOOKY Cultural Organization
