Economía

Por qué suspender el pago de la deuda externa nunca debió ser una opción


Jor­ge Ga­ri­co­che*.

La pan­de­mia ha obli­ga­do a los paí­ses a to­mar de­ci­sio­nes drás­ti­cas para com­ba­tir­la. Esto ha traí­do pro­fun­das con­se­cuen­cias eco­nó­mi­cas a ni­vel glo­bal en este pri­mer se­mes­tre del año 2020. Ha­cer­les fren­te en ma­te­ria sa­ni­ta­ria, so­cial y eco­nó­mi­ca re­quie­re de re­cur­sos para fi­nan­ciar los pla­nes. En Pa­ra­guay se con­si­de­ra­ron va­rias for­mas de con­tri­buir a la ob­ten­ción de esos re­cur­sos. Una de ellas fue la sus­pen­sión del pago de la deu­da pú­bli­ca ex­ter­na co­rres­pon­dien­tes al año 2020.

El pro­yec­to de Ley “De sus­pen­sión de pago de la deu­da pú­bli­ca” pre­sen­ta­do por el se­na­dor li­be­ral Víc­tor Ríos ob­tu­vo el re­cha­zo del se­na­do el día vier­nes 26 de ju­nio. En este ar­tícu­lo, por un lado, ex­pli­co  al­gu­nas de las im­pli­can­cias que hu­bie­ra te­ni­do para el país sus­pen­der el pago de los ven­ci­mien­tos de deu­da pú­bli­ca ex­ter­na. Para esta ta­rea me val­go de dos ele­men­tos. El pri­me­ro es la cláu­su­la “cross de­fault” del “Of­fe­ring Me­mo­ran­dum”. Y el se­gun­do es un cálcu­lo arit­mé­ti­co sim­ple en­tre el aho­rro que se ge­ne­ra al no pa­gar el ser­vi­cio de la deu­da y los cos­tos que po­dría sig­ni­fi­car esta me­di­da. Por el otro, en­sa­yo al­gu­nas al­ter­na­ti­vas que po­drían con­tem­plar­se para ob­te­ner re­cur­sos en este con­tex­to.

La Deu­da Pú­bli­ca del Pa­ra­guay se com­po­ne de deu­das con di­ver­sos or­ga­nis­mos mul­ti­la­te­ra­les como el Ban­co In­ter­ame­ri­cano de Desa­rro­llo (BID), el Ban­co Mun­dial (BM), el Ban­co de Desa­rro­llo de Amé­ri­ca La­ti­na (CAF) y otros. Así tam­bién, con or­ga­nis­mos bi­la­te­ra­les como la Agen­cia de los Es­ta­dos Uni­dos para el Desa­rro­llo In­ter­na­cio­nal (USAID) y la Agen­cia de Coope­ra­ción In­ter­na­cio­nal de Ja­pón (JICA). A la lis­ta de acree­do­res se su­man el Ban­co Cen­tral del Pa­ra­guay (BCP) y los bo­nis­tas, que son los te­ne­do­res de tí­tu­los deu­da pú­bli­ca a par­tir de emi­sio­nes en el mer­ca­do lo­cal y en el mer­ca­do in­ter­na­cio­nal.  Si bien es cier­to que to­mar deu­da tie­ne ven­ta­jas para un Es­ta­do, tam­bién aca­rrea va­rias res­pon­sa­bi­li­da­des. Y he aquí por qué la sus­pen­sión de pa­gos no es para nada sim­ple.

En re­la­ción al pri­mer ele­men­to, cabe men­cio­nar que para toda emi­sión de bo­nos se ofre­ce, a po­ten­cia­les in­ver­so­res, un do­cu­men­to le­gal de­no­mi­na­do “Of­fe­ring Me­mo­ran­dum”, tam­bién co­no­ci­do como “Pros­pec­to del Bono”, con in­for­ma­ción ve­raz so­bre la eco­no­mía y las fi­nan­zas pú­bli­cas del país emi­sor de deu­da. De este do­cu­men­to se des­pren­de una sec­ción don­de se des­cri­be el mon­to de emi­sión, las fe­chas de amor­ti­za­ción del ca­pi­tal, la tasa de in­te­rés y la pe­rio­di­ci­dad del pago. Ade­más, se re­su­men las obli­ga­cio­nes con­trac­tua­les (In­den­tu­re). En­tre esas obli­ga­cio­nes se des­ta­ca la cláu­su­la de “Even­tos de De­fault”, don­de se asien­ta el sig­ni­fi­ca­do de ce­sa­ción de pa­gos y al­gu­nas im­pli­can­cias como el “Cross De­fault”.

El cross de­fault (in­cum­pli­mien­to cru­za­do) se cons­ti­tu­ye cuan­do el Pa­ra­guay in­cum­ple cual­quier pago de la Deu­da Pú­bli­ca Ex­ter­na en un mon­to ma­yor o igual a USD 25.000.000 (o equi­va­len­te en otras mo­ne­das). Des­de ese mo­men­to, cual­quie­ra de sus acree­do­res pue­de ini­ciar el pro­ce­so de pe­dir la de­vo­lu­ción de su prés­ta­mo de for­ma in­me­dia­ta.

En­ton­ces, Pa­ra­guay cae­ría en de­fault en to­das sus obli­ga­cio­nes si no paga al­gún ser­vi­cio de la deu­da pú­bli­ca ex­ter­na ma­yor o igual al mon­to de re­fe­ren­cia. Por ejem­plo, si Pa­ra­guay debe pa­gar al­gún ser­vi­cio del Bono So­be­rano con ven­ci­mien­to en el año 2027 y no cum­ple, no solo que­da­ría en in­cum­pli­mien­to con los te­ne­do­res de es­tos bo­nos, sino que tam­bién se lo con­si­de­ra­ría en de­fault con to­dos sus acree­do­res. En con­se­cuen­cia, de ma­ne­ra in­me­dia­ta, se obli­ga­ría el pago an­ti­ci­pa­do de to­dos los bo­nos so­be­ra­nos, los ban­cos mul­ti­la­te­ra­les sus­pen­de­rían au­to­má­ti­ca­men­te sus des­em­bol­sos y los prés­ta­mos para el país que se en­cuen­tren en eva­lua­ción, se­rían sus­pen­di­dos. Ade­más, la ca­li­fi­ca­ción de ries­go del Pa­ra­guay cae­ría a un ni­vel de  repu­tación que se­ría muy di­fí­cil de le­van­tar, lo que nue­va­men­te nos atra­sa­ría dé­ca­das para al­can­zar el gra­do de in­ver­sión.  Lle­gar a un gra­do de in­ver­sión es im­por­tan­te, pues con­sis­te en la cla­si­fi­ca­ción que agen­cias ca­li­fi­ca­do­ras de ries­go cre­di­ti­cio como Fitch Ra­tings, Stan­dard & Poo­r’s y Mood­y’s otor­gan a los paí­ses, eva­luan­do la ca­pa­ci­dad que es­tas tie­nen de cum­plir con sus com­pro­mi­sos fi­nan­cie­ros. Es de­cir, al ob­te­ner el gra­do de in­ver­sión, gru­pos in­ter­na­cio­na­les se ven más in­cli­na­dos a con­si­de­rar un país como al­ter­na­ti­va para sus ne­go­cios, con lo cual fa­vo­re­ce a la eco­no­mía.

En el grá­fi­co 1 se pue­de ob­ser­var la evo­lu­ción de la ca­li­fi­ca­ción cre­di­ti­cia de Pa­ra­guay. En el eje ver­ti­cal se tie­ne la ca­li­fi­ca­ción de ries­gos y en el eje ho­ri­zon­tal la evo­lu­ción en el tiem­po. Cuan­to más arri­ba se en­cuen­tre la ca­li­fi­ca­ción es me­jor y se es­pe­ra que esta me­jo­ría re­per­cu­ta en una tasa de in­te­rés más baja. Se con­si­de­ra gra­do de in­ver­sión como mí­ni­mo a la nota BBB-. Pue­de ver­se la evo­lu­ción de Pa­ra­guay en­tre 2006 y 2019, al­can­zan­do una ca­li­fi­ca­ción de BB+.

Grá­fi­co 1. Eva­lua­ción de la cla­si­fi­ca­ción cre­di­ti­cia de Pa­ra­guay para el pe­rio­do 2006-2019

Fuente: Subsecretaría de Estado de Economía

En el grá­fi­co 2, con da­tos del año 2018, se ve­ri­fi­ca que Pa­ra­guay ob­tu­vo fi­nan­cia­mien­to para un pla­zo de 10 años con ta­sas cer­ca­nas a paí­ses con ca­li­fi­ca­ción de gra­do de in­ver­sión como Uru­guay y Chi­le. Es de­cir, Pa­ra­guay ha lo­gra­do me­jo­rar las ta­sas de fi­nan­cia­mien­to dada su me­jo­ra en la per­cep­ción del ries­go. Por tan­to, una sus­pen­sión de pa­gos de ser­vi­cios de deu­da aca­rrea­ría como con­se­cuen­cia la fal­ta de ac­ce­so al cré­di­to o a ta­sas fa­vo­ra­bles como las que tie­ne hoy, no solo para el es­ta­do, sino tam­bién para las em­pre­sas cons­ti­tui­das en el país que bus­quen fi­nan­cia­ción en el ex­tran­je­ro

Grá­fi­co 2. Re­la­ción en­tre la ca­li­fi­ca­ción de ries­go y la tasa de prés­ta­mo

Fuente: Elaboración propia con datos de emisiones soberanas a Junio de 2018.

El se­gun­do ele­men­to que que­ría abor­dar en el ar­tícu­lo re­fie­re al cálcu­lo arit­mé­ti­co sim­ple en­tre el aho­rro que se ge­ne­ra­ría al no pa­gar la deu­da y los cos­tos de la me­di­da.  Un poco más de USD 700 mi­llo­nes es lo pre­su­pues­ta­do para el pago del ser­vi­cio de la deu­da en el año 2020, de los cua­les USD 574 mi­llo­nes es para el ser­vi­cio de la Deu­da Pú­bli­ca Ex­ter­na. A abril del 2020, se­gún da­tos del BCP, ya se pagó cer­ca de USD 200 mi­llo­nes. Una ley que obli­gue la sus­pen­sión de pa­gos de la deu­da per­mi­ti­rá “aho­rrar” al­re­de­dor de USD 374 mi­llo­nes y al mis­mo tiem­po ge­ne­ra­ría una obli­ga­ción de al me­nos USD 9.000 mi­llo­nes por la cláu­su­la Cross De­fault. Es de­cir, el neto de nues­tro “aho­rro” se­ría USD -8.626 mi­llo­nes. Todo esto sin con­si­de­rar des­em­bol­sos de or­ga­nis­mos mul­ti­la­te­ra­les que de­ja­re­mos de re­ci­bir para pro­yec­tos que po­drían ser­vir para la reac­ti­va­ción eco­nó­mi­ca.

Ana­li­zan­do una sola cláu­su­la de la des­crip­ción de los bo­nos y ha­cien­do una arit­mé­ti­ca muy bá­si­ca, se pue­de con­cluir que esta pro­pues­ta nun­ca tuvo que ha­ber sido con­si­de­ra­da por el enor­me ries­go que re­pre­sen­ta para el país. Te­ner a in­ver­so­res for­man­do fi­las y pi­dien­do re­cu­pe­rar sus USD 9.000 mi­llo­nes será el me­nor de los cos­tos, ya que tam­bién nos es­ta­ría­mos ex­po­nien­do al de­rrum­be de nues­tra pru­den­te, y has­ta aquí muy cohe­ren­te, po­lí­ti­ca eco­nó­mi­ca.

La Deuda Pública del Paraguay se compone de deudas con diversos organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial (BM), el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF) y otros. Así también, con organismos bilaterales como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA). A la lista de acreedores se suman el Banco Central del Paraguay (BCP) y los bonistas, que son los tenedores de títulos deuda pública a partir de emisiones en el mercado local y en el mercado internacional.  Si bien es cierto que tomar deuda tiene ventajas para un Estado, también acarrea varias responsabilidades.

Por úl­ti­mo, si qui­sié­ra­mos ob­te­ner re­cur­sos para fi­nan­ciar los pro­gra­mas de re­cu­pe­ra­ción y los pla­nes de desa­rro­llo de­be­ría­mos con­si­de­rar otras pro­pues­tas como la ven­ta de va­lio­sos te­rre­nos en ma­nos de la ad­mi­nis­tra­ción cen­tral (y tam­bién mu­ni­ci­pal), el des­pren­di­mien­to de Ca­ñas Pa­ra­gua­yas S.A. (CA­PA­SA) don­de el es­ta­do es ac­cio­nis­ta, y la ge­ne­ra­ción de in­gre­sos por me­dio del ca­non de con­ce­sio­nes y/​o alian­zas con el sec­tor pri­va­dos. En­tre ellos se po­dría con­tem­plar el Ae­ro­puer­to Sil­vio Pet­ti­ros­si, los puer­tos flu­via­les pú­bli­cos y pa­sos fron­te­ri­zos de la Ad­mi­nis­tra­ción Na­cio­nal de Na­ve­ga­ción y Puer­tos (ANNP).

*Con­sul­tor e In­ves­ti­ga­dor del Área de Eco­no­mía de In­ves­ti­ga­ción para el Desa­rro­llo. Pro­fe­sor de la Fa­cul­tad de Eco­no­mía, UNA.

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